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Miguel de los Santos Oliver en 'La Vanguardia'. Año 1910

fabian | 30 Abril, 2013 15:48

En 1910, Miguel de los Santos Oliver culmina la larga serie de artículos "Escritores catalanes en castellano" (15 artículos). La conmemoración del centenario del nacimiento de Balmes le incita a publicar la serie "Recordando a Balmes" que, a sus cinco artículos debiéramos añadir el de "Un colaborador de Balmes", dedicado a Quadrado y en el que indica su malestar ante la pobre celebración: "Triste conmemoración".

Con referencia a Mallorca está el artículo "La vida provincial". También aparecen algunos personajes relacionados con la isla, como el ya nombrado de Quadrado, el de "Rusiñol", "Periódicos viejos" en el que nombra a Furió y el de Chopin. De ellos, sólo el de Rusiñol entrará en sus volúmenes de "Hojas del Sábado", ya que en este libro, con referencia al pianista, recoge una conferencia que dio en Palma.

Los artículos de Miguel de los Santos Oliver publicados en La Vanguardia en el año 1910 son:

  • 01/01/1910 La sociabilidad y el patriotismo en la escuela
  • 08/01/1910 La sociabilidad y el patriotismo en la escuela II
  • 15/01/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano V
  • 22/01/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano VI
  • 29/01/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano VII
  • 05/02/1910 Prefacio de una traducción Un hombre genial: Hello
  • 12/02/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano VIII
  • 19/02/1910 De otra época Zorrilla
  • 26/02/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano IX
  • 05/03/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano X
  • 12/03/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano XI
  • 19/03/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano XII
  • 26/03/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano XIII
  • 02/04/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano XIV
  • 09/04/1910 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano XV
  • 16/04/1910 Sin artículo
  • 23/04/1910 De Chopin en España
  • 30/04/1910 La fiesta de mañana (Juegos florales)
  • 07/05/1910 Figuras y comentarios / Rusiñol
  • 14/05/1910 Divagaciones / Ambiente de cultura
  • 21/05/1910 Divagaciones / De la ineficacia del publicista
  • 28/05/1910 Divagaciones / Recordando a Balmes
  • 04/06/1910 Divagaciones / Recordando a Balmes II
  • 11/06/1910 Divagaciones / Recordando a Balmes III
  • 18/06/1910 Divagaciones / Recordando a Balmes IV
  • 25/06/1910 Divagaciones / Recordando a Balmes y V
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Miguel de los Santos Oliver en 'La Vanguardia'. Año 1909

fabian | 29 Abril, 2013 11:13

En el año 1909 aparecen varios artículos de Miguel de los Santos Oliver relacionados con Mallorca: "Juan Alcover", "La vida oscura" sobre Antonio Noguera; "La leyenda de un príncipe", referido al Archiduque de Austria; "Un concierto en las grutas de Artá"; "Un nuevo busto", referente a Marian Aguiló; "Mateo Obrador"; "El valle del azahar" (Sóller); "Leyenda y paisaje" (Miramar); "La sensación de Palma"; "La maravilla subterránea". Todos ellos, salvo el último, recogidos en el primer volumen, "De Mallorca" de sus "Hojas del Sábado".

En este año, a finales de julio, se produce la llamada Semana trágica en Barcelona. No recuerdo ahora la fuente que señalaba que estos trágicos acontecimientos causaron un fuerte impacto en Oliver que se plasmó en un cambio de actitud hacia la ciudad provinciana, como Palma a la que Oliver consideraba aburrida, sin vida, y que dejó de considerar envidiable la vida en la gran urbe. También parece que a partir de ella, Oliver prefiere los temas literarios e históricos, rehuyendo la actualidad del momento.

Los artículos publicados por Miguel de los Santos Oliver en La Vanguardia en el año 1909 son los siguientes:

  • 02/01/1909 Las horas y los días / Espantos milenarios
  • 09/01/1909 Las horas y los días / Un libro y una divagación (de Zorrilla "Últimos versos")
  • 16/01/1909 La instrucción y su objetivo
  • 23/01/1909 Las horas y los días / Sobre la influencia
  • 30/01/1909 La ola sangrienta
  • 06/02/1909 Las horas y los días / Juan Alcover
  • 13/02/1909 Las horas y los días / Los muertos mandan ... (Blasco Ibáñez)
  • 20/02/1909 Un problema planteado por el radium
  • 27/02/1909 Libertad?
  • 06/03/1909 Las horas y los días / De Edgardo Poe
  • 13/03/1909 El regionalismo malo
  • 20/03/1909 Las horas y los días / La vida oscura [Noguera]
  • 27/03/1909 Industriales y agrarios
  • 03/04/1909 Libertad sin contenido
  • 10/04/1909 Las horas y los días / La leyenda de un príncipe [Archiduque]
  • 17/04/1909 Las horas y los días Del homenaje (a Guimerá)
  • 24/04/1909 Las horas y los días / Un concierto en las grutas de Artá
  • 01/05/1909 El espíritu del tiempo
  • 08/05/1909 Las horas y los días / Un nuevo busto (Marian Aguiló)
  • 15/05/1909 Las horas y los días / De "floralismo"
  • 22/05/1909 Del homenaje a Guimerá / Una traducción inédita
  • 29/05/1909 Entre dos Españas / Las dos revoluciones
  • 05/06/1909 Las horas y los días / Mateo Obrador
  • 12/06/1909 Las horas y los días / Del cincuentenario de "Mireio" (Mistral)
  • 19/06/1909 Un tributo a Menéndez y Pelayo I
  • 26/06/1909 Un tributo a Menéndez y Pelayo y II
  • 03/07/1909 El arraigo del Jurado
  • 10/07/1909 Las horas y los días / El reino de lo superfluo (congreso de poesía)
  • 17/07/1909 Algo sobre los orígenes de nuestro régimen parlamentario I
  • 24/07/1909 Algo sobre los orígenes de nuestro régimen parlamentario II
  • 31/07/1909 Sin artículo
  • 07/08/1909 Algo sobre los orígenes de nuestro régimen parlamentario III
  • 14/08/1909 Algo sobre los orígenes de nuestro régimen parlamentario y IV
  • 21/08/1909 De mi tierra / El valle del azahar [Sóller]
  • 28/08/1909 El gran sofisma
  • 04/09/1909 De mi tierra / Leyenda y paisaje [Miramar]
  • 11/09/1909 La margravina de Bayreuth [sin firma]
  • 18/09/1909 Las dos opiniones
  • 25/09/1909 El Laoconte de la política
  • 02/10/1909 De mi tierra / La sensación de Palma
  • 09/10/1909 Notas traspapeladas / Sobre el gran libro (Quijote)
  • 16/10/1909 Notas traspapeladas / Sobre el gran libro II (Quijote)
  • 23/10/1909 Notas traspapeladas / Un proceso de capa y espada I (Cervantes)
  • 30/10/1909 Notas traspapeladas / Un proceso de capa y espada II (Cervantes)
  • 06/11/1909 Del homenaje a Llorente Entre dos edades
  • 13/11/1909 De mi tierra / La maravilla subterránea
  • 20/11/1909 Coloquios provinciales / Un poco de introito
  • 27/11/1909 Opiniones
  • 04/12/1909 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano
  • 11/12/1909 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano
  • 18/12/1909 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano
  • 25/12/1909 Paréntesis literarios / Escritores catalanes en castellano
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Miguel de los Santos Oliver en 'La Vanguardia'. Año 1906

fabian | 25 Abril, 2013 18:12

Es en 1906 cuando Miguel de los Santos Oliver empezará su trabajo en "La Vanguardia" tras haberlo hecho en el "Diario de Barcelona". El primer artículo que he encontrado data de los primeros días de agosto. Prácticamente la totalidad de artículos de este año 1906 tratan el tema político de una manera ilustrada.

  • 04/08/1906 Impulsivos y discursivos
  • 11/08/1906 Política en grande (ante la aprobación del proyecto de constitución del Transvaal en Londres)
  • 18/08/1906 Sugestiones y lecturas / Hacia un ideal I ("El histrionismo español" de Eloy Luis André y otras muchas lecturas)
  • 25/08/1906 Sugestiones y lecturas / Hacia un ideal II
  • 01/09/1906 Sugestiones y lecturas / Hacia un ideal III
  • 08/09/1906 Sugestiones y lecturas / Hacia un ideal V
  • 15/09/1906 Sugestiones y lecturas / Hacia un ideal VI
  • 22/09/1906 Sugestiones y lecturas / Hacia un ideal VII
  • 29/09/1906 Sugestiones y lecturas / Hacia un ideal (y VIII)
  • 06/10/1906 Sugestiones y lecturas / Hacia un ideal (Apéndice)
  • 13/10/1906 El Congreso de la lengua catalana y la Exposición bibliográfica
  • 20/10/1906 La espingarda (sobre el Euskera y Unamuno)
  • 27/10/1906 El español ausente (que no se da cuenta de la situación política)
  • 03/11/1906 Un pueblo abandonado (impresiones al pasear por Tamarit)
  • 10/11/1906 Contra el "oasis"
  • 17/11/1906 Después de la Asamblea
  • 24/11/1906 La Academia y Menéndez y Pelayo
  • 01/12/1906 La crisis del asombro
  • 08/12/1906 Españolerías francesas
  • 15/12/1906 El concepto de la producción
  • 22/12/1906 La equivocación
  • 29/12/1906 Nada de protestas
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Miguel de los Santos Oliver en 'La Vanguardia'. Año 1907

fabian | 25 Abril, 2013 15:12

Los artículos de Miguel de los Santos Oliver publicados en La Vanguardia en 1907 girarán especialmente sobre "la cuestión catalana" y su enfrentamiento con España. Este tema recogerá la mayoría de los artículos de este año. La conmemoración del séptimo centenario del rey Jaime I de Aragón será recogida en un par de artículos. Con mayor amplitud de escritos, Oliver iniciará la serie "La literatura del desastre" referida a las consecuencias de la guerra España EE.UU. de 1898 y la llamada "regeneración española".

