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Rosselló Pòrcel: El Eco de Colom

fabian | 15 Maig, 2014 11:45

Inicia Rosselló Pòrcel el segundo verano dedicado a tratar sobre la prensa de Mallorca con la del Trienio Liberal (1820 - 1823). En el año 1820 hay una explosión de prensa ya que se restablece la libertad de expresión y el Rey Fernando VII jura la Constitución de Cádiz. No toda la prensa de este período (conocida gracias a Bover) ni existe ni está digitalizada, ya que tras este corto período liberal, la represión quemaría la prensa liberal de estos años

En dos artículos he tratado este período: Del 'Sexenio absolutista' (1814 - 1820) al 'Trienio liberal' (1820 - 1823). Prensa y El 'Correo constitucional, literario, político y mercantil de Palma' (1820 - 1823), donde recojo la información que da Bover sobre la prensa de este período y sobre El Eco de Colom, protagonista de este artículo.

Periodismo en Mallorca

El Eco de Colom

XII

Había empezado a salir este diario en el año 1820. Cesó en su publicación y en 15 de junio de 1822 comenzó su segunda y última época terminada en 31 de enero de 1823. Publicó 198 números. Lo imprimió Domingo García y constaba de ocho páginas regularmente; casi nunca publicaba extraordinarios o suplementos a no ser por razones polémicas. La suscripción mensual era de 12 reales de vellón y se vendía en la plaza de Cort, librería de Carbonell y en su propia imprenta. Era su lema el siguiente: Nos animat Patria libertas et dulcís amenae libertatis amor. Estas palabras y las que publicara en uno de sus primeros números nos darán su filiación política. Decía: «Defender con noble y majestuosa grandeza la libertad y los derechos del hombre es una de las más sagradas obligaciones del escritor público.» «Todo debe arrostrarse con gusto para conservar el caro y precioso titulo de hombre libre.» Su título nos indica también claramente su significación: El Eco de Colom, de Joanot Colom, del gran rebelde mallorquín, según los redactores del diario debía excitar la dormida sensibilidad política del pueblo de Mallorca, debía convertirle en liberal. Esta es la palabra. El Eco de Colom vivía pues en un medio hostil a su personalidad. El pueblo no respondió nunca a sus excitaciones; al contrario cuando por segunda vez se vio derrumbado en España el sistema constitucional, las turbas enfurecidas registraron las casas de los liberales y quemaron todas las colecciones que encontraron. Fue, en verdad, un registro minucioso. Muy pocas colecciones se salvaron. De la primera época no quedó ni un solo ejemplar. De la segunda conocemos una colección completa existente en la Biblioteca Municipal, colección que perteneció a la magnífica hemeroteca mallorquína que poseyera don Jaime L. Garau. Lo redactó, según Bover, don Francisco Mendialdua que dirigió más adelante en Madrid El Eco del Comercio.

Era El Eco de Colom un periódico esencialmente político, perseguía casi exclusivamente un objeto: conseguir establecer para siempre en España la Constitución de Cádiz, desterrar el absolutismo. Por esto su noticiario se reduce a dar al lector noticias de política y a comentarlas de acuerdo con sus ideas. Las nuevas del extranjero eran publicadas con un mes de retraso, las nacionales quince días después de haber tenido lugar los hechos que relataban. Con frecuencia las noticias se copiaban y extractaban de los diarios madrileños inmediatamente después de su llegada. Si eran noticias importantes o contenían algún triunfo de la causa liberal se publicaban con grandes titulares, cosa poco frecuente dado el tamaño reducido de El Eco. Así cuando, por ejemplo, sube al poder un ministerio liberal dan la noticia de la siguiente manera: «Para satisfacción de los buenos y desengaño de los serviles nos apresuramos con gusto a publicar la lista de los patriotas que han sido nombrados para el ministerio.» Se adivina en este y en otros muchos casos la fruición que el redactor experimenta con la nueva feliz. En 10 de septiembre de 1822 publican, con grandes letras, lo siguiente: «Rasgo de justicia. También al verdugo azotan.» Ha sido condenado a muerte en Valencia el general Elio, traidor a la Constitución. Se reciben también noticias por carias particulares y se imprimen indicando su procedencia. También se pueden leer en El Eco las sesiones de Cortes y las notas, largas a veces, de cuerdas de presidiarios que son conducidos a Canarias, África o Baleares, ya que nuestras islas fueron tenidas durante largo tiempo como destierro peor que el siberiano de los zares y que desde Jovellanos hasta fines del siglo XIX fueron muchos los que pagaron sus delitos políticos en Mallorca.

