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Todos los Santos y los difuntos

fabian | 28 Octubre, 2005 18:34

Las fiestas se huelen. Desde hace muy pocos días estamos en el instituto deseando que llegue este fin de semana que nos proporcionará unos pocos días vacacionales. El martes es fiesta: Todos los Santos, día en que no hace muchos años, nos vestíamos de invierno ya que había que sacar los abrigos. Día también de dulces ya que se solía regalar a los niños un "rosario": dulces ensartados por una cuerda fina que se disfrutaba entre todos. Día también de flores.

El recuerdo de quienes nos precedieron está presente en todas las culturas. La gente, en estos días de anochecer temprano, visita los cementerios, enciende una llama en su memoria. Tradiciones antiguas de carácter familiar. Para algunos son días melancólicos en que las lágrimas afloran con facilidad. Todos tenemos familiares ya fallecidos.

Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: «Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.» Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.

[...]

Entré. Era una sala muy clara, blanqueada a la cal, con techo de vidrio. Estaba amueblada con sillas y caballetes en forma de X. En el centro de la sala, dos caballetes sostenían un féretro cerrado con la tapa. Sólo se veían los tornillos relucientes, hundidos apenas, destacándose sobre las tapas pintadas de nogalina. Junto al féretro estaba una enfermera árabe, con blusa blanca y un pañuelo de color vivo en la cabeza.

En ese momento el portero entró por detrás de mí. Debió de haber corrido. Tartamudeó un poco: «La hemos tapado, pero voy a destornillar el cajón para que usted pueda verla.» Se aproximaba al féretro cuando lo paré. Me dijo: «¿No quiere usted?» Respondí: «No.» Se detuvo, y yo estaba molesto porque sentía que no debí haber dicho esto. Al cabo de un instante me miró y me preguntó: «¿Por qué?», pero sin reproche, como si estuviera informándose. Dije: «No sé.» Entonces, retorciendo el bigote blanco, declaró, sin mirarme: «Comprendo.» Tenía ojos hermosos, azul claro, y la tez un poco roja. Me dio una silla y se sentó también, un poco a mis espaldas. La enfermera se levantó y se dirigió hacia la salida.

Albert Camus: El extranjero

Buscaba en mi memoria algún texto en que estuviera presente algún cementerio. Me he acordado de dos. Uno está en la estepa de los Urales: la muerte de la madre del Doctor Zhivago de Pasternack. El otro está en Argel y corresponde a la madre de este extraño ser, Meursault, el extraño, el extranjero, quien no tiene lazos emocionales con su entorno. En elaleph he encontrado un más que interesante foro sobre esta figura.

Bien, el hecho está en que esta festividad es exclusivamente de tipo familiar y está abandonada por las instituciones al tiempo que la escuela y la publicidad se decantan por la celebración del Halloween, fiesta ajena a nuestra tradición. Así que pedí a mis alumnos de 12 años una redacción titulada: "El recuerdo de quienes nos han precedido" y en estos dos días de clase, ayer y hoy, las han leído en el aula.

La experiencia ha sido emotiva y muy interesante. La mayoría recuerdan a algún bisabuelo muerto recientemente. Una niña, a su padre que murió el año pasado. Otro a un hermanito que murió siendo bebé antes de que él naciera. El hecho está en que mientras las redacciones se leían, un silencio denso y relajante se vivía en la clase, hasta el punto que, esta mañana, un grupo de alumnos que celebraba el Halloween ha irrumpido interrumpiendo la lectura y han sido los mismos alumnos quienes les han pedido que se marcharan y que nos dejaran continuar.

Ahora medito que no hubiera estado de más encender una candela en memoria de todos los familiares nombrados en las redacciones y, con ello, establecer un rito en memoria de cuantos nos antecedieron.

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