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El libro en tiempos de la globalización

fabian | 04 Octubre, 2005 16:24

Hubo un día en que un escritor argentino pronunció una conferencia titulada El libro en los tiempos de la globalización. Ese día queda ya muy lejano, era hacia finales de agosto de 2004. Yo me enteré de la conferencia, gracias al periódico La Nación del día 23 de agosto que publicaba unos párrafos de ella, pero no pude acceder a la conferencia completa.

Era hermosa:

En un rincón perdido del Museo Británico, en Londres, hay una minúscula tableta de arcilla en la que están grabados algunos versos sobre el diluvio. Esos versos, que pertenecen al poema babilónico "Gilgamesh", fueron escritos en caracteres cuneiformes hace más de cuatro mil trescientos años.

La tableta formaba parte de la biblioteca del rey Arsubanipal, una de las primeras de las que se tienen noticias. Los destellos de imaginación del ignoto autor de "Gilgamesh" iluminaban entonces sólo a un puñado de seres humanos: tal vez doscientos, tal vez mil.

En aquel vasto amanecer de la especie, la lectura era un saber mucho menos frecuente que los saberes de la agricultura y de la guerra. Las historias se perpetuaban a través de la voz de los rapsodas, que cantaban e improvisaban mientras los demás oían y modificaban lo que oían con los tañidos de su memoria. Salvo unos pocos relatos sobre reyes y guerreros que buscaban la eternidad, aquellas primitivas tablas de arcilla sólo servían para el comercio y para el registro de unos pocos hechos magnos: victorias, conquistas, ritos imperiales.

Quién sabe cuántos sistemas independientes de escritura eran entonces concebidos en otras latitudes. El número de los que han sobrevivido es cabalístico, siete, y todos ellos se originaron al oriente de Grecia, en Creta, en la Mesopotamia, en los valles del Nilo y del Indo, entre los grandes ríos de la China, en la meseta de Anatolia, en la antigua ciudad persa de Susa. La especie humana tardó aún dos milenios en anudar las palabras y establecer con ellas esa melodía que ahora conocemos como el libro.

En ese mes de agosto yo tenía dos bitácoras y en ambas publiqué un artículo con las palabras de Tomás Eloy Martínez, autor de la conferencia. Y tuve la suerte de, en una de ellas, Quaderns, copiar una amplia cita. Hoy, desidioso, sin saber bien qué hacer, me he acercado a ella. El enlace a la fuente ya no funciona puesto que ahora es de pago. "Gracias - me digo - que copié un fragmento". Es hermoso:

En su largo amanecer iletrado, la humanidad componía libros sin saberlo, voces, sucesiones de historias que se desplegaban en el espacio público: las plazas, los templos, las academias. No existía la noción de autor en el sentido en que la concebimos ahora: escribir, o crear era una tarea colectiva, una discusión, un diálogo como los que transcribió Platón. La Ilíada y la Odisea fueron la obra de muchos hombres o, si se quiere, de todos los Homero que trabajaron en ellas entre los siglos VIII y VI antes de la era actual. Cada copista de la Ilíada sumaba una línea o suprimía una escena, hasta que ese espacio móvil encontró su punto de fijeza, y lo mismo sucedió con los evangelios canónicos y con los apócrifos, con los textos de Confucio quemados por el primer emperador de la China y rehechos por la memoria de sus discípulos, y hasta con una novela célebre, la caudalosa y medieval Shui-hu-zhuan, o Al borde del agua, cuyos centenares de episodios podrían ser miles, cientos de miles, o uno solo.

grutesco

En el Google escribo "El paraíso y las bibliotecas" y me encuentro con que el artículo de La Nación, ahora inaccesible gratuitamente, se puede hallar en un par de webs que tuvieron la buena idea de copiarlo. Luego cambio las palabras del Google por "El libro en los tiempos de la globalización" y, en la primera dirección que me ofrece hallo el discurso completo en pdf.

Hace pocos meses fui a una sucursal de Borders, en East Brunswick, New Jersey. Es uno de esos vastos supermercados donde conviven los libros, los discos, los calendarios y las tarjetas de felicitación. Por lo general, Borders, Barnes and Noble y las cadenas de ese tipo -como Fnac en Francia y España- suelen vender algunos textos clásicos en ediciones accesibles. Lo que yo trataba de encontrar ese día era un ejemplar de The Most Excellent and Lamentable Tragedy of Romeo and Juliet en la versión anotada para escuelas secundarias. Fui a los estantes donde la semana anterior había conseguido para mi hija The Tragedy of Richard the Third y A Midsummer Night's Dream, del mismo autor, pero fracasé. Vi el libro que necesitaba en ediciones de obras completas que no me servían y me dirigí a la mesa de informaciones en procura de ayuda. Un empleado negligente se había refugiado allí con una revista deportiva. Le pedí que consultara en la computadora si quedaban ejemplares del libro en algún depósito y le di el título completo. La base de datos no lo tenía registrado. Le sugerí entonces que probara suerte con el título abreviado, Romeo and Juliet. Volvimos a fracasar. Tratemos por el nombre del autor, le dije. El empleado me miró con suprema indiferencia y preguntó: ¿Me puede deletrear el nombre? Parece un chiste patético. No lo es. A fines de mayo pasado, acudí al Fnac de Madrid para comprar una edición cualquiera del Buscón de Quevedo, el nombre familiar por el que conocemos la novela picaresca titulada La vida del buscón llamado don Pablos, de Francisco de Quevedo y Villegas. Le pregunté a una empleada que se retocaba el maquillaje: "¿Dónde puedo encontrar El Buscón de Quevedo?" El resultado fue todavía más desolador que en New Jersey. Fue a la computadora, revisó y no encontró dato alguno. "Veamos -me dijo la empleada, solícita-. Por el título que usted me da, esa novela no aparece. Tal vez la encontraremos más fácilmente si me da el nombre del autor".

Las batallas de estos tiempos de globalización no se libran ya para conquistar nuevos lectores o para crearlos, sino para que el mercado no los deseduque, para que los lectores no pierdan la costumbre de ver el libro como un modo de verse también a sí mismos. Junto con océanos de informaciones por procesar y de libros por leer, la globalización ha engendrado a la vez abismos de desigualdad que antes eran imposibles de imaginar, porque lo que se globaliza es el mercado, no las personas.

Tomás Eloy Martínez: El libro en tiempos de la globalización

Interesantísimo discurso.

Comentaris

Agradecimiento

Alexander | 31/03/2008, 03:13

Muchas gracias por el archivo de la conferencia.
Yo también la estaba buscando y tuve su misma experiencia al enfrentarme con Google, siendo usted ese "primer enlace" que me llevó a cumplir mi deseado objetivo.

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