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Me dio sus ojos para ver

fabian | 18 Gener, 2005 20:46

Buscaba hoy una historia que llenara un poco mi imaginación. Las necesito con frecuencia, quizá porque mi sedentaria vida está tan llena de cotidianidad que no es suficiente para espolonear una cierta ansia de misterio. Tal vez las causas sean otras, pero necesito historias e ideas novedosas de igual manera que mi cuerpo necesita alimentos. Así que he iniciado un largo recorrido por Internet en busca de algún alimento imaginativo y emocional. Y cuando ya temía no encontrar nada, he descubieto esta frase:

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre

La búsqueda del padre, ¿no es un buen motivo para una una travesía como la de Ulises? Para mí un padre es una figura que ofrece seguridad. En un momento de apuro puedes recurrir a él. Es también, y con mayor fuerza que la idea anterior, la persona que te introduce en el mundo adulto, quien te desvela los primeros secretos y quien te aconseja y ayuda en la época de la inicialización. Sería quien te enseña a cazar, quien te orienta a encauzar la vida, ya en la elección de la profesión y en la búsqueda del primer trabajo.

Pero nuestro protagonista busca a su padre: Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre

Pedro Páramo

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. "No dejes de ir a visitarlo -me recomendó. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte." Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después de que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.
Todavía antes me había dicho:
-No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio... El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.
-Así lo haré, madre.

Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala.
Era ese tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de la saponarias. El camino subía y bajaba: "Sube o baja según se va o se viene. Para el que va, sube; para el que viene, baja."
-¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo?
-Comala, señor.
-¿Está seguro de que ya es Comala?
-Seguro, señor.
-¿ Y por qué se ve esto tan triste?
-Son los tiempos, señor.

Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre; de su nostalgia, entre retazos de suspiros. Siempre vivió ella suspirando por Comala, por el retorno; pero jamás volvió. Ahora yo vengo en su lugar. Traigo los ojos con que ella miró estas cosas, porque me dio sus ojos para ver: "Hay allí, pasando el puerto de Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche." Y su voz era secreta, casi apagada, como si hablara consigo misma... Mi madre.
-¿Y a qué va usted a Comala, si se puede saber? -oí que me preguntaban.
-Voy a ver a mi padre contesté.
-¡Ah! - dijo él.
Y volvimos al silencio.

Caminábamos cuesta abajo, oyendo el trote rebotado de los burros. Los ojos reventados por el sopor del sueño, en la canícula de agosto.
-Bonita fiesta le va a armar -volví a oír la voz del que iba allí a mi lado-. Se pondrá contento de ver a alguien después de tantos años que nadie viene por aquí.

Luego añadió:
-Sea usted quien sea, se alegrará de verlo.
En la reverberación del sol, la llanura parecía una laguna transparente, deshecha en vapores por donde se traslucía un horizonte gris. Y más allá, una línea de montañas. Y todavía más adelante, la más remota lejanía.
-¿Y qué trazas tiene su padre, si se puede saber?
-No lo conozco -le dije-. Sólo sé que se llama Pedro Páramo.
-¡Ah!, vaya.
-Sí, así me dijeron que se llamaba.
Oí otra vez el "¡ah!" del arriero.[...]
-Yo también soy hijo de Pedro Páramo -me dijo.

Una bandada de cuervos pasó cruzando el cielo vacío, haciendo cuar, cuar, cuar.
Después de trastumbar los cerros, bajamos cada vez más. Habíamos dejado el aire caliente allá arriba y nos íbamos hundiendo en el puro calor sin aire. Todo parecía estar como en espera de algo.
-Hace calor aquí -dije.
-Sí, y esto no es nada me contestó el otro-. Cálmese. Ya lo sentirá más fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija.
-¿ Conoce usted a Pedro Páramo? - le pregunté.
Me atreví a hacerlo porque vi en sus ojos una gota de confianza.
-¿Quién es? -volví a preguntar.
-Un rencor vivo -me contestó él.
Y dio un pajuelazo contra los burros, sin necesidad, ya que los burros iban mucho más adelante de nosotros, encarrerados por la bajada.

-Mire usted -me dice el arriero, deteniéndose- ¿Ve aquella loma que parece vejiga de puerco? Pues detrasito de ella está la Media Luna. Ahora voltié para allá. ¿Ve la ceja de aquel cerro? Véala. Y ahora voltié para este otro rumbo. ¿Ve la otra ceja que casi no se ve de lo lejos que está? Bueno, pues eso es la Media Luna de punta a cabo. Como quien dice, toda la tierra que se puede abarcar con la mirada. Y es de él todo ese terrenal. El caso es que nuestras madres nos malparieron en un petate aunque éramos hijos de Pedro Páramo. Y lo más chistoso es que él nos llevó a bautizar. Con usted debe haber pasado lo mismo, ¿ no ?
-No me acuerdo.
-¡Váyase mucho al carajo !
-¿Qué dice usted ?
-Que ya estamos llegando, señor.
-Sí, ya lo veo. ¿ Qué paso por aquí ?
-Un correcaminos, señor. Así les nombran a esos pájaros.
-No, yo preguntaba por el pueblo, que se ve tan solo, como si estuviera abandonado. Parece que no lo habitara nadie . -No es que lo parezca. Así es. Aquí no vive nadie.
-¿ Y Pedro Páramo ?
-Pedro Páramo murió hace muchos años.

Juan Rulfo: Pedro Páramo

No he leído la novela, aunque lo haré. Parece interesante. Los diálogos cortos que esconden las palabras importantes para que vayan saliendo a ritmo lento, poco a poco, haciendo discurrir el tiempo. Sí, parece interesante.

Hay un punto que me ha interesado. El protagonista ve el paisaje, el pueblo, "con los ojos de la madre", es decir, con las palabras con que la madre rememoraba unas tierras a las que no quiso nunca volver. En el vaivén de un tren que cruza Mallorca y que utilicé varios años, yo miraba los paisajes de esta isla. Intentaba analizarlos y describirlos. Fue entonces cuando descubrí que lo hacía con palabras y expresiones de diversas lecturas. Las miradas de Blai Bonet o de Baltasar Porcel, así como las de otros escritores, transcritas en sus palabras, son las que orientaban mis miradas y seleccionaban aquellos aspectos que yo miraba pero que, en el paisaje, no eran sino unos, posiblemente entre otros muchos que yo no había aprendido a ver. Eran las descripciones de los escritores las que me habían enseñado a ver el paisaje.

Comentaris

MUY BUEN LIBRO

DREL7 | 24/11/2009, 19:13

MUY BUEN CUENTO "PEDRO PARAMO" DEL GRANDE "JUAN RULFO" LA CUAL ESTA AMBIENTADA EN UN PUEBLO MISTICO LLAMADO "COMALA" EL CUAL EXISTE Y ES CONSIDERADO PUEBLO MÁGICO POR EL GOBIERNO MEXICANO, UBICADO EN EL ESTADO DE COLIMA A ESCASOS MINUTOS DE LA CAPITAL COLIMA....

UNO DE MIS LIBROS FAVORITOS, TE RECOMIENDO ASIMISMO LA OTRA GRAN OBRA DE JUAN RULFO: "EL LLANO EN LLAMAS" COLECCION DE CUENTOS

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