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Casi un Bécquer mallorquín

fabian | 30 Maig, 2012 15:57

En este año del 2012 hay un par de celebraciones locales. La "autoritas" (no sé si el Govern o el Consell o quién) ha establecido dos: del pintor Coll Bardolet, de quien se está realizando estos días una exposición en La Misericordia de Palma y del escritor Antoni Maria Alcover. De ambos he puesto algunas entradas en esta bitácora. De Coll Bardolet En Lluc con Coll Bardolet y de Alcover subí un texto suyo sobre Quadrado Dos textos (Menéndez Pelayo y Alcover) sobre José María Quadrado. Es verdad que una celebración requeriría algo más y, en caso de ser escritor el homenajeado, tal vez lo primero sería conocer su obra, que en esto del conocimiento no estamos para tirar cohetes.

Hay, sin embargo, un bicentenario del que, parece, que nadie se acuerda. En 1812, año de "La Pepa" nació un escritor mallorquín. Pondré un punto y aparte para introducir alguna información de quien homenajeó a ese escritor mallorquín nacido en 1812.

El nombre Russell P. Sebold me sonó a desconocido cuando leí su artículo titulado Casi un Bécquer mallorquín. La Wikipedia me dio un inicio: un hispanista estadounidense nacido en 1928, especialista en el siglo XIX español. Profesor, Catedrático de Literatura Española en la Universidad de Pennsylvania (1968 - 1998), Honoris Causa por la Universidad de Alicante (1994); Correspondiente de la Real Academia Española (1993) y de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona (1993), entre otros muchos loores. En la Biblioteca Virtual Cervantes tiene un portal con textos suyos. Bien, pues en el año 2001 publica en el ABC un artículo titulado Casi un Bécquer mallorquín.

Tanto Tomás Aguiló i Forteza (1812 - 1884), uno de los fundadores de la revista La Palma como Bécquer (1836 - 1870) escribieron en prosa y en verso. "Rimas y leyendas" y será sobre estas últimas sobre las que el hispanista Russell P. Sebold centrará su escrito:

Hoy me interesa otro paralelo entre Aguiló y Bécquer. El propio Aguiló clasifica algunos de sus relatos en prosa como «narraciones fantásticas», etiqueta que modernamente acostumbramos a aplicar a las «Leyendas» de Bécquer. Los cuentos y novelas cortas de Aguiló se publican en Palma, en 1863, precisamente en los momentos en que las leyendas de Bécquer aparecían en la prensa madrileña. Aun el título del libro de Aguiló tiene algo de becqueriano: «A la sombra del ciprés. Cuentos y fantasías». Lo mismo que en Bécquer, son numerosas en estas ficciones las escenas en iglesias antiguas y ruinas de conventos. Bajo sus bóvedas -explica Aguiló «la devoción y la poesía mezclan y confunden, sus odoríferos perfumes. [...] Y no creáis que haya necesidad de ser muy ascéticos para saborear la dulcedumbre de este recogimiento». Palabras que podrían ser del Bécquer de «Historia de los templos de España», para quien el estímulo estético de esos monumentos era lo más importante. Sin embargo, es fundamental la intervención de la fe en la solución de los argumentos de Aguiló, ora fantásticos, ora realistas. Ambos narradores revelan a la vez su deuda con la rama costumbrista del realismo utilizando términos como «boceto de costumbres», pero en tal contexto Aguiló admite otro concepto más moderno: el «cuadro psicológico».

Y a continuación, Russell P. Sebold va desmigando algunos de los cuentos, quizás debiera llamarlos "leyendas" de Aguiló:


Russell P. Sebold: Casi un Bécquer mallorquín en ABC, 14/01/2001.

En «El valle de los cipreses», cuento del que deriva el título del libro, el narrador se extravía al dar un paseo por las cercanías de Palma en una melancólica tarde de otoño, y se encuentra en el temeroso sitio anunciado en el epígrafe. De repente ve que va correteando delante de él, con un cochecito de cartón, una preciosa niña de tres años. Es su hija muerta, Pilarcita, a! parecer restaurada a la vida. La persigue, mas no la puede alcanzar hasta encontrarla tendida de espaldas en un paraje oscuro. Se desvanece la niña muerta, pero en ese lugar su padre ve una piedra con una inscripción de la que se deduce que allí en su debido momento se le enterrará a él. Aquí rige el elemento sobrenatural, pero en otros relatos aparentemente fantásticos de Aguiló la psicología es tan decisiva como el portento.

