Alta mar

Contacto

Un glosador en una fiesta del siglo XIX

fabian | 21 Desembre, 2011 17:50

Antonio Frates Sureda (1829 - 1918), de padre castellano y madre mallorquina, pasó parte importante de su vida en Mallorca. Magistrado de profesión, escribía y publicaba en diversas revistas tanto de Palma como de la península. Escritor costumbrista, publicó tres novelas: "Géminis" (1876), "Escenas Baleares" (1878); estas dos primeras en Palma, y en Barcelona "La luz de San Telmo". Reunió algunos de sus artículos sobre costumbres en el libro "Impresiones" (1880).

El libro "Escenas Baleares" reúne tres cuentos; el primero de ellos titulado "Dos amores" y en él aparece el tema de la emigración a Cuba por parte de un joven de una población de la montaña mallorquina, y de su regreso. Realmente no narra la emigración, sino la ida y la vuelta, lo que se deja: un amor que se olvida y el regreso con fortuna, con una familia ya creada y un "si te he visto no me acuerdo". Pero no es tanto la trama la que llama realmente la atención, sino las costumbres que va contando. Y aparecen varias, como el del cambio o pérdida de la vestimenta tradicional y otras varias.

Pongo hoy un fragmento de una parte de una fiesta en la que, además de cantar y bailar, - con dos guitarras como acompañamiento -, también es invitado un "glosador"; tipo de actividad que en aquellos años se estaba perdiendo según el narrador:

En este país de cielo puro, de nieves y palmeras, de pinares y bosques de naranjos, de montañas y arenales, de brisas y rocíos, la inspiración mantiene entre los habitantes y trabajadores del campo una raza de poetas naturales á que llaman Glosadors, improvisadores del pueblo que se crean una celebridad , logrando algunos que su nombre traspase los limites de la comarca y de una generación. Desgraciadamente para el alma, el número de esos seres inspirados va disminuyendo, y está para extinguirse, como si la enfermedad que mata los naranjos, atacase á los espíritus. La almosiera, que no ha variado en su esencia química, se transforma en su esencia moral. Le va faltando al improvisador el ambiente de paz y sencillez de las habitaciones de nuestros abuelos, que á la sombra de un olmo ó de un almez, junto á la casa rústica, espaciaban el ánimo con inocentes pasatiempos . Hoy los pueblos absorben en los días de fiesta á los habitantes del campo, y los casinos se llenan de labradores; y, si el improvisador cruza las campiñas, encuentra las casas cerradas, y le ahoga la soledad. Ese poeta natural, que canta sin saber por qué, como la tórtola, como el ruiseñor, como el tordo; como ellos huye también de los pueblos, de los tejados, de las chimeneas. Por eso concluye esa raza de inspirados; porque les falta aire, aire puro.

Uno de los últimos ejemplos de ese tipo especial era el sujeto que llegó. Le daban la apariencia de unos sesenta años las arrugas de su rostro y la melena casi blanca; pero la viveza de los ojos y la expresión de las facciones denotaban un espíritu aun en vigor. Llevaba el anciano el ancho calzón de montañés antiguo, el chaleco solapa, y la chaqueta corta de pechera guarnecida de muchos y pequeños botones. Usaba zapatos blancos de punta estrecha y un poco levantada, y sombrero negro de felpa con anchas alas. De un bolsillo de la chaqueta asomaban las puntas de un pañuelo, y del otro la caña de la pipa.

Pedro José sacó un taburete al recien llegado, y el amo le hizo amistosa recepción.
— Me alegro de veros en mi casa; toda Mallorca sabe que sois un gran improvisador.
— Sólo tengo un poco de alegría que Dios me da á ratos. Por aquí hay cosa buena.
Añadió mirando á las muchachas.
— ¿Os gustan aún? — Le preguntó Pedro José.
— Pero sin malicia. Ya ves, soy soltero.
— Pues hombre, animarse, que aquí hay en dónde escoger.

El improvisador, ladeándose un poco el sombrero, dijo:

Homo qui' s casa de vey
ab al-lota jovençana,
Si 'n son cap s' alça un cabey,
ab sa pinta no l'aplana.

Traducida la cuarteta, dice: «Hombre que á la vejez se casa con una joven, si se le eriza un cabello, no lo dobla con el peine.»

Los hombres aplaudieron. El improvisador miraba uno por uno á todos, sacando con lentitud la pipa y la bolsa del tabaco, que era de piel de foca.
— Otra copla, gritó la concurrencia, mientras el Sen Tomeu (1. Sen es un tratamiento de respeto que se da a la ancianidad, derivado de la palabra latina "senex") atacaba con el dedo gordo el morterete de la pipa.

—Pues allá va:

Si vuy treure sa querella,
sas corrióles untaré;
sas gloses no surten be
sense untar sa gargamella.

«Si quiero sacar triunfante la querella, untaré las garruchas; las coplas no corren bien sin untar la garganta.»

El entusiasmo rayó en delirio, como dicen los gacetilleros.
— Tiene razón el Sen Tomeu, exclamó el amo. Sacad el refresco.

Mientras llegaba, se reanudaron las conversaciones, suspendidas por las cuartetas del improvisador; y, dirigiéndose á éste, el amo Mateo le dijo:
— ¿Por qué no recitáis las coplas cantando, como lodos los improvisadores del país?
— Porque hice voto de no cantar más en mi vida. Cuando alzo la voz, me parece que me oye alguien que descansa, y me entristezco. A medida que pasa el tiempo, bajo más la voz, y no la levantaré: primero dejaría de improvisar.
— Bien mirado, me gusta más una improvisación recitada que cantada; pero sois el primero ...
— Y el último. Dijo con tono equívoco y sombrío el anciano.

[...] Unos se levantaban, otros se sentaban; se formaron y deshicieron grupos, y en esos instantes de anarquía, algunos admiradores del genio rodearon al improvisador, que correspondía con cierta frialdad, por estar mirando á Catalina, para quien tal vez elaboraba una improvisación.

Cuando vio á la joven, que, distraída sin duda, se adelantaba hacia donde no había nadie, en actitud de ofrecer confites de la bandeja, se fué á ella, y muy de cerca y en voz muy baja le dijo:

Jove que dona un confit
allá hon no hi ha negú,
devant ella veu qualcú
qu' habita dins el seu pit.

Bueno, la secuencia es un poco larga para copiarla toda. Pero creo que queda en parte en esta historia contada por un escritor costumbrista, la creencia de que se estaba produciendo en ese final del siglo XIX un cambio profundo de las costumbres tradicionales. Actualmente está reviviendo esta actividad que realizan los glosadores, improvisando versos populares y la literatura queda como testigo de lo que pudo desaparecer.

Comentaris

Afegeix un comentari
 
Accessible and Valid XHTML 1.0 Strict and CSS
Powered by LifeType - Design by BalearWeb - Administrar