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Suspiros de ... Itaca

fabian | 18 Setembre, 2005 09:39

La ciudad vivió amurallada durante siglos y milenios. En los siglos XVIII y XIX no debía ser infrecuente que algunos ciudadanos compraran "un hort" o zona de tierra no muy lejos de la ciudad donde construían una pequeña casa para pasar el verano. Todavía hoy en algunos barrios periféricos de Palma se pueden ver casas de una planta construidas en el siglo XIX (y posiblemente reformadas posteriormente). Con un burro y un carro la famila se debía trasladar a estas casitas atravesando las puertas de las murallas y el hombre podía a caballo acudir del trabajo a su casita "d'estiu" (de verano) cada día. Normalmente tenían estas casas una terracita y un pequeño huerto donde crecía algún árbol frutal.

Hoy la ciudad ha arrasado la mayoría de estas casitas. Algunas se transformaron a comienzos del siglo XX en casas con dos pisos manteniendo el pequeño patio. Otras lo hicieron años después, tirando lo existente y construyendo bloques de más de diez plantas. Todas conviven en un conjunto abigarrado que desea perder la memoria. En las casas más antiguas, poco cómodas y sin algunos de los adelantos básicos, se han instalado inmigrantes, personas venidas de diferentes partes del mundo.

La tarde estaba nubosa y el aire limpio. La primavera ya en toda su sazón aroma y las abiertas ventanas agradecían la luz que un sol ya declinado dejaba aún sobre las nubes. En esto, que en este pequeño patio interior suena una música del Mediterráneo oriental, ¿turca?, ¿griega? Las cuerdas de un instrumento acompañan a una voz varonil. La canción es melódica y tiene sones de melancolía. Al poco rato, esa voz se ha multiplicado. Ya no surgen de un aparato, sino de alguna habitación o sala de ventanas abiertas y suena un coro de voces próximas que cantan con añoranza y rabia. Los sones llegan hasta la estancia donde trabajo. Si bien sus palabras me son desconocidas, no lo es ni su tono ni su acento, ni el tema de su canto. Hablan de su Itaca, de su tierra lejana. Las varoniles voces adquieren un tono nostálgico, dolido. Su Itaca se está recreando en sus mentes y en sus sentimientos y en grupo, a través del canto, la están idealizando. Su sueño sería volver, regresar

Suspiros de Itaca

¡Cuánto dolor, cuánta nostalgia, cuánta morriña! Fueron muchos los mallorquines que tuvieron que emigrar de esta isla en busca de su supervivencia. En los años 50 y 60, cuando ya esta isla comenzaba un desarrollo que auguraba su prosperidad, aún muchos españoles trabajaban en Alemania, Francia, Suiza y gran parte de Sudamérica. Contaban que al oír los sones de una gaita, ya asturiana, ya gallega; al sentir la vibración de una jota, de un pasodoble, de una tonada andaluza, de un bolero ..., los ojos se les llenaban de lágrimas. Un pasodoble entonces reblandecía los corazones, era Suspiros de España

Yo estoy seguro que las voces que esta tarde he oído a través de mi ventana han aumentado su potencia al mismo tiempo que su corazón se llenaba de recuerdo. Eran sus suspiros, sus suspiros de Itaca.

Lleva a Itaca siempre en tu pensamiento,
llegar a ella es tu destino.
No apresures el viaje,
mejor que dure muchos años
y viejo seas cuando a ella llegues,
rico con lo que has ganado en el camino
sin esperar que Itaca te recompense.

A Itaca debes el maravilloso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
y ahora nada tiene para ofrecerte.
Si pobre la encuentras, Itaca no te engañó.
Hoy que eres sabio, y en experiencias rico,
comprendes qué significan las Itacas.

Konstandino Kavafis: Viaje a Itaca

Escrito por: Fabián on 22, May 2004 | 8:53 pm y publicado en Reflejos

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