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Día de la Biblioteca 2014

fabian | 23 Octubre, 2014 13:27

Desde 1997 se celebra el 24 de Octubre como "Día de la Biblioteca". La biblioteca como lugar de encuentro del ciudadano con la cultura, espacios que deben ser cuidados y atendidos por la sociedad.

Para celebrar en Alta mar este día me gusta recoger algún texto relacionado con las bibliotecas y este año recojo un fragmento de un libro que es el soliloquio de una bibliotecaria ya mayor que trabaja en una sección de una biblioteca municipal. En la dedicatoria del libro, la autora dice que dedica este libro a "todos aquellos que siempre encontrarán más fácilmente un hueco en una biblioteca que en la sociedad". y recoge una cita de Didier Anzieu que señala que la lectura, junto con la amistad, "nos ayuda, en general, a elaborar el duelo por los límites de nuestra vida, los límites de la condición humana".

El libro: Signatura 400, de Sophie Divry es una delicia suave. La bibliotecaria, de la que no se indica el nombre, abre una mañana la biblioteca y se encuentra a un hombre durmiendo dentro. Todo el libro es el soliloquio de esta bibliotecaria que habla de su rutinaria vida en la biblioteca y de sus amores perdidos. El título "signatura 400" se refiere a la clasificación Dewey que rige la clasificación de los libros. La clasificación 400 era la de Lenguas, pero éstas emigraron a otras clasificaciones quedando la 400 vacía.

[...] No se quede ahí de pie, ahora le sirvo un café. Siempre me traigo un termo de café cuando llego pronto. Beba un poco, esto le va a reconfortar. Sé lo que le digo. Siéntese en esta silla y no me moleste más, que si no me estreso. Fíjese que hasta en las pequeñas bibliotecas de provincias como ésta se cometen errores garrafales de clasificación. Y eso me saca de mis casillas, es una muestra de su mediocridad. No solo dejan encerrados a los lectores distraídos en mi sótano, sino que encima se equivocan con las clasificaciones. Porque, en teoría, da igual que usted vaya a París, a Marsella, a Cahors, a Mazamet o a Dompierre sur Besbre, siempre debería encontrar el mismo libro en el mismo lugar. Por ejemplo, un clásico de la sociología: La división del trabajo social, de Émile Durkheim. Pues le corresponde la signatura 301. Al lado de El suicidio. Otro gran clásico, El suicidio, también de Durkheim. Ídem: signatura 301 DUR. Siempre funciona. Infalible. El tipo que inventó este sistema se llamaba Melvil Dewey. Es el padre de todos los bibliotecarios. Ya ve, un muchacho nacido en una familia pobre de Estados Unidos que a los veintiún años inventa la clasificación más famosa del mundo. Dewey es un poco como el Mendeléyev de los bibliotecarios. No ya en cuanto a la clasificación periódica de los elementos, sino respecto de la clasificación de los ámbitos de la cultura. Su genialidad fue dividir en diez temáticas principales, llamadas «clases», las disciplinas del conocimiento: 000 para las obras generales, 100 para la filosofía, 200 para las religiones, 300 para las ciencias sociales, 400 las lenguas, 500 las matemáticas, 600 la tecnología, 700 las bellas artes, 800 la literatura, 900 la historia, la geografía..., y todo aquello que no se haya, podido clasificar viene a parar aquí, al sótano. Sí, lo siento, siempre hago el café fuerte, es que así no me lo gorronean mis colegas. Dewey llamó a su sistema de ordenación «clasificación decimal de Dewey». Sin rodeos. De eso hace más de un siglo. Ya podía estar orgulloso: ordenó metódicamente el conjunto del conocimiento humano. Casi nada. Porque antes era de lo más caprichoso, déjeme que se lo diga. La clasificación por autores se quedaba corta, y resultaba que los libros se ordenaban según su formato o fecha de entrada. Cuando lo pienso, menudo desorden. Por eso estoy contenta de no haber vivido en aquella época. No habría soportado tanta anarquía. Y eso que mi sección de geografía parece una de esas clases para alumnos problemáticos. Me cuelan numismáticas, condecoraciones militares, genealogías, psicoanálisis, ocultismo... Un auténtico cajón de sastre. Esto me enoja bastante. Prefiero las clases con alumnos que se portan bien. Mire, por ejemplo, ahí a la derecha está la historia. Personalmente me gusta esa sección. Incluso diría que me gusta mucho, pero me han nombrado responsable de geografía y urbanismo, aquí, a la izquierda. Y permítame que le diga que entre la geografía y la historia, o sea, entre las signaturas 910 y 930, hay un auténtico abismo. Una línea simbólica infranqueable. En realidad, la historia ocupa todo el espacio. La clase 900 solo existe para ella. Oh, no tengo nada en su contra, me gusta mucho, pero de golpe solo me quedan las signaturas 900 y 910, las pobres, tan poquita cosa... No es mucho, pero mire cómo se las apaña Dewey incluso con tan pocos libros. Es tremendo. Signatura 910: Geografía general. 914: Geografía de Europa. Después de tres cifras viene un punto, lo que significa que cuanto más se afina la idea que se quiere expresar, más largo es el índice. ¿Me sigue? Oiga, tampoco hace falta que se acabe mi termo, hágame el favor. Aquí, 914.4: Geografía de Francia. 914.43: Île-de-France. Y sigue... 914.436 Geografía de París. Y podría continuar, nada se resiste a esta clasificación. Es infalible. Resumiendo, una signatura tiene de tres a seis cifras a las que se añaden las tres primeras letras del nombre del autor. El existencialismo es un humanismo:194 SAR. Si es capaz de recordarlo, no habrá pasado la noche aquí en vano. Saber orientarse en una biblioteca es dominar la cultura en su conjunto y, por tanto, el mundo. [...]

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Biblioteca de Alfabia

Día de las bibliotecas, 24 de Octubre. Gracias que existen y gracias a cuantas personas las hacen posibles.

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