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Hoteles junto al mar: el Hotel Príncipe Alfonso de Cala Mayor

fabian | 01 Desembre, 2014 18:58

Antes de los inicios del turismo, se hallan dos líneas de motivación que se desarrollaron posteriormente. Una fue el grand tour que los estudiantes ingleses realizaban al terminar sus estudios. Eran viajes hacia ciudades y lugares relacionados con la historia del arte, viajes de tipo cultural.

Otra línea de desarrollo fue el termalismo, la afluencia hacia lugares con aguas consideradas saludables. Hacia la mitad del siglo XIX se consideró que el litoral entraba en esta categoría, no tanto aún por los baños, que se incluyeron poco después, sino por efecto de las brisas marinas y del salitre sobre la piel y la respiración. Se realizaban prácticas higienistas en Brighton (Inglaterra), Biarritz (Francia) o San Sebastián (España). El balneario de Carratraca en Málaga fue visitado por Dumas, Byron o Doré.

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Hotel Príncipe Alfonso, obra de Gaspar Bennàzar

El turismo de litoral o "de baños de mar

Por lo que respecta al turismo de baños de mar, predecesor de la forma de turismo genérica por antonomasia, la de 'sol y playa", ya se ha apuntado que sus orígenes se encuentran también en la anterior etapa del turismo, en concreto a partir de las formas de turismo específico basadas en el termalismo y de las actividades que se realizaban en paralelo a ésta. En concreto es a partir de la asociación del balnearismo con ciertas terapias vinculadas a las propiedades del agua que se ponen de moda algunas ciudades y villas del litoral cuyas aguas marinas se descubren como beneficiosas y curativas. Es así como se popularizan en Europa entre la aristocracia y la emergente burguesía y acaban transformándose en iconos de un nuevo turismo residencial de élite, con palacios suntuosos cercanos a las playas, donde acude la realeza y posteriormente toda la corte y los poderes económicos y políticos del momento. En estos centros se construyen también los primeros kursaals o casinos, hasta el momento patrimonio de las ciudades balnearias, que son los que en la mayoría de las ocasiones atraen a los clientes a estos complejos y que van a tener una importancia decisiva en el desarrollo de estos primeros centros en la costa. Entre finales del sigo XIX y los primeros años del siglo XX estos nuevos "resorte" van a florecer al amparo de una nueva y opulenta clientela, responsable de la construcción de los grandes hoteles y de la monumentalización de estos destinos.

Efectivamente, la moda del baño de mar, lo que sería el germen de lo que actualmente es el turismo de playa, procede generalmente de la moda de los balnearios de interior a partir de una coyuntura especifica acaecida en la segunda mitad del siglo XIX: cuando en los balnearios de interior, localizados en su mayor parte en el centro de Europa, los más lujosos y frecuentados en Alemania, Chequia y Eslovaquia, se prohiba el juego por parte de las autoridades, sus propietarios se exiliaran a las localidades de la costa, con Montecarlo como icono máximo, que a partir de este momento experimentarán un desarrollo cuyas magnitudes no eran ni mucho menos predecibles en ese momento. A su vez, los mismos clientes que en los veranos inundaban los balnearios del Rhin son los que en invierno van a empezar a aparecer por Niza o Mónaco. Es la denominada moda de los ''baños de mar en aguas frías", donde de momento el principal interés no está en tomar el sol ni bañarse sino en pasear cerca de la playa (de aquí la fama de la "promenade des anglais" en Niza), disfrutar de los beneficios del agua y la brisa marina y si el estatus lo permite, dejarse ver por algún casino, donde mezclarse además con la élite viajera y con los numerosos artistas que frecuentan estos destinos. Este turismo se concentra esencialmente en la estación invernal, cuando muchos aristócratas y burgueses británicos y del centro y norte de Europa huyen de la climatología adversa de sus países y lugares como la Costa Azul se convierten en importantes destinos de esta forma de turismo.

Luis Alfonso Garay Tamajón: El Ciclo de Evolución del Destino Turístico. Una aproximación al desarrollo histórico del turismo en Cataluña (Tesis Doctoral)

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A la derecha Marivent

El segundo (?) hotel que se construyó en Mallorca no fue construído en la ciudad sino en Cala Mayor, frente al mar. Se llamó Hotel Príncipe Alfonso. Luís Alberto Mascaró, al inaugurarse el Grand Hotel de Palma en 1903 encargó al arquitecto Gaspar Bennázar la construcción de un hotel junto al mar. De carácter modernista se inauguró en 1909. Su presencia frente al mar, alejado de la ciudad, muy cercano a Marivent, me ha hecho buscar cómo empezó ese "turismo de litoral" que se convirtió algunas décadas después en el "turismo de sol y playa".

He dicho que el Príncipe Alfonso fue el segundo hotel construído en Mallorca, lo que puede ser cierto pues leo en un artículo de Miquel Ferrà i Martorell que el segundo hotel, inaugurado en 1903 tras el Grand Hotel de Palma, fue el Gran Hotel Marina de Sóller, de Pere Joan Aguiló Fortesa, “Cetre”, propietario de la fábrica de cerámicas "La Roqueta". Es muy interesante el artículo Un llibre singular sobre la información de Joan Carles Cirer en "La invenció del turisme de masses a Mallorca”.

En 1910 se abre el Hotel Victoria, también frente al mar, propiedad de Juan Palmer Miralles, copropietariodel Grand Hotel junto con Fernando Truyols.

Gaspar Bennázar también será el arquitecto del Gran Hotel Alhambra" de Palma, pero ya sería tras la Primera Guerra Europea que paralizó la industria turística en los años de la contienda.

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