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Por tierras de Castilla

fabian | 17 Octubre, 2011 17:35

Tras el viaje, cansancio. Hotel en las afieras de Salamanca. Dicen que Castilla (la llamada antiguamente "La Vieja", de ocho provincias), tiene once catedrales. Si cinco días (no cuento dos días dedicados al transporte) hemos estado, habrán sido seis o siete las catedrales visitadas: Salamanca (2), Valladolid, Zamora, Ciudad Rodrigo, León.

Campos de Castilla. Tierras onduladas, horizonte sinuoso. Trigo; trigales ya segados de amarillo dorado; una encina solitaria; en algún lugar, una corta hilera de álamos señalan una corriente acuosa. Cielo azul y tierra dorada. Pueblos alejados que muestran la espadaña de su iglesia con los nidos de cigüeña en las alturas.¿Cómo no recordar a Azorín, a Machado, describiendo estas tierras? ("álamos del amor cerca del agua / que corre y pasa y sueña, / álamos de las márgenes del Duero, / conmigo vais, mi corazón os lleva!" Antonio Machado: Campos de Soria)

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Las ciudades, no muy grandes, de alrededor de 150.000 habitantes muestran desde lejos las agujas de sus catedrales. Multitud de iglesias, algunas, pocas, ya en Zamora y León, románicas, de gruesos muros apoyados en contrafuertes, y ventanas como saeteras; oscuras y apacibles en su interior, refrescantes frente a la calor de estos días y cuya ausencia de imágenes contrasta con la riqueza de las catedrales góticas de amplios ventanales y exceso de imaginería.

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Fray Luis de León en la Universidad de Salamanca

Plazas mayores rectangulares, con los ayuntamientos en un lado, soportales repletos de terrazas donde la cerveza o el vino está presente. Valladolid se ufana de haber tenido la primera plaza. Un incendio destruyó las sinuosas calles gremiales y se crearon las calles rectas, de tiralíneas.

En Salamanca aún resuenan las voces de Fray Luis de León, de Unamuno "Como decíamos ayer", tras haber pasado unos años en prisión o en el exilio, en su regreso a la Universidad. En una esquina de la plaza mayor, en las escalas a una iglesia, los estudiantes utilizan sus ordenadores portátiles aprovechando el acceso a Internet de un banco cercano.

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Piedra. Oda de la piedra labrada; pórticos catedralicios de ángeles y figuras bíblicas. Maravillas de los artesanos. Ya en las sillerías de los coros, de preciosas maderas talladas, ya en los cánticos de la piedra, extrañas figuras.

En León, sentada sobre un banco, una figura dibuja. Sombrero calado y, junto a él, una paloma. Como en todas las ciudades, los tiempos dejan huella. Representa a Gaudí dibujando el edificio que ahora vemos frente a él, la Casa Botines.

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Escultura de Gaudí

La memoria es débil. Hacia Zamora y Ciudad Rodrigo el paisaje cambia, ya los verdes se expanden en encinares; es la dehesa donde se cría el cerdo negro. Una cadena montañosa nos separa de Extremadura. Igual ocurre hacia Ávila, provincia que atravesamos, junto con Segovia en camino hacia Madrid. Ya robles, abetos, pinos; macizos de piedra granítica. Ya no son los horizontes ondulados de tierra de pan llevar, pero son estas inmensas tierras, de rastrojos dorados, con una encina solitaria, las que, en su desnudez, en su despoblación continuada, con sus cigüeñas en las espadañas de las antiguas iglesias, las que marcan la memoria de este viaje.

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