Verbigracia, en «La trapa de Andraitx», tres jóvenes elegantes, buenos amigos, calaveras, están de juerga y excursión. Se proponen visitar las ruinas del indicado cenobio trapense. Son hombres de ideas avanzadas -uno de ellos es devoto de Voltaire y Byron-; y sin embargo, las horas que pasan entre los restos del austero edificio producen en ellos un efecto asombroso, ¿de orden sobrenatural, o simplemente psicológico? El byroniano se hace monje trapense, otro que había abandonado a su esposa por una actriz vuelve a su hogar, y el tercero se casa con una viuda indigente, mayor que él, a quien por negocios turbios había privado de su fortuna.

En «La pluma acusadora» el desenlace parece producirse por causa foránea fantástica, desde el punto de vista de un magistrado milanés del siglo catorce que ha firmado la condena a muerte de un hombre honrado. Sintiéndose culpable, destruye la pluma con que firmó la condena, poro ese instrumento reaparece en su escritorio una mañana tras otra, casi volviéndole loco. El magistrado toma el hábito de San Francisco. Su esposa había estado enamorada del hombre condenado, y tras la marcha de su marido echa al pozo un mazo de plumas todas iguales. Pese a las apariencias portentosas, el desenlace se produce por la psicología del compungido y el ingenio de una mujer privada del objeto de sus ilusiones.

En otros relatos, no existe ni influjo sobrenatural ni apariencia de tal influjo, y sin embargo, su tema, su desarrollo, su ambientación nos estremecen igualmente. Tal es el obsesionante relato «Un lecho de espinas», en el que un militar muy poco diestro en el manejo de la espada y la pistola desafia a otro muy perito en todas las armas, y no obstante, se lleva la victoria. El duelista, en efecto, aterrado y temblando, le cede la mano de una dama a quien ambos aman. El poco inclinado a los duelos había hecho excavar dos hoyas en el cementerio, y simplemente se trataba de que los dos se acostasen en ellas tranquilamente entre las doce de la noche y las tres de la madrugada.

Las diecisiete narraciones de «A la sombra del ciprés» son un tesoro, y en Mallorca debería emprenderse una edición moderna.

Así acaban las palabras de este hispanista sobre el libro "A la sombra de un ciprés" de Tomás Aguiló, publicado en enero del 2001. No sé si algún editor le habrá hecho caso. No hace mucho tiempo, en Noviembre pasado, me referí a estos cuentos de Aguiló en Un halloween mallorquín y días después, en Valle de los cipreses, de Tomás Aguiló indicaba que había subido a Internet el cuento al que Russell P. Sebold se refiere en primer lugar (en Scrib).

Siendo el segundo centenario del nacimiento de Tomás Aguiló, no estaría mal que se digitalizasen todos los cuentos.

Me falta un párrafo del artículo "Casi un Bécquer mallorquín", el inicial. Ya que estoy en faena, lo copio:

EL viejo criterio historiográfíco del espíritu de los tiempos se desvirtúa a cada paso por el carácter individual de los protagonistas de la sociedad y las artes que coinciden en un determinado momento histórico. Y sin embargo, se dan a veces entre contemporáneos paralelos tan tentadores, que casi no sabríamos explicarlos de otro modo. Semejante caso es el del poeta, cuentista y pianista mallorquín Tomás Aguiló (1812-1884), alguna de cuyas «Rimas varias» (Palma, 1846) se ha considerado como antecedente de las de Bécquer. Los versos siguientes, por ejemplo, casi podrían pasar por una de las rimas irónicas del sevillano: «Tú la viste... ¡desgraciado.! / Ojalá que no la vieras, / y recibido no hubieras / tan dolorosa impresión. / Yo la vi también; ¡a ella! / y vi que un profano amante / la ofrecía susurrante / su profano corazón». Bécquer no era pianista como Aguiló, pero cuenta Julio Nombela que podía estar todo un día escuchando, arrobado, los ensayos de un amigo pianista.

Russell P. Sebold: Casi un Bécquer mallorquín (ABC, 14/01/2001)

De las Rimas Varias de Aguiló, en 'Arco viejo, arco viejo', de Tomás Aguiló enlazaba al libro digitalizado por Google Books.

Segundo centenario del nacimiento de Tomás Aguiló, del "casi Bécquer" mallorquín. No sé si alguien se habrá acordado. La mejor manera para homenajear a un escritor es leer su obra.

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