En referencia a Mallorca aparecen artículos sobre Costa y Llobera y Pedro de Alcántara Peña.

  • 05/01/1907 La acción de Cataluña
  • 12/01/1907 Paréntesis literarios / A propósito de un poema (Ruyra: "El país de Pler")
  • 19/01/1907 Sin artículo
  • 26/01/1907 La muerte de un partido (liberal)
  • 02/02/1907 La preocupación anti-americana
  • 09/02/1907 Paréntesis literarios / Costa y Llobera
  • 16/02/1907 La verdadera esperanza
  • 23/02/1907 El centenario de Jaime I
  • 02/03/1907 Otra generación
  • 09/03/1907 La cuestón electoral
  • 16/03/1907 Paréntesis literarios / Investigadores y eruditos (estudios históricos de Rubió)
  • 23/03/1907 Anomalías (sobre la opinión pública)
  • 30/03/1907 Textos antiguos (sobre textos políticos)
  • 06/04/1907 Conmemoración (Centenario Jaime I y restauración Juegos Florales)
  • 13/04/1907 Los grandes tópicos modernos / I Sobre el "literalismo"
  • 20/04/1907 Cultura, saber, elocuencia (Madrid - Cataluña)
  • 27/04/1907 Templanza
  • 04/05/1907 De la semana (El "gesto" de Moret; El 2 de Mayo)
  • 11/05/1907 Paréntesis literarios / Pedro de A. Peña
  • 18/05/1907 Días históricos / Camino de Madrid (Madrid - Cataluña)
  • 25/05/1907 Días históricos / En el Congreso
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Miguel de los Santos Oliver en 'La Vanguardia'. Año 1908

fabian | 24 Abril, 2013 18:20

Relación de los artículos que Miguel de los Santos Oliver publicó en el año 1908 en el periódico "La Vanguardia".

  • 04/01/ 1908 La política en 1907 y III
  • 11/01/1908 Un año más / El primer artículo
  • 18/01/1908 Paréntesis literarios / Larra
  • 25/01/1908 Paréntesis literarios / Larra II
  • 01/02/1908 Paréntesis literarios / Larra III
  • 08/02/1908 Paréntesis literarios / Larra IV
  • 15/02/1908 Paréntesis literarios / Larra V
  • 22/02/1908 Paréntesis literarios / Larra y VI
  • 29/02/1908 Otro libro de Galdós / Leyendo entre líneas (España sin rey)
  • 07/03/1908 Oposición caballeresca
  • 14/03/1908 (sin artículo)
  • 21/03/1908 Veinte años más tarde / 1888 - 1908 (Exposición Universal)
  • 28/03/1908 Otro centenario / Espronceda
  • 04/04/1908 Paréntesis literario / Verdaguer póstumo "Perles"
  • 11/04/1908 Sin artículo
  • 18/04/1908 Conversaciones sobre el Centenario / En Alemania y en España
  • 25/04/1908 De Bailén a Cabrera
  • 02/05/1908 Los Juegos Florales
  • 09/05/1908 En el Ateneo / Homenaje a Milá
  • 16/05/1908 Actividad política y actividad privada
  • 23/05/1908 De un aniversario (política)
  • 30/05/1908 Lecturas del Centenario / El "caso" de Godoy
  • 06/06/1908 Lecturas del Centenario / A moro muerto ... (Cayetano Soler)
  • 13/06/1908 La cuestión universitaria
  • 20/06/1908 Cosas de la vida / Final de un drama
  • 27/06/1908 Mirando a Zaragoza
  • 04/07/1908 Lecturas del Centenario / Los poetas: Meléndez
  • 11/07/1908 Ante un retrato (Rochefort)
  • 18/07/1908 Lecturas del Centenario / Sobre los afrancesados
  • 25/07/1908 Apostillas a un libro reciente (Royo Villanova: "El Problema Catalán")
  • 01/08/1908 Últimas apostillas a un libro reciente
  • 08/08/1908 Sobre la capitalidad
  • 15/08/1908 Una especie que se extingue (el cesante)
  • 22/08/1908 De mi excursión / A través de unos libros (Libros de viajeros)
  • 29/08/1908 De mi excursión / A través de unos libros II
  • 05/09/1908 De mi excursión / A través de unos libros III (Arago)
  • 12/09/1908 De mi excursión / A través de unos libros IV
  • 19/09/1908 De mi excursión / A través de unos libros V
  • 26/09/1908 De mi excursión / A través de unos libros VI
  • 03/10/1908 De mi excursión / A través de unos libros VII (Quadrado, Piferrer)
  • 10/10/1908 De mi excursión / A través de unos libros VIII (Chopin, George Sand, Laurens)
  • 17/10/1908 De mi excursión / A través de unos libros IX
  • 24/10/1908 Sin artículo
  • 31/10/1908 De mi excursión / A través de unos libros X
  • 07/11/1908 De mi excursión / A través de unos libros XI
  • 14/11/1908 El imperio de la opinión
  • 21/11/1908 De mi excursión / A través de unos libros XI
  • 28/11/1908 De mi excursión / A través de unos libros XII
  • 05/12/1908 De mi excursión / A través de unos libros y XIII
  • 12/12/1908 La nueva era
  • 19/12/1908 Las horas y los días / De Navidad a Reyes
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MS Oliver y Cervantes

fabian | 23 Abril, 2013 18:55

En este Día del Libro en que recordamos a Cervantes y a Shakespeare, anoto el aprecio que Miguel de los Santos Oliver tenía por el Quijote y su admiración por Cervantes. Escribo estas palabras a vuela pluma sin haber realizado una incursión seria por sus escritos, entre los cuales aparece la Revolución Francesa como un punto fundamental de su interés, con especial atención a Rousseau; y una atención preferente por varios escritores españoles, Cervantes, Zorrilla, Moratín.

Me convendría realizar un listado de los artículos publicados en La Vanguardia por Oliver. Es una lástima que "La Almudaina" no esté digitalizado y en Internet, la isla va muy atrás en estas cuestiones de la digitalización. A ver si me animo y realizo esos listados.

Una de las obras de Miguel de los Santos Oliver fue Vida y semblanza de Cervantes (1916), publicada por Montaner y Simón.

libro

En Octubre de 1909 publica dos artículos "Notas traspapeladas: Sobre el gran libro" (parte I y Parte II) en los que habla sobre las mujeres que aparecen en El Quijote.

Mas al lado de estas imágenes ó convencionales, ¡cómo se destaca esa otra población femenina de las criaturas de carne y hueso, ora nobles, ora truhanescas, que pertenecen á la zona cervantina bañada por el sol de la verdad y del humorismo! No busquemos una descripción minuciosa, preconcebida y formal de ninguna de ellas. Van surgiendo al desgaire, como cosa interior y de fluido, con simples rasguños de la pluma, con aparentes incoherencias, con simples trazos de evocación impresionista. [...]

¡Qué relieve no alcanza Maritornes creada en dos líneas como «moza asturiana, ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, del un ojo tuerta y del otro no muy sana!» ¡Cómo flotan y viven en la memoria de la humanidad las mismas figuras secundarías y de último término, correspondientes á tal estirpe, las Pelonas y Molineras de la venta de Juan Palomeque el Zurdo, la Aldonza Lorenzo vista por Sancho cribando candeal ó cabalgando en las pollinas y transformada por Don Quijote en excelsa Dulcinea del Toboso, cuyos dientes son perlas, cuyas mejillas rosas y cuya frente campos elíseos! Y del mismo modo las dueñas regañonas y entrometidas, las doñas Rodríguez, las campesinas forzadas, las simples viñetas y perfiles de un momento como Clara Perlerina ó la hija de Diego la Llana.

Del grupo que pudiéramos llamar serio y comedido, si bien nunca resulta ñoño ó santurrón, descuella en primer término Dorotea. Gentil y desenfadada, con sus cabellos rubios que descienden desatados hasta el tobillo, con su franca risa y su discreción, con los ardores de su mocedad, con la natural y llana explicación de su caída, resulta un tipo encantador de rica hembra, de salud vigorosa y entendimiento pulido, que lo mismo sabe manejar la rueca que tañer el arpa, tan rica de sangre como de simpatía y vitalidad. La misma Camila y, sobre todo, Leonela, su criada, en la novela del Curioso impertinente, pudieran haber sido adoptadas por el propio Shakespeare, así en virtud del germen italiano que tantas veces fecundó la mente del trágico inglés, como por la astucia y sagacidad que hacen relampaguear en ellas la mancomunidad del secreto y de la culpa.

Un año más la fiesta del libro que deja en mí un tono alegre ya que es una fiesta bonita. Pese a ello, me pregunto si celebramos otras fiestas sobre elementos necesarios, como pudieran ser la fiesta del agua o del alimento, y me inquieta pensar que aún no consideremos necesario el libro o la prensa o la información. O quizás sí, y quede esta diada al libro o a su comercialización como una reverencia a este objeto tan útil, necesario y conveniente.

M.S. Oliver y las Memorias del Dr. Orfila

fabian | 22 Abril, 2013 16:53

Desde 1918 a 1920, año de la muerte de Miguel de los Santos Oliver (1864 - 1920), fueron publicándose de dos en dos los seis volúmenes de "Hojas del sábado" que recogían algunos artículos seleccionados y ordenados por temas de los artículos publicados en La Vanguardia. Sus subtítulos fueron: 1. De Mallorca; 2. Revisiones y centenarios; 3. La herencia de Rousseau; 4. Comentarios de política y patriotismo; 5. Historias de los tiempos terribles y 6. Algunos ensayos.

Actualmente en Internet podemos encontrar dos de estos seis volúmenes. En archive.org se hallan el volumen 6 y el volumen 2.

En el tomo sexto recoge Oliver una larga serie de artículos bajo el epígrafe "Escritores catalanes en castellano". En el tomo segundo se encuentra el artículo que recogí sobre Rubén Darío.

