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Las flores escondidas del camino

fabian | 24 Gener, 2007 19:57

En la pantalla del televisor aparecen sobre la blanqueada por la nieve playa de la Concha de San Sebastián unas figuras en bañador dispuestas a darse un buen baño. La primera vez que las vi me sorprendieron esas intemeratas figuras, pero hoy ya no; incluso me parecen cotidianas en el sentido de que todos los años en el día en que la nieve cubre la playa, la televisión nos las muestra.

En el cotidiano paseo diario, un día descubres una piedra de un muro en la que nunca te habías fijado. Quizás te preguntes si esa piedra estaba en días anteriores, e incluso le preguntes a un amigo algo sobre esa piedra. ¿Te sorprenderá si te dice que desconoce esa piedra, que no ha reparado nunca en ella? Pero al día siguiente te comenta que ya la ha mirado y que esa piedra no tiene nada de extraño ni de llamativo ni valor o curiosidad alguna. Aceptas sus palabras porque lo curioso no está en la piedra sino en los ojos que, pese a transitar junto a ella cada día, no reparan en ella. Piensas en tu fantasía que esa piedra es como la flor escondida del camino.

Cuando, en otra ocasión, descubres no ya una piedra sin valor sino un elemento llamativo de una antigua mansión, ya ni lo comentas con el amigo, pese a que en tu silencio te extrañas de la ceguera de tu mirada y del enorme silencio de las personas ante determinados elementos cotidianos de los que nunca se habla puesto que aquello que hemos visto cada día nos parece de tan poco interés que no vale la pena hablar de ello.

¿Puede ser que el lenguaje escrito tenga en este aspecto unas normas diferentes al hablado? Quizás esas flores escondidas del camino sí puedan ser tema del lenguaje escrito y éste pueda romper el silencio que el lenguaje hablado cierne sobre los elementos del entorno. Hablamos de temas que nunca pondríamos por escrito y escribimos sobre temas de los que no solemos hablar. Los discursos hablados y escritos tienen una zona común, pero también cada uno de ellos tiene zonas propias, exclusivas, tanto en sus temas como en sus formas de expresión.

San Juan
Sant Joan en el Mapa de Mallorca del Cardenal Despuig (1785)

En una bitácora personal de largo recorrido van apareciendo multitud de temas. Además la bitácora - la cual es en principio sólo una herramienta de publicación en Internet - puede adquirir formas diferentes y alternativas. Yo recuerdo que hace ya un par de años se me ocurrió realizar un trabajo expositivo con una bitácora realizada por los alumnos. Teníamos que presentar el trabajo a un concurso y no se admitían entonces las bitácoras sino que tenía que estar en forma de páginas web.

Fue curioso porque yo entonces pensaba que no podía ser utilizado el formato bitácora para un trabajo expositivo. Más que nada porque un trabajo requiere un orden en su presentación, un índice que no sólo orienta la lectura sino principalmente la confección. Las páginas de una bitácora tienen un orden según los intereses y posibilidades del autor y este orden puede no coincidir con el orden de la exposición. Pero, poco a poco, mi cabeza se está convenciendo de que una bitácora también puede ser una herramienta válida para muchos temas explicativos y que el orden, si es necesario, puede ser suplido de varias formas.

Además, precisamente muchos textos explicativos no necesitan ser leídos secuencialmente sino que precisamente pueden leerse capítulos sueltos de manera aleatoria y no secuencial.

Viene todo esto a cuento de que imprevistamente un día encuentro una piedra - una de esas flores escondidas del camino - y se me ocurre anotarlo en esta libreta de apuntes que es esta bitácora. Y, tiempo después, encuentro otra flor relacionada con la anterior y también lo anoto. Quizás porque el encuentro con una flor determinada te abra la mirada hacia otras flores parecidas, el encuentro ya es más frecuente y llega un momento en que dispones de un ramo, de una colección - quizás desordenada - de apuntes temáticos sobre esas flores.

Es lo que me ha pasado hoy con el artículo anterior, La Academia Médico Práctica de Mallorca en el que el tema sobre la Sociedad de Amigos del País es la flor escondida que voy descubriendo con cierta frecuencia en mi camino esta temporada.

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