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En el fondo de la fuente sueñan

fabian | 29 Agost, 2005 19:42

Día anodino el de hoy. Horas perdidas, vacías. Me quejo de la luz que me ciega cuando paseamos por la ciudad. Vacíos inexpresivos. Y ahora, a sol puesto, un aire más que fresco, frío, entra por la ventana. Día sin historia, como tantos y tantos.

Machado. Leo que la tarde que lentamente se pierde en el ocaso es la metáfora de la "vejez espiritual", de la melancolía, del recuerdo. Pero en la infancia del poeta, según sus recuerdos, hay una fuente con un pretil. Y un niño que estira sus brazos queriendo alcanzar el fondo. No llega.

fuente y claustro

Esta visión de un niño que estira sus brazos queriendo alcanzar el fondo de la fuente me es muy familiar. Cerca de la casa donde pasé mi niñez también había una fuente y yo también estiraba mis brazos ...

Pero Antonio Machado nos cuenta esta historia cuando ya es mayor, anciano. Y, mirando la fuente, se imagina a sí mismo cuando niño, queriendo alcanzar lo que hay en el fondo de la fuente. ¿Qué hay en ese fondo? Dice que son "frutos encantados", sueños, ilusiones ...

Todo el poema está en unas pocas palabras: esos frutos encantados que quiso alcanzar de niño, aún hoy siguen estando en el fondo de la fuente, inalcanzables.

Que tú me viste hundir mis manos puras
en el agua serena,
para alcanzar los frutos encantados
que hoy en el fondo de la fuente sueñan ...

Me impresiona esta imagen del anciano que se ve a sí mismo de niño intentando alcanzar lo que hay en el fondo de la fuente y que sigue estando ahí, inalcanzable siempre. ¿Llegamos alguna vez a cumplir lo que soñamos?

Es una tarde clara,
casi de primavera,
tibia tarde de marzo
que el hálito de abril cercano lleva;
y estoy solo, en el patio silencioso,
buscando una ilusión cándida y vieja:
alguna sombra sobre el blanco muro,
algún recuerdo, en el pretil de piedra
de la fuente dormida, o, en el aire,
algún vagar de túnica ligera.
En el ambiente de la tarde flota
ese aroma de ausencia,
que dice al alma luminosa: nunca,
y al corazón: espera.
Ese aroma que evoca los fantasmas
de las fragancias vírgenes y muertas.
Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara,
casi de primavera,
tarde sin flores, cuando me traías
el buen perfume de la hierbabuena,
y de la buena albahaca,
que tenía mi madre en sus macetas.
Que tú me viste hundir mis manos puras
en el agua serena,
para alcanzar los frutos encantados
que hoy en el fondo de la fuente sueñan ...
Si, te conozco, tarde alegre y clara,
casi de primavera.

Antonio Machado: Soledades

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