Es en el volumen quinto "Historias de los días difíciles" donde Oliver coloca un artículo sobre un doctor nacido en Menorca: "Orfila, pensionado en París". No he localizado en la Hemeroteca de La Vanguardia este artículo, pero he hallado otro que reúne en sus palabras al doctor Orfila y, también, al científico Arago que estuvo en estas islas realizando mediciones sobre el meridiano de París y estuvo preso en el castillo de Bellver pocos días después de que fuera liberado Jovellanos.

De una conferencia

Las Memorias de Orfila

De la conferencia qoe dio anoche en la Cámara de Comercio el señor Oliver y en sustitución de su acostumbrado artículo, publicamos como muestra los siguientes fragmentos, creyendo que los lectores han de verlos con gusto por las noticias que contienen y al interés patriótico que entrañan:

*****

En los comienzos de la pasada centuria dos jóvenes nacidos en antiguas tierras catalanas, contando la misma edad, destinados á vivir los mismos años, llegan tempranamente á París y, por diversos azares de su vida, engólfanse en el estudio y acaban por incorporarse, de una manera absoluta, á los dominios de la celebridad universal. Su nombre resplandece en la portentosa constelación del primer imperio, salta, á cada página en las historias de la investigación, decora las lápidas de suntuosas vías y corona el frontispicio de anfiteatros y aulas académicas. Uno de estos jóvenes se llama Francisco Aragó y el otro Mateo Orfila.

Nació el primero en Estágel, cerca de Perpiñán, en la porción viviente de Cataluña arrebatada por el tratado de los Pirineos, el 26 de febrero de 1786; y el otro vio la luz en Menorca, día 24 de abril del año siguiente. Los dos murieron en París el mismo año, 1853, después de haber prestado á la humanidad el concurso inapreciable de sus luces y de haber añadido á los dominios del Conocimiento, largas regiones misteriosas y antes de ellos jamás exploradas.

Pues bien: estas dos vidas realmente ejemplares y gemelas, que requerirían la habilidad de Plutarco, tienen para nosotros extraordinario interés, mezcla de satisfacción y de humillación, de afrenta y de orgullo que se resuelven en no sé qué agridulce resabio de cosa que, á la par, satisface y disgusta. Porque si vienen á probarnos, con dos ejemplos simultáneos y eminentes, la potencialidad individual de nuestra raza para los superiores empeños mentales de esta época, recuerdan también la incuria colectiva y la hostilidad del medio que no dejan florecer aquí la flor de la originalidad pura: aquel poder de creación científica y, por decirlo en una palabra, de descubrimiento que nuestros hermanos y compatriotas saben alcanzar trasplantados á más propicio surco y bajo las presiones de una atmósfera más favorable.

De semejante conflicto ó lucha con el medio, la vida del doctor Mateo Orfila, sobre todo, nos ofrece una señalada representación que se relaciona, por otra parte, con uno de los esfuerzos más admirables y sostenidos, con una de las tentativas más sólidas que en tierras de España se hayan hecho nunca en sentido de la restauración y total aprovechamiento de las energías nacionales. Y ya habréis entendido que hablo de la ilustre y antigua Junta de Comercio de Barcelona.

Señores: una afortunada casualidad trajo no ha mucho á mis manos cierto manuscrito curioso, poco menos que desconocido y absolutamente inédito hasta hoy, que contiene las Memorias autobiográficas del doctor Orfila. El afán con que hube de leerlo, casi de un tirón, no importa decirlo á quienes conozcan mis aficiones por ese orden de literatura confidencial ó íntima y por el período histórico á que corresponden las Memorias expresadas. De las indicaciones que se me dieron antes, deduje la presunción de no hallar ahí más que notas incoherentes y casi ininteligibles, destinadas á ser extendidas más tarde por el propio autor, á quien la muerte habría arrebatado antes de llevarlo á término. Pero, desde las primeras páginas, comprendí que se trataba de una redacción definitiva, fluida, elegante y literaria, que es posible dar á las cajas sin más retoque; y aprecié también el interés vivísimo del manuscrito, á un lado y otro de los Pirineos.

Del lado de Francia, digo por la claridad que aporta á infinidad de cuestiones de su historia científica del siglo XIX; por la multitud de personajes famosos que cita; por la reforma de la Facultad de Medicina y creaciones de museos anatómicos, gabinetes y biblioteca que viene á reseñar; por la pintura de la vida de alta sociedad en loa primeros «salones» de la Restauración ó de la Monarquía de Julio, que Orfiía frecuentaba. Y de! lado de Cataiuña por las noticias que contiene acerca de su organización docente y el nivel de las enseñanzas técnicas, noticias que, en algún punto, toman el carácter de gloriosas revelaciones,

Mateo Orfila
Mateo Orfila y Rotger (1787 - 1853)

Á todo eso hay que añadir una riqueza episódica considerable y llena de amenidad, toda de cosas íntimas v vividas por el narrador: anécdotas de juventud, lindas viñetas y medallones de artistas, grandes damas y notabilidades parisienses, confidencias amorosas, incertidumbres de un porvenir obscuro. En suma: el diario de la conquista de París y de la reputación universal, por un mozo extranjero que salta de la diligencia, al llegar, «con una cavatina de ópera en los labios y cincuenta céntimos en el bolsillo», por todo recurso, previsión y patriotismo. Las Memorias de Orfila, cuando se publiquen, serán un documento precioso y nutridísimo para la ciencia y habrán de dejar muy atrás la Histoire de ma jeuneuse, de Francisco Aragó, incluida en sus obras completas, á la cual sobrepasan extraordinariamente en extensión y consistencia, ya que aquélla se contrae á un corto período y la que me ocupa abraza toda la existencia de Orfila y todos los acontecimientos universitarios y académicos de su época, hasta pasada la Revolución de 1848.

. . . . . . . . . .

Cerca de dos años pasó en Barcelona el futuro doctor Orfíla y hubiera estado aquí hasta terminar su carrera, si no le hubiese desviado de tal propósito el venturoso acontecimiento que se explicará. Aquí contrajo hondas amistades; aquí empezó á lucir sus condiciones mundanas de trato y buena figura que tanta parte tuvieron en sus éxitos de París; aquí consolidó su espíritu con la rigurosa disciplina del trabajo mental y lo adornó con las gracias y seducciones del arte, no cansándose de ponderar en distintos pasajes de sus Memorias el gusto de Barcelona por los buenos espectáculos ni de proclamarla una de las primeras ciudades musicales del mundo. Sus progresos en el dominio de la flauta fueron aplaudidos en saraos y tertulias y también aprendió aquí la guitarra, con la solidez y conciencia que ponía en todo, bajo la dirección de un maestro ciego, cuyo nombre no cita, pero de quien habla como de un músico prodigioso y eminente. Aquí comenzó, por último, la educación de su voz que, según el parecer unánime de sus contemporáneos, le convirtió en el primer barítono del mundo.

Y ahora no puedo resistir al deseo de referir uno de tantos episodios de amenidad como esmaltan esos recuerdos, haciéndolos singularmente atractivos. Explica la inolvidable impresión que le produjo el Teatro de la Santa Cruz. la primera vez que asistió á una de sus funciones. Hacían La Molinera astuta, obra del divino Paisiello; y la voz angélica de la «bufa» ó primera tiple, sus prodigiosas escalas y gorgoritos ó, como dice, petites roulades, dejáronlo hechizado y medio loco. Toda la noche la pasó en vela, tratando de hacerlas por sí mismo, vocalizando á media voz para no despertar á sus vecinos y compañeros de hospedaje. Así que clareó el día á las cinco de la madrugada, dirigióse á Montjuich, dejó por una vez la visita del Hospital y en la soledad de la montaña se entregó desenfrenadamente á sus complicados ejercicios. A las diez regresaba á Barcelona dominando correctísimamente aquellas florituras. ¿Quién sería aquella cantante que de tal manera logró conmoverle?... ¿Se trataría de Camila Guidi, de Marietta Giuliani, de Luigia Fuieschi, que figuraron en las temporadas de 1806 y 1807?

Decía antes que, sin un venturoso acontecimiento con el cual no contaba, se habría graduado de doctor en Barcelona, se habría vuelto á su isla, habría ejercido en ella y hubiera muerto después, asistido de una pequeña representación local. ¿Qué fue, pues, lo que le llevó á Francia y por qué extraño derrotero ó astucia de la suerte fue atraído allí? Esto es lo que las Memorias vienen á puntualizar y revelar en definitiva; y merced á ellas puede proclamarse hoy que el insigne toxicólogo no se dirigió á París por propio designio ni siguiendo una ambición: fue un presente, — involuntario sin duda, puesto que contaba restituírselo —, pero un presente valioso, que la benemérita Junta de Comercio de Barcelona hizo á la ciencia francesa y á la civilización.

Los elementos ilustrados que personificaban entonces el movimiento restaurador de Cataluña no tardaron en conocer las aptitudes del brillante menorquín. Al propio tiempo, la Junta trataba de ampliar el cuadro de sus enseñanzas y subvenciones enviando á Madrid de momento, y después á París, un joven á propósito para profundizar la Química con aplicación á las artes é industrias. Dos de los hombres más influyentes en la Junta, Gassó, su infatigable secretario, y el ilustre profesor de química, Carbonell, propusieron á Orfila sin vacilar, considerándolo la esperanza más sólida que presentaba la juventud. La designación quedó hecha inmediatamente y la pensión establecida en esta forma: 1.500 francos anuales durante cuatro años, dos de ellos en Madrid donde M. Proust, contratado por el gobierno español, hacía unos cursos muy notables, y otros dos en París siguiendo los del famoso Fourcroy.

