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Hallarse perdido ... perdido y hallarse

fabian | 03 Novembre, 2005 15:36

Mitsumasa Anno

Mitsumasa Anno, nacido en 1926 en Japón fue Premio Andersen de Ilustración en el año 1984. Se graduó como maestro y ejerció durante diez años la docencia en una escuela primaria. Luego se lanzó como ilustrador.
Realizó un viaje a Europa y a Estados Unidos. Lo cuenta en varios libros que no tienen palabras sino sólo ilustraciones. Están editados por la Editorial Juventud, de la que extraigo esta información así como las imágenes.

Al final del viaje dice lo siguiente:

Cuando un hombre pierde su camino, con frecuencia se encuentra a sí mismo o descubre algún inesperado tesoro. Al término de mi viaje, me di cuenta de que no había salido en busca de información, sino para extraviarme...

¡Vaya frase interesante! Primero porque es un descubrimiento que se hace cuando el viaje termina o ha terminado. Segundo porque al preguntarse ¿Qué buscaba? descubre que realmente no era información, sino ... extraviarse, perder el camino. Y tercero porque dice que precisamente es al perder el camino, al extraviarnos, cuando "con frecuencia (uno) se encuentra a sí mismo o descubre algún inesperado tesoro"

Realmente no buscamos información, buscamos perdernos en esa búsqueda, porque es entonces, al hallarnos perdidos, cuando realmente encontramos algo que vale la pena.

Me parece que vale la pena durante unos pocos minutos contemplar los dibujos de Mitsumasa Anno y leer algunas de sus reflexiones.

Editorial Juventud

Seguí el camino sin mirar adonde me conducía: colinas arriba y colinas abajo, a través de ríos y de campos que se convertían en inmensos espacios abiertos... por doquier hallé bosques y corrientes; en los bosques había ciervos y en los ríos nadaban truchas. Al final del camino siempre había un grupo de casas formando un pueblo, y en cada pueblo había calles que llevaban desde los comercios hasta las plazas y plazoletas, a través de camposantos y jardines, hasta iglesias y catedrales. Una ciudad tenía un castillo en medio, y otro castillo formaba por sí solo una ciudad. Todo ello me proporcionó una imagen del país, y cada cosa reflejaba la vida de aquella ciudad, de aquellas tierras.
Fui de ciudad en ciudad, de un país a otro, y a veces el viaje me resultaba duro, pero era justamente entonces cuando obtenía la recompensa. Cuando un hombre pierde su camino, con frecuencia se encuentra a sí mismo o descubre algún inesperado tesoro. Al término de mi viaje, me di cuenta de que no había salido en busca de información, sino para extraviarme... y conocer el mundo que vosotros conoceréis en este libro.

Europa del Norte Editorial Juventud

En sus viajes, a Mitsumasa Anno le han preguntado en más de una ocasión: "¿Cómo es que usted, un japonés, puede comprender la Europa en los días dorados, cuando aún no había coches en las calles?" Anno responde contando la anécdota de la ceremonia de boda a la que asistió cerca de Füssen, en la Alemania Occidental: "Identifiqué fácilmente a la novia, al novio y a sus padres, así como a la madrina y al padrino de boda. Reconocí enseguida a la madre de la novia porque se estaba secando las lágrimas. Aunque la lengua, las letras y las costumbres difieren en Europa de las de Japón, no hay ninguna diferencia en nuestros corazones cuando vertimos lágrimas al separarnos. ¡Qué pequeñas se ven entonces las diferencias de las formas! Las leyes físicas y naturales son universales, así como los modos de vida de las plantas y los animales en el mundo entero. Entre todos nosotros hay muchas más cosas comunes que diferentes. Viendo un día ponerse el sol en Europa, recordé que solo hay un sol en el mundo y que es el mismo, no importa desde donde lo veamos. Aunque es difícil para mí entender los idiomas europeos, entiendo los corazones europeos.

Mitsumasa Anno

Es una delicia visitar estas páginas web que Editorial Juventud tiene publicadas sobre Mitsumasa Anno. Es una delicia por los dibujos y, también, por las breves anotaciones que en ellas se encuentran.

Este artículo fuel publicado el 24 de noviembre del 2004 en Reflejos.

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