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Juan Palou y Coll: 'La campana de la Almudaina'

fabian | 22 Novembre, 2011 16:55

La historia de hoy me lleva al teatro del siglo XIX, época en que el teatro era mucho más que una distracción y que hoy, tras el cine y la TV, apenas entrevemos sin poder darnos cuenta de su importancia cultural y , también, social.

El Teatro Principal de Palma era llamado en el siglo XVII "Casa de las Comedias". Es un edificio que ha tenido múltiples restauraciones. En 1858, con el nombre de "Teatro de la Princesa" fue reabierto y se representó la ópera Macbeth, con música de Verdi basada en la obra de mismo título de Shakespeare; pero en la quinta representación, se incendió el teatro, con lo que volvió a estar en obras, aunque esta vez no por mucho tiempo, pues en 1860, y ahora con el nombre de "Teatro Príncipe de Asturias" (nombre que le duraría 8 años) se reabrió con la presencia de la Reina Isabel II y la representación de la obra "La campana de la Almudaina" del político y dramaturgo mallorquín Juan Palou y Coll (1828 - 1906).

Dejo la palabra a Miguel de los Santos Oliver quien, hablando de la Crítica Literaria de Guillermo Forteza, pasa a hacerlo sobre la obra de Palou y Coll:

Nada tendrá, ni ha tenido que descontarse todavía de la colección de sus obras [de Guillermo Forteza], editadas ahora sólo en la parte crítica, ni aun de aquellos artículos en que con tanta facundia y habilidad se ocupaba de "La campana de la Almudayna" o de "La espada y el laúd", con motivo de su estreno, y ponía en su punto el mérito, por todos los contemporáneos reconocido, de su amigo del alma don Juan Palou y Coll. Puede decirse que entre todos los poetas baleares es el único cuyo nombre ha logrado traspasar los límites del archipiélago, merced al éxito embriagador que alcanzó en Madrid el primero de aquellos dramas, no por solitario menos grandioso. Recuérdase aún con entusiasmo aquella noche del 3 de noviembre de 1859, en que un verdadero delirio se apoderó del público, y para buscar un triunfo semejante en nuestra escena, tendríamos que remontarnos hasta el estreno de Los amantes de Teruel El drama, junto con el nombre del autor, recorrió todos los teatros de la Península y muchos de la América española y llegó a las aldeas y a los pueblos más humildes, merced a esa fuerza expansiva del género dramático, que es el que de un modo más directo y plástico pone en comunicación al poeta y las masas. La vida de Palou y Coll se reconcentra en "La Campana de la Almudayna". A raíz de su representación la crítica lo examinó con toda prolijidad y la prensa repercutió los ecos de la victoria alcanzada por el antes obscuro joven. Las plumas más notables de aquel período, incluso la del conceptuoso Selgas, se movieron estremecidas por la mágica vibración de "La Campana". Su popularidad, su prestigio, su encanto han llegado hasta nosotros y han dominado incluso en estos días. Fuera, por tanto, tarea tan excusable como fatigosa para el lector la de detenernos en un extenso análisis, cuando se trata únicamente de exponer el desenvolvimiento general de la literatura contemporánea en Mallorca. [...]

Conviene, antes de pasar a otro punto, esclarecer un concepto que ha sido olvidado, injustamente en mi sentir, por cuantos han tratado de "La campana de la Almudayna", incluyendo al mismo Guillermo Forteza. Me refiero al ambiente local, a la fisonomía inconfundiblemente mallorquína del hermoso drama. Acaso los espíritus formularios, que sólo reparan en lo expreso y jamás en lo substancial y latente, han considerado a Palou desligado de toda influencia particularista, y puede que acierten si se limitan a negar el propósito deliberado de seguirla. Mas, por ligero que sea el examen, por somera que resulte la atención prestada a sus escenas, dejando a una parte el vigor dramático, el espectador mallorquín se halla en la plena atmósfera de su tierra, aspira el aroma de sus jardines, siéntese arrullado por el aire de sus ruinas y percibe el eco que retornan sus monumentos. Suenan allí gratamente los apellidos de nuestra crónica y parece que la voz de Mallorca se pierde en lontananza con la fuerza sugestiva del coro en la tragedia griega. Este encanto bastaría por sí sólo a redimirle de las faltas históricas. Si hay infidelidad manifiesta en la manera de presentar los sucesos, hay en cambio el espíritu verdadero de la raza que por cada verso canta y transpira.

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  • Título La Campana de la Almudaina, Drama original en 3 Actos y en Verso
  • Autor Juan Palou y Coll
  • Edición 2
  • Editor J. Rodriguez, 1859
  • Procedencia del original Biblioteca Estatal de Baviera
  • Digitalizado Google Books 6 Sep 2010
  • N.º de páginas 75 páginas

El comentario de Miguel de los Santos Oliver sobre "La Campana de la Almudaina" contiene un párrafo muy largo en relación a los acontecimientos que la obra dramatiza, sobre su historicidad. Se encuentra en la página 139 de su libro La literatura en Mallorca.

Otras dos obras escribió Juan Palou y Coll. Si "La Campana" había sido publicada y estrenada en 1859, "La espada y es laúd" lo fue en 1865 y, años después, en 1901, "Don Pedro del Puñalet".

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  • Título La Espada y el Laud: Drama original en tres actos y en verso
  • Autor Juan Palou y Coll
  • Editor Imp de José Rodriguez, 1865
  • Procedencia del original Biblioteca de Catalunya
  • Digitalizado Google Books 11 Nov 2009
  • N.º de páginas 92 páginas

Desaparece tal carácter, por la índole propia del asunto, en su segundo drama "La espada y el laúd", con tan habilidoso análisis defendido por el autor de las "Aspiraciones cristianas contra el desvío del público", que, si no puede fundarse en la inferioridad de la obra de Palou y Coll respecto de las que entonces abastecían la escena española, se justifica en cierto modo junto a "La campana" por lo que se refiere a la brillantez y felicidad de la invención, aunque hubiese ganado en profundidad psicológica el talento dramático del autor. El ambiente mallorquín vuelve a aparecer en el drama, todavía inédito, "Don Pedro del Puñalet" (del cual no nos parece lícito que se hable antes del estreno, según la costumbre admitida) y en las escasas poesías que Palou ha escrito, como avaricioso de desperdigar su vena esencialmente teatral por cauces que no se prestan tal vez a encerrarla de un modo completo. Con lo que tiene hecho el simpático dramaturgo, deja adivinar lo que hubiera podido hacer entrando de lleno en la región encantada de la gloria, cuyas puertas, en plena mocedad soñadora, tan de par en par se le abrieron. Los afectos domésticos y el amor al terruño natal le retuvieron en Palma, cuando sentía la vocación de un género literario, tal vez el único incompatible con la vida provinciana. Y en efecto, no sé qué de raramente generoso y desprendido encuentro en esta como renuncia de las tentaciones de la fama y del encumbramiento, tan fáciles de poseer por quien como Palou ya los tenía conquistados, que la abnegación del hombre, ante mis ojos, se pone al nivel del mérito del escritor.

Miguel de los Santos Oliver: La literatura en Mallorca.

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