Pero el contrato tenía una segunda parte, .más importante aún: espirada la pensión, seguidos los cursos y restituido Orfila á Barcelona entraría á regentar una nueva cátedra de Química, que se creaba expresamente para él al lado de la de Carbonell y Bravo y con especial aplicación á la industria, dotándola con el sueldo inicial de 3.000 pesetas anuales, Á la mitad de la pensión estalló la guerra de la Independencia y todo se vino abajo; riqueza, prosperidad, Junta de Comercio, subvenciones, cátedras, regeneración científica... Orfila quedó incomunicado en París y tuvo que abrirse camino para seguir viviendo. Y esta es la verdadera historia de su elevación y el origen de una pérdida tan sensible á nuestra cultura como provechosa á los vecinos. Ella constituye un título de honor para la incansable Junta y un nuevo motivo de execración contra la guerra inicua que convirtió á España y sobre todo á Cataluña, así en el orden material como en el moral, en un yermo cubierto de escombros, cenizas y esqueletos.

Miguel de los Santos Oliver: Una conferencia: Memorias de Orfila (La Vanguardia, Sábado 30 de Noviembre de 1912)

Yo intentaba hablar un poco sobre los volúmenes de "Hojas del Sábado" de Miguel de los Santos Oliver. El primero de ellos, "De Mallorca" es el que, con tiempo, intentaré recoger, pero en los otros cinco tomos también aparecen algunas cosillas relacionadas con estas islas y, posiblemente, en La Vanguardia (o en el ABC) se puedan encontrar artículos no presentes en el libro que puedan interesar.

De las cuevas de Mallorca, por M.S. Oliver

fabian | 18 Abril, 2013 16:14

Miguel de los Santos Oliver publica entre 1918 y 1920 su libro "Hojas del Sábado" en seis volúmenes en los que recoge de manera organizada los artículos publicados en La Vanguardia. Más de 1200 artículos fue publicando sábado tras sábado desde el 4 de agosto de 1906 hasta 1917. Oliver seleccionó artículos y los ordenó por temas y eligió para el primer volumen artículos relacionados con Mallorca "Sobre Mallorca", añadiendo a este volumen dos conferencias. Veinticinco elementos tiene el índice de ese volumen, pero hay elementos que recogen más de un artículo, como por ejemplo, "Anotaciones" incluye tres artículos, uno dedicado a Palma, otro a Sóller y el tercero a Miramar.

No he realizado una comparación entre los artículos de La Vanguardia, afortunadamente hoy accesible totalmente a través de Internet, y los artículos del libro. Hay añadidas algunas dificultades como algún cambio en los títulos de los artículos y la falta de concreción de las fechas de publicación.

Barranco de Sóller
Antonio Ribas Oliver (1845 - 1911): "Barranco de Sóller" (1876) Museo de Lluc
Alta mar: En el centenario del pintor Antoni Ribas i Oliver y Los pintores Ribas, exposición.

Ayer recogía el texto Un concierto en las grutas de Artá, publicado en La Vanguardia el sábado 24 de abril de 1909 y recogido en el libro "Hojas del sábado". He visto otro artículo relacionado con esas cuevas, titulado "La maravilla subterránea", publicado en La Vanguardia el sábado 12 de noviembre de 1909, que no está presente en el libro.

De mi tierra

La maravilla subterránea

Ni con el aspecto de Sóller, ni con el de Valldemosa, ni con la costa brava, quedan agotadas las fases del paisaje mallorquín. Tiene la isla un agrado peculiar que nace de su variedad inmensa de motivos. Su belleza no es monótona sino cambiante y accidentada como en pocos lados. Difícilmente se encontraría, compendiada en menos espacio, una tan continua sucesión de perspectivas y emociones que se extienden desde lo idílico hasta lo trágico, desde lo lindo hasta lo grandioso, desde el vergel hasta el acantilado abrupto ó el despeñadero horripilante.

Hay comarcas como la de Bañalbufar, antes «inéditas», que ahora empiezan á ser conocidas y exploradas estéticamente. No sé qué pasa con esto de los paisajes que cada generación consagra el suyo, descubre un carácter nuevo y adopta una preferencia que antes no se pudo sospechar siquiera. Diríase que existe una concordancia preestablecida entre cada época y un lugar determinado. Ahora predomina lo pintoresco, ahora lo sublime, ahora lo plácido y tranquilo. Me sería relativamente fácil fijar esa sucesión de gustos y ese cambio de la emoción, por lo que respecta á Mallorca, en un espacio de sesenta años.

Durante largo tiempo predominó la emoción romántico-revolucionaria de George Sand: y la emoción romántico- arqueológica de Piferrer. El paisajista Haës pintó arboledas y rocas y rebaños y algún claro de sementera, iniciando á Antonio Ribas, el pintor mallorquín de los pinares y de los olivos, de los caminos rústicos y de las pequeñas marinas episódicas. El sentido de la soledad y de las grandes superficies panorámicas, las transfiguracioses «líricas» y fervientes de la costa en el crepúsculo, la revelación y animación panteística de las calas semicirculares, las coloraciones inusitadas, todo eso, vino con Degouve de Nuncques que parecía transportar a la pintura los delirios poéticos de su cuñado Veraheren, el inflamado valón de Les campagnes hallucinées. Se internó Mir, casi al mismo tiempo, en lo más bravío de los peñascales y entre lo más fragoroso de las rompientes y Rusiñol reintegró al dominio del arte la suave belleza de los almendrales cubiertos de flor en los preludios de la primavera y el sentimiento, melódico casi, de los jardines nobiliarios abandonados en incuria y silencio, que parecen suspirar por el alma de un siglo galante, que no ha de volver más...

Recuerdo la sorpresa que causó entre algunos de nuestros acompañantes la impresión manifestada por cierto joven y ya ilustre escritor ante una perspectiva monótona, todo aridez y sequedad, fragmento de estepa sin roturación ni frescura, al atravesarla el coche que nos conducía á las cuevas del Drach, cerca de Manacor. El entusiasmo del forastero contrastaba con la relativa indiferencia que le habíamos observado en anteriores excursiones, ante otros espectáculos de efecto seguro, de esos que suelen constituir un clou del turismo habitual. Nuestra inocente vanidad de cicerones y patriotas, hijos gloriosos de un país pintoresco, había quedado ligeramente lastimada. La brusca é inmensa aparición del mar, en una revuelta del camino de Sóller á Deyá, por ejemplo, nos tenía acostumbrados a la sorpresa, á un éxito aparatoso y teatral, que no fallaba nunca. En este caso falló; y no hay que decir cómo salió defraudada nuestra presuntuosa seguridad de profesionales del excursionismo.

En cambio, no dejaron de extrañarnos las ponderaciones que hizo el distinguido viajero de aquella llanura inculta y en la cual el joven adepto de las nuevas estéticas encontró la sugestión antigua del «campo de los asfodelos», por el sin fin de aubons que.allí florecían como mar movedizo, bajo un cielo pesado, de plomo, que parecía gravitar sobre la tierra y sobre el alma con el agotamiento de un tedio formidable. Sin duda la influencia de color, la vegetación exuberante y magnífica, los misterios de la selva obscura y la complicación de elementos inusuales estaban fuera de la novísima sensibilidad y formaban en la naturaleza algo de retrasado ó cursi para los modernos artistas educados en la fría reserva del dandy y en el aire contenido y «distante» de los sucesores de Merimée.

La «maravilla subterránea» bastaría por sí sola á dar renombre á un país. Y sin embargo, no es en mi tierra sino algo por añadidura al esplendor del paisaje y á recuerdos históricos y artísticos. Dos de las joyas principales de ese mundo enterrado y oculto: la cueva del Drach, en el término de Manacor, y la de Artá. Más que los famosos olivos añejos de los cuales George Sand ofreció una descripción tipo, que han ido parafraseando y amplificando después viajeros y poetas, — puede deparar á los estilistas ese Dédalo interior de grutas, oquedades, bóvedas, columnas, galerías, pasadizos, artesonados, cortinas y filigranas. Para la pluma de un Teófilo Gautier hubiera sido ocasión de prodigios, de asombros; el colorista y esmaltador del lenguaje hubiera encontrado al fin un tema que, por lo dificultoso, estuviera á la altura de su agilidad expresiva.

En las cuevas de Arta, como ya indiqué en otra ocasión, predomina lo grandioso: columnas gigantescas, bóvedas de catedral, desfiladeros infernales, muros babilónicos, monstruos, reminiscencias de especies extinguidas, de una flora y una fauna antediluviana, medio recordadas y latentes en las ciegas entrañas de la tierra madre..., se ofrecen á la interpretación individual, para que, según los recursos estéticos de que disponga, vaya buscándoles correspondencia gráfica en el lenguaje. En las cuevas del Drach, en cambio, lo minúsculo, lo lindo, lo virginal se lleva la palma. La presencia de los lagos interiores impone el recuerdo de las Hadas. Son un palacio de cristal, de hielo, de diamante; una Alhambra oculta, llena de alicatados primorosos y de artesones y madréporas sutiles que destellan, al fulgor del magnesio, cuajados de pedrería. Aquí las plumas encariñadas con el arabesco y el orientalismo podrían hacer maravillas; en la época de Arólas aquello se hubiera llenado de huríes.

Sin embargo, la completa exploración de esta gruta singularísima data de menos tiempo y debió su notoriedad á haberse extraviado en ella, allá por los años de 1878, dos viajeros catalanes que estuvieron á punto de perecer y que hubieran acabado en el horror de la noche eterna si el dueño de la fonda de Manacor, alarmado por su tardanza, no hubiese corrido en su busca acompañado de diversos vecinos, conocedores del lugar. El peligro de estos viajeros fué el mejor reclamo para las grutas; entonces empezaron á ser visitadas asiduamente y fueron montados ios servicios de viaje y guías. Un conocido espeleólogo francés, M. Martel, llevó á cabo, años después, nuevas exploraciones, y á ellas se debe el haberse ensanchado la parte ya visitada con el magnífico lago Victoria.

