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Cambios meteorológicos

fabian | 08 Agost, 2005 19:12

A lo largo del paseo de la tarde me ha parecido que los niños pequeños, los bebés, estaban hoy alterados. Me he dado cuenta al llegar a casa y oír el llanto de algún niño vecino. Entonces me he percatado de que no era el primero que oía sino que habían sido tres o cuatro. Incluso Margarita ha mecido el cochecito de una pequeñaja rubia cuya madre ya estaba desesperada. Malestar de niños. Y es que el tiempo está cambiando. Ya nos prevenían los hombres del tiempo de que la ola de calor proveniente del sur llegaría a las islas. Y el hecho es que al caer la tarde unas nubes han oscurecido la luz y parecía que había anochecido.

Yo sí creo en que la meteorología afecta a la conducta humana. Unas horas antes de que llegue un frente; es decir, que haya un cambio barométrico grande, se producen extraños fenómenos. Las urgencias hospitalarias se llenan de gente, los esquizofrénicos oyen más voces extrañas que lo de costumbre y la gente andamos de mal humor. Parece que en esas horas previas se produce un cambio en los iones atmosféricos que afecta a nuestras conductas ... Todo esto antes de que se produzca el cambio atmosférico, el cual se mostrará horas más tarde.

S'Hort del Rei

No recuerdo quién fue que me contó lo de los iones empujados por el frente climatológico, pero le creí pues esta teoría confirmaba mis observaciones. Luego, cuando se producía un cambio de tiempo, consultaba los periódicos de los días anteriores y, efectivamente, ahí estaban algunas de las conductas extrañas: una mujer que había subido al Puig Major porque unas voces le avisaban de la llegada de marcianos, que tres turistas se habían tirado desde las ventanas del hotel, o que no sé cuál político había efectuado unas declaraciones prudentes. También indicaban la saturación de los servicios de urgencia hospitalarios. Pero todo ello en los dos o tres días anteriores al cambio climático, pues en cuanto el frente rebasaba la posición, ya la cantidad de iones era normal y, aunque el frente fuera lluvioso, la vida se tranquilizaba y las urgencias habían superado las puntas de asistencia.

Hoy pienso que, en otrora (me alegra poder utilizar esta palabra: otrora) también me hubiera valido la explicación de que algún dios se había enfadado. Los efectos hubieran sido los mismos: la reacción de la gente, los llantos de los niños. Ambas explicaciones pudieran ser permutables excepto en un punto importante. Ante los iones arrastrados por el frente no podemos hacer absolutamente nada; nuestra inoperancia es total. En cambio, ante el enojo de algún dios, podríamos hacer algo para aplacarlo, ya elevar una plegaria, rezar una oración o, incluso, llegar a un sacrificio. Seguro que cualquiera de estas acciones al poco tiempo harían algún efecto y todos quedaríamos contentos. Mientras que actualmente, con las explicaciones científicas no nos queda más que pagar y pagar para cumplir con los caprichos e intereses de las grandes industrias que mueven todo este cotarro.

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