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Perdido en un claustro como en un libro

fabian | 27 Octubre, 2005 20:30

Una iglesia, un monasterio ... Los ventanales, altos, policromados, dejan al lado un pequeño jardín cerrado por galerías abiertas hacia él. En su centro un pozo; en un lado un ciprés y en el otro un naranjo. Ambiente extraño bajo los arcos. No es silencio. Unos niños jugaban a tirarse una pelota; en un banco una persona leía mientras Margarita y yo recorríamos una de las galerías observando arcos y capiteles. Ahora, al escribir estas líneas pienso en los niños que jugaban. Tendrán un hermoso recuerdo de su infancia. No serán niños de la calle sino niños de un claustro. Imagino monjes con sus hábitos y capuchas paseando. Lectura de la Biblia o de un breviario, conversaciones profundas, quizás santas... Yo hubiera querido tener un claustro en casa. No me ha sido posible.

claustro
Claustro de San Francisco

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas al cielo con tu lanza

Recitaba el poema de Gerardo Diego, El ciprés de Silos. "Hoy llegó a ti, peregrina al azar, mi alma sin dueño".

Cuando te vi, severo, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales.

Pero no quería poner este conocidísimo soneto, por lo que he escrito en el Google "claustro, ciprés, naranjo" y se me ha hecho tardísimo leyendo multitud de poemas en los que aparecía alguna de esas palabras, pero que no me satisfacían. Hasta que he encontrado uno muy breve e interesante. La palabra "claustro" significa "cerrado". Cuando leemos un libro que nos interesa mucho decimos que estamos encerrados en un frasco: "enfrascado en la lectura". No sé si la relación es algo artificial, pero también hay otra. El ambiente de un claustro es extraño a la ciudad. Es un rincón diferente, ajeno, poco común. Al pasar de la ciudad al claustro hay un choque, un cambio radical en el que uno puede sentirse perdido.

¿Ocurre algo semejante al abrir un libro? Entramos también en otro ambiente - cerrado en su contorno y, quizás, abierto también al cielo -:

¿Y ahora qué?

¿Y ahora qué, lector?
Solos tú y yo,
desconocidos.
Unidos por un libro
en el que no sé qué buscas
en el que yo ando perdido.

Fuente: Antonio Pérez Morte (pdf, pág. 49)

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