Conocida de más antiguo la cueva de Artá, la imaginación popular, sin resabios ni ingerencias seudo cultas, se amparó de ella. No es siempre el instinto poético lo que guía el gusto de las muchedumbres, digan lo que quieran los folk-loristas exaltados. Por cada rasgo de fina idealidad, por cada primor ó delicadeza de sentimiento que podamos hallar en aquella corriente, hay que habérselas con toda suerte de bufonadas y prosaísmos escatológicos ó simplemente grotescos. Así sorprende hallar en la nomenclatura con que el vulgo ha ido distinguiendo cada una de las salas y pormenores de la gruta de Arta, un gran número de comparaciones de índole culinaria ó alimenticia: «sala de los perniles», «sala de las longanizas», «la despensa», «los huevos estrellados.» Rabelais era profundamento popular en cuanto supo dar formas épicas y colosales á la glotonería y encarnarla en personajes tan simpáticos y comprensibles como Gargantúa y su hijo. La imaginación popular no se desprende nunca del sentido pantagruélico de la vida, y ante las más sublimes apariciones y momentos de la naturaleza piensa en la nativa voracidad del hombre y en loa medios de satisfacerla y aplacarla.

No así en la cueva del Drach, en la cual, exceptuando el nombre, todo huele á poetización moderna y cursi, á orientalismo de provincia. Yo prefiero cien veces aquellas denominaciones gastronómicas y sanchopancescas de la gruta artanense, á estas otras, almibaradas y redichas, de la de Manacor, que saben á delectaciones de harem imaginadas por un hortera: «camarín de la Sílfide» «baño de la Sultana»... Porque la emoción de las cuevas es algo que difícilmente se expresa por palabras, por procedimiento literario. No se pasa mucho más allá de la tentativa. Un prócer enciclopedista del siglo XVIII, el marqués de Campofranco, abrió la antología de las cuevas, con su poema latino, Parnassidos sive Philemonis somnii; Costa y Llobera la ha continuado no ha mucho en su Deixa del geni grech y son innumerables los conatos intermedios de interpretación lírica de tan extraño asunto.

Y digo extraño, porque es sumamente compleja la impresión que deja en el alma del espectador aquella grandiosidad inerte, fría, apagada, petrificada. Acaba por producir un efecto deprimente, un efecto parecido al de los glaciares. ¿Es la ausencia de circulación y de vida? ¿Es la suspensión brusca del ritmo biológico ó vital, que no deja de acompañarnos al aire libre, en medio de las arboledas y á través de los campos, sobre la costra animada del planeta? Algo de esto hay, sin duda. Algo hay de la belleza pasmada en estatua de cristal, de falta de calor, de inmovilidad, de insipidez: belleza de tercer grado, puramente mineral, en la que no colabora apenas el elemento dinámico y agitador de la vida; belleza abstracta, en suma, destinada á producir más asombro que emoción. Acaso esa emoción corresponda plenamente al dominio vagoroso ó impreciso de la música, y haya que buscar su sentido en Mendelsshon y la Gruta de Fingal, mucho más que en la muchedumbre de odas y fantasías moriscas de esas que comienzan: «¡Salve, palacio de los Gnomos, salve!» Por esto también nos produciría fascinación tan grande el concierto con que nos regalaron hace años, en la sala de las banderas, Fernández Arbós y sus compañeros de cuarteto, como ya conté otro día.

Entonces la belleza peculiar de las grutas, belleza de índole «musical», se nos hizo clara y transparente; y al subir otra vez, poco á poco, en procesión de fantasmas hacia la salida, y al abrirse antes nuestros ojos, asombrados por tres ó cuatro horas de obscuridad, la inmensa boca de la cueva, prorrumpimos en un hurra de victoria á la naturaleza sin par que, después de regalarnos con tesoros de hermosura en la superficie, guarda en sus entrañas la maravilla laberíntica de esos palacios, palacios de ensueño, de vaguedad y de música, que caen más allá de los dominios y del lenguaje humano.

Miguel de los Santos Oliver: La maravilla subterránea (La Vanguardia, 13 de noviembre de 1909)

Rosiñol
Santiago Rusiñol: "Torrent de Pareis (Mallorca)" en Santiago Rusiñol: L'illa de la calma

¡Qué bien escribía Oliver! Sus descripciones de paisajes son líricas, poéticas. Bueno, ¿qué hacer ante estos artículos sino recogerlos, transcribirlos ... Una bitácora es un instrumento hábil para estos menesteres. Yo no sé si hay más artículos sobre Mallorca no recogidos en su volumen de "Hojas del Sábado", habría de comprobarlo.

Recuerdos de M.S. Oliver sobre Noguera y el concierto en las cuevas de Artá

fabian | 17 Abril, 2013 16:14

Las Cuevas de Artá han sido lugar de misterio donde han acudido numerosos viajeros. Busco en esta bitácora y encuentro la legendaria visita de Julio Verne o el viaje que realizó el vapor "Rey Jaime I" en agosto de 1863 transportando 300 viajeros a las cuevas de Artá (ver: Viaje Barcelona - Palma en el Rey Jaime I (1862)) o multitud de otros viajeros, desde Juan Cortada en 1845 o, pocos años antes, Piferrer. Pero también, con referencia a estas cuevas, y ya que estoy tratando estos días la obra de Antonio Noguera, ha quedado como rememorable un concierto realizado por Albéniz y Fernández Arbós en esas ventrosidades calcáreas. Noguera publicó sobre él el artículo Un Adagio de Schumann en las cuevas de Artá en el mismo año en que se realizó, 1894. Quince años después, en 1909, será Miguel de los Santos Oliver quien lo rememore en el artículo "Un concierto en las grutas de Artá"

Las horas y los días

Un concierto en las grutas de Artá

La presencia de Fernández Arbós, al frente de la Orquesta Sinfónica de Madrid, en el «Palau de la Música Catalana»; la palpitación de entusiasmo artístico que ha despertado; el no se qué de solemne— con solemnidad semimusical, semipatriótica — que flota estas noches en la espléndida sala de conciertos, han evocado en mí la dulce memoria de unos días lejanos, en los cuales el actual director de reputación europea no era más que violinista, aunque violinista insigne, y andaba por ahí formando cuarteto con Rubio, con Gálvez, con Aguado, asistido del no menos famoso Albéniz para la parte pianística, y daba sesiones admirables de música di camera...

Hará de ello la friolera de quince años. ¿Y qué espíritu selecto no recuerda en Barcelona, con lo interesante de aquel quatuor y de sus programas, el vigor, la lectura escrupulosa y profunda, el tono regio, potente y humano del concertista de violín? En brillantez efectista, en agilidad superflua, en «virtuosidad» pudo tener quien le aventajara; más no en solidez ni en plenitud de expresión ni en aquella probidad artística que se somete á la partitura, acallando la vanidad intemperante, compañera casi obligada de los mecanismos prodigiosos. Desde lejos he seguido después, paso á paso, el desenvolvimiento de esa personalidad artística á través de los medios intelectuales más refinados y exigentes de Europa. He sabido de su reputación excepcional en Londres y he experimentado el dolor de que tan altos prestigios musicales no alcancen á nacionalizarse por completo en España y resulten intermitentes, cuando no perdidos del todo para ella; de suerte que, ó emigren, ó deban rebajar su obra hasta la fácil mediocridad de las tertulias — vorrei morire.

Le hemos visto después engolfarse en grandes empresas orquestales y organizar magníficas series de conciertos. Y ¿por qué ocultarlo? esos nuevos rumbos, con todo y ser tan gloriosos, me han infundido la nostalgia del instrumentista inolvidable, del violín de cuarteto insustituible y mudo ya para siempre. Dicha nostalgia me conduce hoy á exhumar algunos recuerdos personales y, entre ellos, el de una excursión deliciosa y sin precedentes á las célebres grutas de Artá, en Mallorca, seguida de una audición musical más insólita todavía. Albéniz y Fernández Arbós, con su cuarteto, habian ido á aquella isla para dar cuatro ó cinco sesiones, primera serie de las que fuimos organizando anualmente, durante una porción de años, los agitadores incorregibles del grupo de Noguera. Baste decir que había empezado Albéniz solo, con unos conciertos de piano, y que de esos conciertos pasamos después á los cuartetos, viendo desfilar sucesivamente á Fernández Arbós, á Orickboom y los belgas, á Granados y Casals, y otros, y otros, hasta lanzarnos en nuestras empresas (altamente honrosas, nunca lucrativas, muy á menudo saldadas con déficit) á las aventuras inolvidables del Orfeó Catalá y de los conciertos Nicolau.

Pues bien: allá en mayo de 1894, el cuarteto Fernández Arbós inauguró ese ciclo de temeridades artísticas. Y digo temeridades, porque los que saben cuánto cuesta organizar y sacar á flote un proyecto semejante en Madrid ó Barcelona, habrán de admirar los prodigios que nosotros hicimos y aun el mérito de que una población de 70.000 habitantes, como la capital de Mallorca, pudiese ofrecer base económica suficiente para tan peligrosos como espirituales desatinos. Conste únicamente, para cerrar la digresión, que Fernández Arbós y sus compañeros los inauguraron soberbiamente y que, en nuestro deseo de que conocieran la isla, á fuer de artistas veraces que eran todos, y por iniciativa de Albéniz, gran enamorado de la Roqueta y predecesor de Rusiñol en mallorquinismo artístico, les propusimos ir á las cuevas de Artá.
—Vamos á las cuevas de Artá y repetiremos el adagio de Schumann—dijo no sé quién de ellos.
—Convenido — repusimos maquinalmente.

No hice caso de la proposición y creí que era una de tantas frases baldías como el entusiasmo de momento ó la ligereza meridional ingieren en nuestras conversaciones. Pero á la mañana siguiente, al llegar al ferrocarril y subir al coche-salón que se nos había dispuesto, encontréme ya cuidadosamente embarcados los instrumentos, los atriles y las partituras, que Albéniz señalaba con ademán de triunfo, al tiempo que decía: «¡Vive Dios que pudo ser!»

Arrancó el tren, minúsculo y lindo como un juguete, atravesando los suburbios próximos y la llanura vitífera de Binisalem: un paisaje romano, tarraconense, epicúreo, lleno de huertas virgilianas, de suaves ondulaciones y de quintas risueñas con pórticos y columnas blancas; con parrales festoneados de corimbos trepadores; con frutales enteramente floridos, como si hubiesen abatido el vuelo sobre sus copas, innúmeros enjambres de mariposas niveas, rubias, rosadas, opalinas, azules, bajo la diafanidad de un aire luminoso, fluido y diamantino...

