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Un poema sobre las ruinas de Santo Domingo de Palma (1841)

fabian | 21 Març, 2015 17:10

Celebramos hoy, 21 de marzo, el Día Mundial de la Poesía y tengo la suerte de poder conjuntar esta celebración con el tema que voy tratando estos días sobre el desaparecido Convento de Santo Domingo de Palma.

Bien, en verdad el poema que recojo no nombra a este convento pues ya había desaparecido éste, pero sí deja unas pistas para reconocerlo. Por ejemplo, unos versos dicen "Habrá en edad gloriosa / Otro suelo, otro Fabre, / Otra recien basílica / Cual ella en magestad;". Y este Fabre es el nombre del fundador del convento: Miguel Fabra (o Fabre) que junto con fray Berenguer de Castellbisbal fueron los dos frailes predicadores que acompañaron a Jaime I en la conquista y a quienes concedió los terrenos que ocupó el convento.

Laurens
Laurens: Ruinas de Santo Domingo (1839)

Las ruinas del convento de Santo Domingo fueron visitadas por los románticos de la época y así lo escribieron George Sand, Laurens, Piferrer ... Catalina Cantarellas dijo “la destrucción de la fábrica gótica del convento de Santo Domingo es el gran lamento de la literatura romántica". Y es a este lamento al que se suma José María Quadrado (1819 - 1896) cuando publica en La Palma (digitalizada) del 7 de marzo de 1841 el poema "Ruinas".

Ruinas

Dó con soberbia altura
ün templo daba sombra
Se estiende una llanura
Que el alma triste asombra
Yerma, montuosa y árida,
Mancha de la ciudad.
No le hirió temeraria
De! tiempo la guardaña,:
El hacha mercenaria
Le acribilló en su saña,
Ni aun dejó á su victima
De ruinas magestad.

Ni hay truncadas colunas;
Ni en ellas crece yedra;
Ni al suelo yacen unas,
Cadáveres de piedra;
Ni en otras aun la bóveda
Sublime al aire está.
Solo hay polvo, y vacío
Y.escombros blanqueados;
Campo de huesos frío,
O llanos asolados
De donde ayer los vándalos
Su tienda alzaron ya.

Diríais que á otro suelo
Su mole han trasladado;
Tal en súbito duelo
Al hijo en flor robado
Sus padres aun incrédulos
Buscan en otro hogar.

Sus torres entre ciento
La vista desde lejos
Aun busca: y en el viento,
De noche á los reflejos,
De cinco siglos vésela
Su sombra proyectar.

Ah! cinco siglos...! y ella
Para tan corta vida
Debió nacer tan bella... !
Desde su cumbre erguida
La vista del artífice
Mas siglos abarcó.
Ni tanto ilustre muerto
-Gozar-tan breve sueño -
En su mausoleo yerto,
Ni al mando de tal dueño,
Confuso entre cadáveres,
Nunca emigrar pensó.

Cuando en la noche fría
Los huesos de su abuelo
Cada cual escogía,
Llevados á otro suelo,
Como deidades prófugas
Del espirante Ilion:
Llenaba el aire hueco
El carro que rechina,
Y del martillo el eco,
Y la voz de ruina
Tan lenta, ufana y plácida
Cual voz de creación.

Recuerdos y bellezas
Litografía de Parcerisa

Y estatuas y relieves
Eran doquier alfombra;
O de los arcos leves
Ardiendo entre la sombra,
Para la turba cómplice
Luz daban y calor.
Ah! cada noche entonces
Un trueno cruel retumba
Igual al de cien bronces,
Y un arco se derrumba,
Y un ay! al largo estrépito
Responde en derredor.

Oh! no lloréis los timbres,
Los arcos gigantescos
Sostenidos por mimbres,
Los ricos arabescos,
Y la techumbre gótica
Del que portento fué.
Hermoso cuerpo y fuerte
Fué aqueste de una idea;
No por un cuerpo inerte,
Por ella el llanto sea:
Cadáver sin espíritu,
Cae el templo sin fé.

¿Queríais se guardara
Para teatro ó foro,
Y ora en clamor sonara,
Ora en profano coro;
Y la manchada víctima
Salvar en su disfraz?
Que hollaran los viajeros
Cual ruina, el suelo sacro,
Para ostentarles fieros
En vano simulacro
Las glorias en su féretro
De un siglo harto fugaz?

Nó: bien está en el suelo
Con su decoro hundido...
No os turbe humano duelo;
Y cual de un Rey caído,
La casa del Altísimo
Destruid, sembrad de sal.
Y allí cual brota y medra
Ved el oprobio impuro;
Y si construís, cual yedra,
Creciendo asido al muro,
Vuestras mezquinas fábricas
Dominara inmortal.

Ah! si la fé su losa,
Si Dios sus brazos abre,
Habrá en edad gloriosa
Otro suelo, otro Fabre,
Otra recien basílica
Cual ella en magestad;
Y preces á himnos fieles
Que entre sus muros suenen,
Trofeos y laureles
Que sus sepulcros llenen;
Mitad guardada al héroe,
Al santo otra mitad.

Su cuna un siglo llena,
Cinco llenó su gloria,
Su muerte un año apena,
Y miles su memoria
Que eterna nuestro vértigo
Cual sombra acusará.
En vano busca un nombre
Que condenar la historia,
No halla siquiera un hombre
Que cargue con tal gloria,
Y solo en piedra fúnebre
La época grabará.

José María Quadrado: Ruinas (1841)

Bien, pues conviene celebrar este día de la poesía y de la primavera.

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