Pero la parte más importante de El Eco de Colom la constituyen, como hemos dicho, sus artículos políticos, que como en toda la prensa de la época se dividen en comunicados y no comunicados. Los primeros son casi siempre de polémica, pero no de polémica doctrinaria y pacífica sino violentos y ofensivos en ocasiones. En las dos últimas páginas de El Eco se discute todo y de todo, bajo los más extravagantes seudónimos. Los insultos, las quejas, las reclamaciones, las preguntas intencionadas se suceden diariamente unas a otras. A veces el diario no basta a tanta carta de defensa y ofensa y se publican suplementos, expresamente. Los editores ponen también su poco —muy poco en realidad— en la batalla. Publican entre los comunicados una sección nombrada susurros de la que vamos a dar dos muestras. He aquí un susurro típico: «Plaza de Cort. ¡Qué modo de charlar! Vaya, ¡no se puede sufrir tanto dicharacho! ¿Pues no dicen que los serviles, anilleros y pasteleros se protegen mutuamente y que los liberales están dormidos? ¡Esto es mucho! Que los picaros se protejan, ¡pase!; pero que los liberales duermen, eso, ¡ni con chocolate!; los hijos de la patria no sufrirán jamás una maldad; primero morir en la demanda.» He aquí otro ejemplo: «Pregunta suelta. ¿Hay jubileo en el Castillo de Bellver? ¿A qué diablos tanta gente va allí? Cuando el río suena agua lleva... ¡Ojo! Van a honrar la memoria de Lacy.» La explicación de este suelto es la siguiente: el célebre padre Ferrer, editor del Diari de Buja promovía todavía escándalos con sus insultos a los liberales. Publicó, por entonces, un folleto titulado Espíritu y bondad, pero mal uso de la Constitución, que fue inmediatamente denunciado a la Junta de Censura por los liberales El autor fue condenado a presidio que debía cumplirse en el Castillo de Bellver; allí fue visitado por sus amigos, numerosos por cierto, y el hecho promovió la nota de El Eco.

Los artículos doctrinales no son muy numerosos. Los hay sobre sociedades secretas, sobre política absolutista, entonces llamada anillera o pastelera: sobre conspiraciones anticonstituaonales, la del 7 de julio, por ejemplo, el asesinato de Landáburu, la perfidia del rey, el temor a la pérdida de la libertad excita enormemente a los liberales de Mallorca y llena páginas y páginas de El Eco. Las poesías satíricas, de ingenio algo burdo sin caer en la grosería, son notables por su sinceridad. Hemos copiado algunas estrofas. He aquí la primera de una «Canción del Londito Constitucional, vestido de verdades amargas»:

La Constitución de España
es un código de leyes
que protege a la Nación.
Y no la quieren los reyes,
ay londito, londito, londón,
porque no pueden mandar
como hasta aquí se mandó, etc.

Canciones como esta, parecida por su forma al conocido «Trágala», eran después cantadas por las calles de la ciudad por grupos de jóvenes que promovían con ello fuertes escándalos. He aquí otra típica letrilla titulada «Las suposiciones o el trágalo todo»:

Todos debemos creer
que el rey espontáneamente
juró el código vigente
porque buen rey quiso ser.
Mas si llegamos a ver
a sus guardias conspirando
a su familia tramando
y aún él mismo consentir
¿Qué podremos inferir?
No sé.- Pues vamos tragando.

Vemos con esta clase de poesías que el elemento liberal del trienio intentó acercarse a la masa popular aunque no lo lograra. Los constitucionalistas del 12 eran más doctrinarios, más elevados, habían bebido directamente en las fuentes de la Enciclopedia y de la Revolución. Se mantuvieron siempre aristócratas. En 1812 asistimos al primer acercamiento entre los directores y el pueblo, en Mallorca. Durante bastantes días publicó El Eco encabezando su primera página unas «Letrillas consolatorias». No resistimos, a trueque de cansar al lector, a la tentación de copiar dos de ellas. Dice la primera:

Los males de nuestra patria
a su colmo van llegando
y ya de Constitución
solo el nombre va quedando.
Somos sí, libres de boca
y en la realidad esclavos.
Pero esto qué importa? Nada.
Moderación, ciudadanos.

Y la segunda:

Existe en el Pirineo
un ejército gabacho
que diz que pronto vendrá
a reducimos a esdavos.
Y el gobierno? ¡Se hace el tonto!
y quiere que lo seamos.
Mas esto qué importa? Nada.
Moderación, ciudadanos.

Se nota en esos versos angustiosos lodo el dolor de quienes contemplaban la falacia de los de arriba y la estupidez de los de abajo. Y sin embargo, la idea republicana no aparece sino muy débilmente, con medias palabras, imperceptible, en algún número de El Eco. Los liberales del trienio, al menos públicamente, eran todos monárquicos. Fueron necesarias muchas experiencias para que en el siglo XIX las izquierdas cambiaran sus preferencias hacia otro régimen.

Los anuncios son escasísimos. Tan solo el librero Carbonell, infatigable, sigue en su propaganda. He aquí cómo hace el elogio de un libro de los que vende: "El Confesionario de los Penitentes Negros". Esta obrita manifiesta la escandalosa conducta de la Inquisición y su infernal modo de enjuiciar, sus tramas y demás iniquidades anexas y conexas al mismo tribunal.» La infantilidad del anuncio está en clara consonancia con la del diario en otros muchos aspectos.

El Eco de Colom combinó su publicación con la del Correo Constitucional, Literario, Político y Mercantil de Palma y con El Atleta de la Libertad. De estos diarios hablaremos en el próximo artículo.

B. Rosselló Pòrcel

El Día, 19 de Julio de 1931.

El Eco de Colom no se encuentra digitalizado.

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