El trayecto hasta Manacor pasó casi sin sentirlo. En Manacor tomamos los coches que debían conducirnos á Artá ó, mejor dicho, más allá de este pueblo, hasta la playa de Canyamel. Una nueva sucesión de paisajes, un carácter distinto, un ceño más grave en la naturaleza. Praderías de un verde tierno y jugoso, en declives poco pronunciados, corren á internarse en el misterio de los bosques. Algo persiste allí de escocés, de celta, de encinares druídicos y majestuosos, de landas dormidas en el silencio de los siglos. Por algo menudea el dolmen á la sombra de aquellos árboles milenarios, que crecen á distancia y dejan entro sí el hueco de espaciosas plazoletas, como si esperasen el cortejo sacerdotal de los sacrificios ó el rumor bélico de las asambleas y campos de Marte. Parece susurrar en la soledad un rumor de muchedumbres remotas y de cultos terribles, que defiende todavía á las encinas corpulentas con el prestigioso terror de las cosas inviolables y sagradas.

Entre comentarios y admiraciones llegamos por fín al pie del Cap Vermell, peñón enorme que entra en el Mediterráneo como la proa de una tirreme colosal y en cuyo seno se aloja la maravilla subterránea. Emprendimos la subida por el camino en zig-zag, ayudando á los guías en el trabajo de acarrear los bártulos de la música, desde el violoncello á la solfa y relevándonos por turno durante la fatigosa ascensión. No he dicho que «se derrochó ingenio», porque ya no fue de ingenio el derroche, sino de alto humorismo combinado con la más intensa emoción: Albéniz, Fernández Arbós, Rubio, fueron inagotables en la gracia y la idealidad. Del malogrado Noguera, no digamos. Uetam, el bajo famoso, tan festejado un día por los públicos, añadió á estos recursos los de su prodigiosa vis cómica y su fuerza incitativa en la cual no creo que consiga superarle ni su mismo cuñado Juanito Balaguer, el actor. Asi llegamos á la entrada de las cuevas y así nos detuvimos ante el soberbio, efectista, aparatoso portalón: desgarro hercúleo de los tejidos de la montaña, capricho arquitectural de la naturaleza que yo no sé comparar más que á un ensueño de Gaudí ni creo que tenga otra correspondencia que e! emocionante portal de la Sagrada Familia.

cueva
Grabado del libro de Pagenstecher: "La isla de Mallorca. Reseña de un viaje"

Uno tras otro, en uniforme hilera, nos hundimos por la majestuosa rampa como una teoría antigua, en las fauces del monstruo, mitad Infierno de Dante, mitad boca de Gargantúa. Penetramos en la fantástica oquedad al resplandor de la antorcha de los guías, como las dibujara Parcerisa, en los Recuerdos y bellezas de España, iluminando la lánguida silueta del viajero de los días de Bellini; y recorrimos aquel antro, sin descripción literaria posible, aun para el propio Teófilo Gautier: un conjunto arbitrario de formas, un dibujo delirante, un tejido de filigranas ó juegos de la casualidad reproduciendo más ó menos borrosamente apariencias y figuras del mundo real y del mundo fantástico, del reino vegetal ó del zoológico. En las cuevas de Arta, á diferencia de las de Manacor, lindas y virginales, predomina lo grandioso: sus bóvedas pueden parecer abortos ó deformaciones de basílicas; sus desfiladeros serpenteantes han de evocar por fuerza la terrible concepción del poeta florentino... Esfinges, quimeras, monstruos primitivos, reminiscencias de especies extinguidas, estalactitas deformes que hablan vagamente al espíritu de templos babilónicos ó de colosales palmeras petrificadas, todo pasó ante nosotros en caminata de cerca de tres horas por la región de la tiniebla absoluta y del silencio matemático.

Hicimos alto en la «cueva de las banderas». Dispusieron los músicos sus atriles y templaron sus instrumentos, encendiendo dos débiles bugías. Buscamos acomodo los restantes, detrás de un macizo ó en la cueva contigua. Y cuando daban las seis de la tarde en el siglo, en el mundo, en la baja esfera de lo relativo y contingente, sonó el primer acorde. Era el adagio del cuarteto en la menor, de Roberto Schumann, una de las páginas más sublimes del atormentado é insomne romántico y de todo el arte moderno. Resaltó en la quietud perfecta, en la obscuridad perfecta, en el silencio perfecto y pitagórico, revelado, más que interrumpido, por el caer de la gota, fluctuando en el pezón de ignorada estalactita, á la cual contestaba, instantes después otra gota, cayendo como una perla dentro de un cáliz de oro. Artistas y oyentes, estábamos todos transportados; no fue aquella una interpretación insuperable, sino la interpretación esencial, única, en acto puro. El adagio y el tiempo de otro cuarteto de Schubert, que vino después, derramaron sobre nuestros espíritus las aguas lustrales de la purificación, anegándonos en aquel «Leteo de intima dulzura» y de total olvido que es la suprema potencia y la suprema excelsitud de la música.

¡Hora inefable, hora divina! Cuando salimos después y, desde la última gruta, advertimos el enorme boquete abriéndose sobre el cielo de perla del crepúsculo, todos conservamos cierto estupor inconfundible en los ojos. La luna, en su plenilunio, apareció, levantándose sobre la marisma como un gran escudo de cobre reluciente. Los pinares eólicos, cantaban á la brisa, perfumándola. El mar gemía dulcemente, con apagados sollozos guturales de sirena. Tomé el brazo á Noguera y, descendiendo el largo y revuelto camino, le decía:
—¿No tienes conciencia de haber vivido ahora uno de ios momentos culminantes de la vida, de la juventud? ¿No sientes la inexplicable y misteriosa tristeza que sucede á toda plenitud de exaltación, como si estas horas de oro, al volar, nos advirtiesen de su ausencia irremediable y sin regreso posible? Cuando se te acorta un libro inmortal, que no conocías, y llegas á la última página, ¿no sientes una especie de luto en el corazón por la delicia agotada, por un fragmento de felicidad menos, por un oasis que ya no volverá á sonreirte en tu peregrinación? A esta hora, para nosotros inolvidable, el mundo ha continuado su tragín; el burgués ha jugado su dómino; el político ha fraguado sus intrigas, el logrero ha urdido sus planes; la sordidez ha tenido que echar sus cuentas en el escritorio. Esta es la hora equívoca del fraude; la hora de Francesca y Paolo; la hora de las tentaciones, de las grandes perfidias, de los trágicos suplicios. Las ciudades inmensas rugen de fiebre á esta hora, como el león de los desiertos. Nosotros mismos volveremos mañana á la rutinaria y oscura labor, á las asechanzas y á las angustias, de las cuales un instante de arte supremo, en el centro de una maravilla de la naturaleza, acaba de emanciparnos momentáneamente para abrirnos la espléndida visión de lo Absoluto...

Miguel de los Santos Oliver: Un concierto en las grutas de Artá (La Vanguardia, 24 de Abril de 1909)

Recoger un artículo como éste de Oliver me resulta altamente satisfactorio. Máxime cuando puedo relacionarlo con otros, como el de Noguera, que describen el mismo concierto. Relacionar textos y, también, textos e imágenes, es una de las posibilidades que Internet nos ofrece. "Estelas", libros con estelas, es la expresión que me gusta y que intenta recoger la idea de que hay libros que dejan huella, que originan o dan pie a otros textos.

Relacionados con este texto de Oliver pueden estar:

Los 'Ensayos' de Antonio Noguera vistos por M.S. Oliver

fabian | 16 Abril, 2013 17:45

En marzo de 1909, Miguel de los Santos Oliver recibe el libro de Antonio Noguera Ensayos de critica musical. Oliver, en Barcelona, escribe cada semana un artículo en La Vanguardia, periódico que dirige. Se publican en sábado y reciben el sobretítulo de "Hojas del Sábado". El sábado 20 de marzo, bajo el título "Una vida oscura", Oliver dedica sus palabras a Noguera. El artículo acaba así: "Recuerde todo esto el lector si cae bajo sus ojos ese volumen de Ensayos de crítica musical".

Las horas y los días

Una vida oscura

No hace mucho que salió á luz un libro voluminoso, de más de 350 páginas en 4.°, con el titulo de Ensayos de critica musical. El nombre de su autor, Antonio Noguera, familiar para una selecta minoría de lectores y musicógrafos, no ha llegado al gran público. No llegará jamás. En futuras historias del arte, en trabajos do erudición, en alguno que otro resumen del renacimiento de Cataluña á fines del siglo XIX. figurará, por ventura, la cita de su apellido, algún rasgo de su labor, un recuerdo de su personalidad...

Y, sin embargo, esa personalidad, distinguida é inolvidable para quienes vivieron en contacto con ella, merecía y podía mucho más. Antonio Noguera representa el caso típico, del malogrado de grandes condiciones, no aprovechadas á tiempo. Representa y resume todas esas vidas frustradas, de la generación anterior, que no acertaron á seguir valientemente, desde sus primeros años, la vocación nativa y que, confinadas después en un ambiente provincial, cuando no se había iniciado todavía la emancipación del espíritu público y el despertar de la conciencia en las regiones y en las ciudades, no obtuvieron el refrendo de Madrid y murieron oscuros y sin trascendencia. Tiempo hace que, sin poder atrapar el momento oportuno, me propongo esbozar una semblanza del ilustre desconocido; y no por el prurito paradójico de reparar una injusticia irreparable ó vindicar una celebridad que no llegará nunca, sino por creer que puede interesar al público, resultando ejemplar y doloroso, el espectáculo de aquellas existencias perdidas en gran parte para sí mismas y para su patria, desviadas por errores de la educación y. del ambiente, frustradas por la adversidad á la abulía.

