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Entre la mar y la arena

fabian | 05 Juny, 2012 15:47

Un poemario es un libro que requiere técnicas de lectura propias. No es como una novela que se pueda leer de corrido. Tampoco es como un libro de ensayo. La verdad es que no sé muy bien cómo se lee un libro de poemas. Quizás la técnica de lectura que requiera diferente sea la exploración. Un poema no queda definido por el título. Pongo un ejemplo: el título es "En la playa" y su forma es de soneto. ¿Dice algo hasta aquí?. La exploración de un poemario requiere leer unos pocos versos de cada poema; no basta con el título; aunque quizás sí la longitud del poema ya pueda inducir a desecharlo.

Libre al aire y al sol, un rapazuelo
corre descalzo por la abierta playa,
con el empeño de seguir la raya
divisoria del mar y el firme suelo.

Los primeros versos de un poema dan a poder intuir su contenido y el lector puede decidir si lo lee o no. Un poemario no es para leer de corrido; hojeo las páginas, leyendo el título y el comienzo de algunos poemas. No espero encontrar muchos poemas que centren mi atención; un par de poemas serán suficientes para sentirme satisfecho y dar por concluída su lectura. No creo que haya leído ningún poemario al completo, pese a haberlo explorado en un par de ocasiones. No por ello son libros a medio leer: el tipo de lectura que exigen es la exploratoria y, si hay suerte, la lectura de unos pocos poemas. Y aquí conviene hablar un poco sobre la lectura de un poema.

Así como la lectura de textos narrativos, periodísticos, publicitarios y otros es frecuente, cada día y a cualquier hora, la lectura de un poema requiere una actitud especial, distinta. Quizá haya que tener un nivel muy bajo de preocupaciones. No es tema de tener tiempo o no; no suelen exigir mucho tiempo; es cuestión de actitud. Tampoco es cuestión de curiosidad narrativa: el saber cómo acabará o se resolverá la cuestión; podría ser algo como ese indefinido temple o contacto con el sentimiento o emoción con el poeta, entendidas estas últimas palabras al amplio modo.

... Un niño juega en la playa. Intenta seguir una línea, la que inicia el mar.

Libre al aire y al sol, un rapazuelo
corre descalzo por la abierta playa,
con el empeño de seguir la raya
divisoria del mar y el firme suelo.

Mas ve hurtado su infantil anhelo,
pues ya la ola sin llegar desmaya,
o ya parece que a cubrirle vaya
de las espumas el rizado velo.

Quizás en un poemario haya poemas para diferentes edades o para distintos momentos del día o tal vez sea que hay poemas que gustarán más en verano y otros en invierno ... ¿Será que alguno requiera música de fondo?, ¿o, podría ser, un silencio especial?

El hecho está en que un poema desechado ayer, extrañamente gusta hoy.

Tal entre el sí y el no, confusamente,
corre anhelante nuestra humana vida.
sin que nunca deslinde su presente.

Dicha gustada, adversidad sufrida:
¡oh cuánto una de otra es diferente!
Mas, ¿quién línea trazó que las divida?

Miguel Costa y Llobera: "En la playa", de su poemario "Líricas"

Como el niño que juega en la playa, no acierto con la línea que defina el gusto por la poesía; ese "sí" o "no" poco definidos, de límites tan confusos como este "ahora" que separa el antes del después. No puedo adivinar los motivos, pero de repente, unos versos son capaces de acaparar la atención, crear una imagen y darle un sentido y, con ello, sentir al poeta.

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