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Mariano José de Larra, segundo centenario

fabian | 24 Març, 2009 17:52

Inconformista, crítico con la sociedad que le tocó vivir, periodista de enorme éxito, Mariano José de Larra en la noche del lunes de Carnaval se pega un tiro. Acababa de salir de su casa Dolores, de la que se había separado en 1834, la cual le indicó que no quería volver con él. ("¡Santo cielo! También otro cementerio. Mi corazón no es más que otro sepulcro. ¿Qué dice? Leamos. ¿Quién ha muerto en él? ¡Espantoso letrero! «¡Aquí yace la esperanza!» ")

Pero la vida y los escritos de Mariano José de Larra explican mucho más que un amor desairado. Son un retrato costumbrista de la España de la primera mitad del XIX y, también, un anhelo de una España diferente. Pero aún hay un algo más: el desencanto que esa nueva sociedad, que ese "mundo moderno" produce. Y quizás sea ese desencanto el que origina el letrero que dice «¡Aquí yace la esperanza!»

Afortunadamente podemos a través de Internet acceder a toda su obra, así como a estudios críticos sobre ella, en Mariano José de Larra (1809 - 1837) de la Cervantes Virtual.

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Mariano José de Larra

Pero ya anochecía, y también era hora de retiro para mí. Tendí una última ojeada sobre el vasto cementerio. Olía a muerte próxima. Los perros ladraban con aquel aullido prolongado, intérprete de su instinto agorero; el gran coloso, la inmensa capital, toda ella se removía como un moribundo que tantea la ropa; entonces no vi más que un gran sepulcro: una inmensa lápida se disponía a cubrirle como una ancha tumba.
No había «aquí yace» todavía; el escultor no quería mentir; pero los nombres del difunto saltaban a la vista ya distintamente delineados.
«¡Fuera –exclamé– la horrible pesadilla, fuera! ¡Libertad! ¡Constitución! ¡Tres veces! ¡Opinión nacional! ¡Emigración! ¡Vergüenza! ¡Discordia!» Todas estas palabras parecían repetirme a un tiempo los últimos ecos del clamor general de las campanas del día de Difuntos de 1836.

Una nube sombría lo envolvió todo. Era la noche. El frío de la noche helaba mis venas. Quise salir violentamente del horrible cementerio. Quise refugiarme en mi propio corazón, lleno no ha mucho de vida, de ilusiones, de deseos.
¡Santo cielo! También otro cementerio. Mi corazón no es más que otro sepulcro. ¿Qué dice? Leamos. ¿Quién ha muerto en él? ¡Espantoso letrero! «¡Aquí yace la esperanza!»

¡Silencio, silencio!

Mariano José de Larra: El día de Difuntos de 1836

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