Noguera escribió y compuso. Pero cuanto escribió y compuso, aun siendo valioso, nada supone en comparación con la profundidad inmensa de su alma, solitaria y escogida. Apreciadas de cuantos las conozcan serán sus Melodíes populares, sus Dances mallorquines, sus coros por el estilo de Hivernenca ó La sesta, sus sonatinas y miniaturas para piano. De su herencia de escritor musical, vivirán largamente el estudio sobre cantos, bailes y tocatas populares de Mallorca; sus nutridas y originales conferencias sobre las nuevas nacionalidades musicales y sobre la música polifónica, verdadero alarde de gusto y anticipación; sus artículos expositivos de nacientes escuelas ó de grandes obras consagradas después por el buen éxito. Pero todo esto, repito, no da la medida de su potencia ni traduce la impresión, la fascinación que ejercía Noguera, personalmente, en el circulo de la intimidad.

Ese poder de sugestión, ese arte socrático de la iniciación oral, eficaz y persuasiva, poseyólos en grado sumo. Y, merced á ellos, aquel aficionado de provincia, que no ostentaba el prestigio de la notoriedad ni podía presentar el bagaje de una producción gloriosa y fecunda, se revestía de una autoridad excepcional y se imponía fatalmente. Fué el espíritu más intenso y vibrante de cuantos he tenido ocasión de tratar en mi vida. A nadie recuerdo que dejara una memoria ni una inquietud tan duraderas. Hace cinco años que murió y no pasa día sin que lo citen ó invoquen cuantos fueron sus amigos. Esa inusitada persistencia del recuerdo significa una fuerte riqueza ó graduación espiritual en quien alcanzó á imponerla; significa que aquel temperamento era todo vitalidad y substancia y que había logrado eliminar el lastre de la convención, de la bagatela, del artificio, para vivir en pureza y en sinceridad absolutas.

Tal era el secreto de su ascendiente: delante de Noguera se reconocían todos en presencia de un hombre sincero, que no claudicaba, que no vacilaba, que no se avenía á las concesiones y flexibilidades que hacen perder la unidad individual ó la vuelven borrosa y estéril. Compositores, críticos y artistas en gran número trataron al musicógrafo mallorquín: Pedrell, Albéníz, Granados, Millet, el P. Eustaquio de Uriarte, Mitjana, Chavarri, Fernández Arbós, Crikboom... Tratáronle también, íntimamente, escritores, poetas y viajeros ilustres. Cuanta personalidad notable ó distinguida ha pasado por Mallorca en los últimos quince años, á Noguera y á su grupo tuvo que acudir, sirviéndose de ellos, como de cicerones natos, en sus correrías por la isla. Pues bien: en todos dejó ese recuerdo pertinaz y dominante que triunfa de las distancias, de las largas ausencias y de la muerte misma, que es la ausencia suprema.

Y he aquí que el espectador va pensando: ¿Por qué suerte de adversidad la gloria ha de seguir sumisa á muchas personalidades gárrulas y aparentes, mientras esas otras, tan intensas y concentradas, se sumergen en la sombra? Ese hombre, que ha dejado una huella tan profunda en mi espíritu, por algo la dejaba. Esa inteligencia, esa sensibilidad que tanto influyeron en mi sensibilidad, y en mi inteligencia, serían de una ley superior á muchas otras, que aun escribiendo grandes tratados ó vaciándose en obras positivas, no logran alucinar las almas ni reducirlas á inesquívable imperio. Aquel ascendiente era signo inequívoco de riqueza interior. ¿Por qué desventura, entonces, ese tesoro escondido no llegó á encontrar un orificio de salida para derramarse todo entero sobre el papel pautado ó sobre las cuartillas virginales, en inspiraciones ó en doctrinas definitivas, como proyección hacia fuera de cuanto murió con su poseedor y con él fué enterrado?

Noguera perteneció á una progenie de músicos. Entre sus ascendientes figuraba el compositor Aulí, cuya misa editó, en edición postuma, su sobrino y admirador. En vez de seguir la profesión de familia, absorbió en el ambiente de la época el venenoso prurito de las carreras oficiales. Se preparó para ser ingeniero de caminos y consumió largo tiempo en esos estudios, perturbados por la música, y que, á su vez, perturbaron y echaron á perder para siempre la primitiva é ingénita vocación. No fue ingeniero ni artista, en el sentido profesional, serio, austerísimo, que daba Noguera á esta palabra. Cuando advirtió el error sufrido era ya tarde para repararlo. No podía improvisar una preparación musical, en la forma sólida y perfecta que él exigía. No podía recuperar el tiempo que perdió, ni el fuego de la juventúd marchita, ni la ilusión insustituible de los primeros afios. Poseía un gusto selecto y difícil, una lectura escogida; le faltaban la base técnica, la disciplina rigurosa, el método.

De aquí la posición de dilettantismo en que tuvo que mantenerse, sin osar nunca colocarse entre las filas de los profesionales ó maestros. De aquí también aquel resabio de amargura ó ironía, fluyendo imperceptiblemente de su pluma: de su pluma mojada en todos los jugos ácidos y estimulantes que pueden mantener suspensa la atención. No: no era un papaveráceo; no escribía con opio sobre plomo. Todo resultaba en él aperitivo: un largo artículo y una breve gacetilla teatral. Fué, como he dicho antes de ahora, de los hombres á quienes se combate; de los que suscitan tempestades de pasión; de los que levantan protestas y falsas indignaciones. Pero fué también de aquellos á quienes se lee siempre y de los cuales no se deja ni una línea, ni una palabra, ni un punto.

Contra el gondolerismo falsamente sentimental y romántico, protestaba Noguera, corazón lleno de sentimiento real y fervoroso, inmensamente romántico, abrevado en las aguas profundas y subterráneas de Schumann. Luchó en un escenario reducido contra todo un filisteísmo artístico y social; su malhumor, su causticidad se exacerbaron; sus frases llegaron á ser de una terrible virulencia, de una imperdonable eficacia á veces. Pertenecía á la familia de los espíritus descontentos: á la misma familia de Larra y de Clarín, no tan agriado por sus propias contrariedades personales como por la distancia que descubría entre el mundo ó ciudad ideal que llevaba en la mente, y la realidad exterior, imperfecta, rutinaria, casi inmodifícable.

¿No es verdad que esos seres extraños y nobles, que vivieron en combate continuo y murieron sin el galardón de la notoriedad, merecen un recuerdo caluroso de los cronistas y de los públicos? No siempre han de ser para los triunfadores las columnas de la prensa. La vidas oscuras, las almas escogidas y dignas de mejor suerte, justifican y reclaman una piadosa conmemoración. Recuerde todo esto el lector si cae bajo sus ojos ese volumen de Ensayos de crítica musical.

Miguel S. Oliver: Una vida oscura (La Vanguardia, 20 marzo 1909)

Antonio Noguera: Ensayos de Crítica musical (1908) ebook

fabian | 16 Abril, 2013 12:43

En la Biblioteca de esta bitácora ya se encuentra el libro de Antonio Noguera Balaguer (1860 - 1904) Ensayos de Crítica Musical en formato ePub, el cual también se halla en formato pdf en Scribd.

Este libro fue publicado cuatro años después de su temprana muerte por un grupo de amigos, recogiendo un estudio, algunas conferencias dadas por Antonio Noguera y varios artículos periodísticos publicados entre 1890 y 1904 en la prensa de Palma.

Su estudio sobre el folklore mallorquín, "Memoria de cantos, bailes y tocatas populares de la isla de Mallorca" (1893), recogido en el libro, no se hallará en esta edición digital, pero se puede leer en Antonio Noguera y el folklore mallorquín.

El índice del libro es:

  • Antonio Noguera, por D. Juan Alcover.
  • Memoria sobre los cantos, bailes y tocatas populares. (no incluído)
  • La canción popular y las nuevas nacionalidades musicales.
  • Música religiosa.
  • Una ópera española, Los Pirineos.
  • La música en Palma (1891).
  • La música en las fiestas de San Alonso.
  • ¿Organistas?
  • Un paso atrás.
  • El motete '0 vos omnes'.
  • Un paso adelante.
  • La música de Victoria en la Catedral
  • Música polifónica
  • Coros y orquesta
  • Orquesta
  • La música en Palma en 1903
  • El abate Perosi
  • El canto de la Sibila
  • Música... rusticana
  • Un adagio de Schumann en las Cuevas de Arta
  • Los «Hermanos de David»
  • ¿Nos licenciamos?
  • Juan Aulí
  • Lohengrin
  • Bizet
  • Gioconda
  • Der Freyschuiz
  • A propósito de una representación de Freyschuiz
  • La Boheme
  • Manon Lescaut
  • Hànsel una Gretel
  • Fr. Eustoquio de Uriarte

Sobre Antonio Noguera y su obra he publicado algunas entradas que se pueden reunir en el Google en Alta mar.

 (Segueix)

Críticas musicales de Antonio Noguera

fabian | 15 Abril, 2013 18:53

He subido a Scribd los Ensayos de Crítica Musical (1908) de Antonio Noguera Balaguer (1860 - 1904). No he recogido el libro completo pues la "Memoria sobre los cantos, bailes y tocatas populares de la Isla de Mallorca" no la he recogido al no saber cómo poner las partituras; debería hacer algún curso de edición digital. Esta obra ya la recogí en Antonio Noguera y el folklore mallorquín.

A mí me han resultado muy interesantes estos ensayos de Noguera. Presentan, me parece, bastante bien la vida musical de Palma en las décadas de cambio de siglo. Sus artículos tratan desde la formación musical en la ciudad ("el incesante tecleteo de centenares de pianos que poco á poco y en cadena sin fin, le asedian [al paseante palmesano] por dondequiera que dirija sus pasos" Los pianos de Palma); la música regiosa en las iglesias, los grupos operísticos que llegan a la ciudad y la necesidad de una buena orquesta y coros; sus exigencias de buen melómano y sus gustos musicales algo confrontados a los del público mayoritario. Aparece también su interés por las últimas corrientes musicales de su tiempo: el nacionalismo musical y valoración del folklore, así como por la recuperación de la música antigua ("La música de Victoria en la Catedral" o "El motete O vos omnes").

