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La voz en el espejo

fabian | 14 Gener, 2005 18:57

Augusto Monterroso

La tarde ha empezado con un cuento. Se dice que Augusto Monterroso es el autor de los cuentos más breves del mundo. Y en verdad es así. Posiblemente su cuento más famoso es el de El dinosaurio, tan corto tan corto que se escribe en una sola línea:
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Pero ha sido otro cuento el que hoy me ha llamado la atención. Es un cuento que trata de espejos ..., y el espejo triste es aquel en que nadie se mira:

El espejo que no podía dormir

Había una vez un espejo de mano que cuando se quedaba solo y nadie se veía en él se sentía de lo peor, como que no existía, y quizá tenía razón; pero los otros espejos se burlaban de él, y cuando por las noches los guardaban en el mismo cajón del tocador dormían a pierna suelta satisfechos, ajenos a la preocupación del neurótico.

Fuente

El tema de los espejos y de las imágenes que reflejan o, quizás mejor dicho, de cómo vemos nosotros las imágenes que los espejos reflejan es complejo e interesantísimo.

Se me ha ocurrido buscar si Jorge Luis Borges tenía alguna narración basada en los espejos. No sé si tiene alguna narración, pero he encontrado un soneto. Hay que tener en cuenta que Borges perdió la vista en edad temprana, ¿para qué necesita un espejo un ciego?

Un ciego

No sé cuál es la cara que me mira
cuando miro la cara del espejo;
no sé qué anciano acecha en su reflejo
con silenciosa y ya cansada ira.

Lento en mi sombra, con la mano exploro
mis invisibles rasgos. Un destello
me alcanza. He vislumbrado tu cabello
que es de ceniza o es aún de oro.

Repito que he perdido solamente
la vana superficie de las cosas.
El consuelo es de Milton y es valiente,

Pero pienso en las letras y en las rosas.
Pienso que si pudiera ver mi cara
sabría quién soy en esta tarde rara.

Fuente: Palabra Virtual

El poema me ha interesado: Pienso que si pudiera ver mi cara / sabría quién soy en esta tarde rara. La máxima "conócete a ti mismo" no es nada fácil de llevarla a cabo. Es más asequible conocer cuanto nos rodea (lo que ya es difícil) que a nosotros mismos. Borges, ciego que no puede ver su cara, piensa que si la viera se conocería. ¡Cuántos engaños nos hacemos a nosotros mismos!, pero aún así, él sabe que no se conoce.

A mí me ha ocurrido alguna vez no reconocerme. Recuerdo que la primera vez que grabé mi voz con un magnetofón, no quería aceptar que esa voz fuera realmente la mía. Y, aún ahora, no me es agradable oírme. Al hacerlo noto un sinfín de fallos, de malas dicciones, de ausencia de tensiones, tonos equivocados ...

No me gusta mi voz en el espejo, por ello una tentación es no grabar o no publicar los archivos sonoros con mi voz.
Me he negado a caer en esta tentación, pero, aunque no estén como a mí me gustaría, aunque esté insatisfecho con ellos, no quiero dejar de hacerlos y tampoco quiero esconderlos en un rincón del ordenador donde los eliminaría a los pocos días. Tampoco quiero publicarlos a los cuatro vientos, pero sí en este rinconcito de esta, algo privada, bitácora.

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