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El final del bergantín goleta Conchita

fabian | 30 Abril, 2009 16:30

Herschel

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El cuadernillo tenía el mismo tamaño que las páginas del periódico que lo editaba, el ABC. Un acuerdo con la UNESCO fructificaba trimestralmente en esos cuadernillos en los que aparecían ya los poemas de Pablo Neruda o algún cuento de Cortázar. No amplias novelas, pero sí cuentos cortos como aquel, que tras muchos años, aún perdura en mi recuerdo. Contaba una historia de amor entre el capitán de un barco y una libanesa, pero esta historia de amor era secundaria pues la que verdaderamente prevalecía era la del amor del narrador hacia un barco. El autor: Álvaro Mutis; el cuento "La última escala del Tramp Steamer". El narrador cuenta las tres ocasiones en que vio este carguero, poderoso, atravesando océanos en San Petersburgo, cuando recibía el nombre de Tramp Steamer; ya menos poderoso en navegaciones costeras, con el nombre de Alción, "con lentitud de saurio mal herido" o ya en sus últimas navegaciones fluviales por el Orinoco, deshecho, con sus costados llenos de pringosas huellas de óxido y el último alarido de sus renqueantes máquinas.

Otra historia, aunque ésta verídica, acaba con los huesos de la que fue una goleta centenaria de hermosa arboladura como decorado de un restaurante de Ibiza llamado "El Pirata". Bergantín goleta que fue construída en 1855 en Blanes y que fue de matrícula mallorquina, llamada Conchita. Atravesaba el Atlántico en sus primeros treinta años; luego, ya con el nombre Cortes y, años más tarde, en 1918, Hernan Cortes, es dedicada al transporte de mercancías entre puertos mediterráneos. En 1935 es convertida en motovelero y continúa sus labores de carga. Ya en los años del turismo, y ya centenaria, es comprada para convertirse en el Restaurante "El Pirata" en el puerto de Ibiza. En 1980, por problemas de flotabilidad, sus restos son hundidos cerca del cabo Nono.

Esta historia la cuenta Vida marítima en No fue un buen final para un tragavientos, donde comenta: "Su fin bajo el nombre de EL PIRATA es lo mas humillante que una obra de arte como esta puede sufrir; convertido en restaurante para turistas".

Conchita
El bergantín goleta Cortes o Conchita en el puerto de Sevilla

La historia del Conchita no sólo me ha recordado la narrada por Álvaro Mutis, sino también unas fotografías a blanco y negro que publicaba una revista sobre esos cementerios de buques de los que habla jonkepa en Enseñanzas Náuticas y que fotógrafos como Claudio Cambon o Sebastião Salgado fotografiaron en Bangla Desh y otros lugares del mundo.

¿Cuál puede ser un final honorable para un navío? Hundirse batallando con una tormenta, como el Thopaga o en un rápido fluvial como el Alcior que narra Álvaro Mutis o acabar desguazado o, como algunos veleros de las islas, ardiendo como una pira sobre el mar.

La vida del barco tiene alguna semejanza con la de los humanos. En los últimos años algunos navíos pasan su última temporada paseando niños, como los abueletes de nuestros parques, o convirtiéndose en museos que cuentan batallitas o en restaurantes de turistas. Posiblemente tristes o amargos finales para combatientes que debieron caer en la pelea por la debilidad de los años.

Interesante historia la que nos cuenta Vida marítima sobre el bergantín goleta Conchita o Cortes, de matrícula de Baleares desde 1885 que, tras ser en sus últimos años un restaurante para turistas, fue hundido en las aguas por las que navegó.

Comentaris

CONCHITA

VICENTE SANAHUJA | 01/05/2009, 14:17

CREO QUE SOY UN ROMANTICO EMPEDERNIDO, Y PARA MI UN BARCO DEBE MORIRSE LUCHANDO CONTRA LA MAR Y DANDO LA OPORTUNIDAD A SUS TRIPULANTES DE ELEGIR SU DESTINO. LA REALIDAD REAL ES OTRO MUNDO.
GRACIAS POR TUS COMENTARIOS Y FELICIDADES POR TU PAGINA WEB

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