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Para recuperar la madurez, la rebeldía

fabian | 23 Maig, 2006 18:31

Margarita regresa esta tarde de una reunión y se queja del frío. A lo largo de la noche un par de ráfagas de viento han abierto con fuerza las cristaleras. Ha sido el anuncio de un cambio de tiempo. Lluvia y frío. Pero es un frío de manga corta, pues, pese al frescor, no me he puesto aún ni jersey ni chaquetilla. Así que el tiempo invita no tanto a arroparse como a disfrutar este recogimiento que nace cuando la piel se enfría.

Busco hoy palabras, versos que me distraigan. Rebusco entre las páginas clasificadas en "Literatura" y encuentro un corto poema que me gustó. Se titulaba "¿Y ahora qué?" y en él el poeta planteaba el momento de la lectura: un lector que no sabe bien qué busca que contacta con un escritor que tampoco sabe muy bien qué quiere llegar a decir. Así que una lectura o una audición es el encuentro de dos personas que se sienten algo perdidas pero que buscan algo, uno a través de la escritura y otro a través de la lectura. La imagen quedó en mi memoria: dos buscadores. Y por mi parte es verdad. Empiezo a escribir sin un plan muy definido, buscando aclarar mis ideas conmigo mismo. No sé si lo logro, pero el simple acto de escribir es más de buscar y me sirve de catarsis, de definir o dibujar con palabras lo indefinido.

¿Y ahora qué?

¿Y ahora qué, lector?
Solos tú y yo,
desconocidos.
Unidos por un libro
en el que no sé qué buscas
en el que yo ando perdido.

Fuente: Antonio Pérez Morte (pdf, pág. 49)

Así que abro el pdf donde encontré el poema y ojeo velozmente sus 74 páginas. Su título es Poesía española contemporánea (Poéticas desde la postmodernidad) y en él hay bastantes poemas de varios autores, poemas recogidos o compilados por Leo Zelada, quien desde Lima, en julio de 2005, firma unas palabras introductorias. Ahora es cuestión de poner un poco de música suave de fondo, abrir el bloc de notas y copiar y pegar aquellos fragmentos que hoy y ahora digan algo a mi actitud de búsqueda.

Escucha, dime, siempre fue de este modo,
algo falta y hay que ponerle nombre,
creer en la poesía, y en la intolerancia de la poesía, y decir "niña"
o decir "nube", "adelfa",
"sufrimiento",
decir "desesperada vena sola", cosas así, casi reliquias, casi lejos.

Blanca Andreu: Escucha, escúchame (fragmento) (pág. 11)

Puede
cada verso nombrar desde su engaño
el engaño que alienta en cada vida:
un lugar de ficción, un espejismo,
un decorado que
se desmorona, polvoriento, si se toca.
Pero es sorprendente comprobar
que las viejas palabras ya gastadas,
la cansina retórica, la música
silenciosa del verso, en ocasiones
nos hieren en lo hondo al recordarnos
que somos la memoria
del tiempo fugitivo,
ese tiempo que huye y que refugia
-como un niño asustado de lo oscuro-
detrás de unas palabras que no son
más que un simple ejercicio de escritura.

Felipe Benítez Reyes: Hay una luz abatida en esta playa (fragmento) (pág. 17)

Para recuperar la infancia, una canica.

Para la adolescencia un beso,
un verso,
una esperanza.

Para la juventud,
Un compromiso de amor definitivo.

Para la madurez, quizá la rebeldía,
la eterna,
renovada,
incombustible rebeldía
de aquellos viejos derrotados
que nunca se dieron por vencidos.

Antonio Pérez Morte: Para Berta (pág. 51)

Para mí, que ya no busco poemas de amor (que son más bien de ausencia), estos temas sobre la inefabilidad ("algo falta, hay que ponerle nombre"), el autoengaño y la palabra como elemento de la memoria y el tema de la rebeldía, me resultan interesantes. Pero me conviene - mi memoria es floja - dejar una sola idea que pueda recordar. Me quedo con la rebeldía de "esos viejos derrotados que nunca se dieron por vencidos". Está bien: ancianos derrotados en la realidad aunque no vencidos en el espíritu. Ésa es la madurez, o al menos, el intento para recuperarla.

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