Algunas entradas en esta bitácora hacen referencia a Antonio Noguera, figura que recogieron Miguel de los Santos Oliver en su Literatura en Mallorca y Juan Luis Estelrich en sus Páginas mallorquinas (1912), ambas obras en la Biblioteca de esta bitácora.

Y aquí es donde yo noto un vacío. Alcover, Noguera se nos presentan como individuos aislados aunque sepamos que eran personas señaladas de grupos culturales. Alcover con las reuniones que celebraba en su casa; Noguera con su "Gabinete Beethoven". Tanto Oliver como Estelrich asistían de tanto en cuanto a estas reuniones, ya de literatos, ya de melómanos, como también asistieron Rossiñol y otros artistas cuando visitaban Palma. Yo noto a faltar un estudio de esos grupos y su influencia sobre la vida cultural de la ciudad, así como de los grupos actualmente influyentes de los que no se habla.

Bien, ya están en pdf los Ensayos de Crítica Musical de Noguera; confío poder añadir este libro en formato epub en pocos días a la biblioteca.

ISBN y editoriales de las Baleares. Herramientas de búsqueda

fabian | 11 Abril, 2013 17:56

Tras dos días de tener en pana el modem, regreso a este ámbito de Internet.

Hace pocos días se publicó el número de libros y folletos editados en las Islas Baleares en el año 2012. Según el INE fueron un total de 565.

Me quedé con la pregunta de cómo saber cuáles fueron esos libros. Por hacer una prueba acudo al Buscador de libros del Ministerio de Cultura (Base de datos de libros publicados en España"). En sus casillas de "Otros conceptos" tecleo en "Año" 2012 y en "Lugar de publicación" pongo "Mallorca". Me indica la existencia de 488 libros y folletos. Los 77 que faltan supongo que corresponden a Menorca, pero sólo me salen 33 y ninguno en Ibiza.

La página de resultados contiene 50 referencias, dando de cada una los datos de "ISBN", "Título", "Autor" y "Editorial".

Pulsando sobre el nombre de la "Editorial", me ofrece una ficha donde están sus datos: "Nombre", "Tipo", "Dirección", "Correo electrónico", "Web", "Comunidad Autónoma", "Provincia" y dos datos que me resultan curiosos: "Prefijos [del ISBN] y "ISBN tramitados".

La ficha de Editorial Moll me indica que sus prefijos son: "978-84-273" y que ha tramitado 1560. El Servicio de publicaciones de la UIB tiene los prefijos "978-84-7632" y "978-84-8384" y ha tramitado 1143 ISBN. La novum publishing utliza los prefijos "978-84-939521"; "978-84-939689"; "978-84-938877"; "978-84-9039"; "978-84-939740"; "978-84-9015" y "978-84-939788" y ha tramitado 391 ISBN. Lleonard Muntaner, Editor S.L. utiliza los prefijos "978-84-88946"; "978-84-92562"; "978-84-15076"; "978-84-15592"; "978-84-95360"; "978-84-96242" y "978-84-96664" y ha tramitado 620 ISBN.

Cada ficha de las editoriales muestra dos enlaces: "Colecciones" y "Títulos".

En el Banco de Datos de Editoriales, selecciono la comunidad "Illes Balears" y que estén en "Activo" y me ofrece un listado de 676 editoriales en las islas. De ellas, 502 son del tipo "Autor . Editor". 144 son del tipo "Editoriales", existiendo entre ellas gran número de ayuntamientos. De tipo "Organismo oficial" hay 29 y de tipo "Universidad" sólo hay una, correspondiendo al Colegio Oficial de Arquitectos de Baleares. Demarcación Eivissa-Formentera que tiene 3 títulos publicados en los años 2001 - 2002.

Son curiosidades. El buscador de Editoriales no me ofrece la opción de buscar por islas. De Menorca (33 resultados de 2012), la editorial Triangle Postals, S.L., tiene asignados los prefijos "978-84-921465"; "978-84-8478" y "978-84-89815" y tiene 596 ISBN tramitados.

No sé si el Govern y los Consells de las islas habrán realizado algún estudio sobre el mundo editorial; estos buscadores facilitan la búsqueda de datos y sentía curiosidad por conocerlos.

Ver también Libros con fecha de edición (2009)

De las estatuas romanas de la Rambla (Palma)

fabian | 09 Abril, 2013 10:26

Una web o una bitácora, a diferencia del material impreso, es un sistema abierto que en cualquier momento puede ser modificado y al que siempre se le puede añadir o quitar información. Cuando en julio del año 2005 incluí en esta bitácora las estatuas romanas de la Rambla, obra de Horacio de Eguía, una de las estatuas no estaba puesta y no pude fotografiarla. En mi álbum de fotos hay cerca de 4000 fotografías y no he podido encontrar las que sobre estas estatuas hice en el 2005, por lo que ahora las he fotografiado para que la ficha presente las imágenes correspondientes.

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En este año juniperiano, ¿dónde está el Fray Junípero Serra de Betty Gold?

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Julio César Nerón
Julio César y Nerón, las estatuas romanas de la Rambla

En mayo del 2008 - supongo que fue cuando la estatua ausente se restauró, Carlos Garrido publicó en el Diario de Mallorca un artículo con el título Los romanos de la Rambla del que copio algunos fragmentos:

[...] En un primer momento, se llevaron a este lugar dos de las piezas de la colección Despuig, la misma que podemos contemplar en el Museu de Bellver. Pero en 1942, ante el deterioro que sufrían al estar expuestas al aire libre, se encargaron dos copias al escultor Horacio de Eguía, quien fue ayudado en la labor por Pere Pavia al comienzo de su carrera.

De acuerdo a las facciones, son muy fáciles de identificar. La de la izquierda, mirando desde la Plaça Major, es Julio César. Mientras que a la derecha adivinamos un joven y deificado Nerón. Hay estatuas romanas que se amoldan perfectamente a su marco urbano. Pienso por ejemplo en las del Portal de ses Taules de Eivissa, que también son réplicas. Están en un sitio justo, participan en la vida de la ciudad. En cambio, las estatuas de la Rambla fueron mal colocadas. No es extraño que un camión se llevara por delante a una de ellas. En lugar de reforzar o crear una atmósfera propia, se levantan como pasmarotes de piedra en la entrada del paseo. No parecen emperadores ungidos por la púrpura y la majestad, sino una especie de guardias urbanos. Demasiado en medio. Vigilando y cotilleando.

[...] Los romanos de la Rambla están colocados de una manera que no facilita la contemplación. Demasiado altos, sólo parecen mostrar impúdicamente la entrepierna. Con gesto ampuloso, desentonan con el escenario que les rodea. Carecen de la discreción por ejemplo de las Lleones del Born. Mucho más enigmáticas y sugerentes.

Carlos Garrido: Los romanos de la Rambla (DM, 24/05/2008)

Una bitácora es un sistema abierto. En cualquier momento se puede añadir alguna inforamación curiosa o interesante. Bueno es, ya sobre libros, sobre parques y jardines, sobre edificios singulares o sobre las estatuas de la ciudad aquellos textos que van apareciendo en la prensa y que nos ayudan a conocer y comprender la ciudad.

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Tesis Doctoral: El poblamiento de Mallorca durante la Antigüedad (s. IV a IX)

fabian | 08 Abril, 2013 15:14

  • Autora: Catalina Mas Florit
  • Título: El poblamiento de Mallorca durante la Antigüedad tardía: la transformación del mundo rural (ca. 300-902/903 d.C)
  • Universidad: Universitat de Barcelona. Departament de Prehistòria, Història Antiga i Arqueologia
  • Fecha de defensa: 02-04-2013
  • Enlace: Tesis doctorales en Red

Este trabajo tiene por objeto abordar el estudio del poblamiento rural durante la Antigüedad tardía en la isla de Mallorca desde el siglo IV hasta la conquista islámica de inicios del siglo X, un periodo que había sido considerado como uno de los peor conocidos de la historia insular. Está compuesto por una compilación de artículos, hasta un total de cinco, y la me metodología de trabajo utilizada combina una exhaustiva revisión bibliografía, el estudio de antiguas prospecciones arqueológicas realizadas en los años 1980 y 1990, así como la realización de nuevas prospecciones en la zona este de la isla. La información obtenida ha sido tratada con un Sistema de Información Geográfica (SIG) y se han realizado diferentes análisis espaciales que han permitido una aproximación a los patrones de asentamiento durante la Antigüedad tardía en la isla de Mallorca. Las conclusiones permiten detectar una serie de tendencias que ayudan a comprender mejor la distribución de la población insular, así como obtener una visión global de las transformaciones acaecidas en el campo de forma diacrónica en un territorio que hay que recalcar está intensamente marcado por su insularidad. Se observa a partir del siglo III y el siglo IV un descenso en el número de yacimientos ocupados que permiten proponer una concentración de la propiedad. Posteriormente a partir de mediados del siglo V y especialmente en el siglo VI se documenta una reorganización en la ocupación del campo que se mantendrá de manera más o menos estable hasta el siglo VII momento en el que empezará otra vez un descenso en el número de estaciones constatadas. Los yacimientos que conforman el paisaje tardoantiguo son basílicas paleocristianas, fortificaciones, asentamientos fundados en época romana que perduraron en época tardoantigua, creaciones de nueva planta, reocupación y/o frecuentación de cuevas y antiguos yacimientos indígenas que fueron reocupados o que perduraron. Para la realización de esta tesis se han consultado publicaciones de carácter local así como numerosas obras de carácter nacional e internacional. En este sentido abundan publicaciones científicas sobre temas específicos cómo metodología propia de los SIG, prospección arqueológica, cerámica arqueológica, así como numerosos estudios específicos sobre territorio en diferentes zonas del Mediterráneo. También se han utilizado obras de síntesis de carácter más general sobre el periodo tardoantiguo y el estudio de sus poblaciones

Nota: El texto de los capítulos 2 a 6 (ambos incluidos) ha sido retirado siguiendo instrucciones de la autora, al existir participación de empresas, convenio de confidencialidad o la posibilidad de generar patentes

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