Alta mar

Contacto

En los Libros de información

fabian | 27 Juny, 2012 16:42

Estoy organizando las páginas del libro de Miguel de los Santos Oliver "La literatura en Mallorca". A través de ocho capítulos que son los artículos que publicó en "La Almudaina", repasa la literatura del siglo XIX en la isla. Su palabra no es la del profesor académico, sino más bien la del lector. Y yo me lo imagino, mientras vivió en Palma acudiendo a la biblioteca de algún noble, quien le dejaba los libros. Fue en aquella época MS Oliver un oficinista que trabajaba en una entidad bancaria, un investigador de la historia, un escritor y un director del periódico. Sus artículos no han dejado de ser interesantes. Un día se cansó y se fue a Barcelona.

A lo largo de esos ocho capítulos, de largos párrafos, cita una gran cantidad de autores. Se nota que se los ha leído, posiblemente a algunos más de una vez. Mientras escribía y publicaba los últimos artículos, algunos de esos escritores estaban vivos, por lo que pudieron leer el comentario y valoración que de ellos hacía ese joven periodista. Pero sus comentarios siempre están razonados. Distingue muy bien MS Oliver entre quienes hacen versos y los que son poetas. Y entre los "dilettantes" o aficionados y aquellos para quienes la escritura es el sudor pausado y reflexivo de los que sale la palabra como mágica encantación. El "arte" surge en algunas personas como por ensalmo, mágicamente, pero tras una larga elaboración.

Diez años después de publicado el último artículo, en 1909, los retoma para publicar el libro. Decide no cambiar nada y añadir un apéndice: "Hasta aquí llegaba lo escrito hace diez años", comienza:

Hasta aquí llegaba lo escrito hace diez años. [...]

Han desaparecido del mundo de los vivos Quadrado, Mariano Aguiló, Tomás Forteza, José Luis Pons, Jerónimo Rosselló, Victoria Peña, casi toda la legión de los viejos maestros, bosque añoso cortado en dos días por el mismo leñador. Desfilaron también por el campo de los asfódelos Jaime Cerda y Alvaro Campaner. Disolvióse el núcleo del Museo y de L'Ignorancia; pero paulatinamente en la sombra de los colegios y en los claustros universitarios, se preparaba una nueva generación, con sus vagidos y tanteos inconsistentes al principio, después más vigorosos y acentuados. Al mismo tiempo, algunos de los talentos ya conocidos y en el pleno vigor de su madurez, como Alcover y Costa, daban nueva cosecha, hacían más intensa su labor o extendían su espíritu a nuevas zonas intelectuales y poéticas.

No es que haya tenido que hacer cambios en los textos originales de MS Oliver, pero sí añadir entre corchetes algunos elementos. Por ejemplo, Oliver pone unos títulos muy largos, títulos extendidos, esquemas del contenido:

"VII La Revista, El Museo Balear. — Escritores que aparecen en estas publicaciones. — José Taronjí; sus polémicas: sus versos. Mateo Obrador, su producción.— Juan Luis Eslelrich; Primicias, Saludos; traducciones; Antología — Don Antonio Frates y sus novelas de asunto mallorquín; Impresiones. — Otros publicistas y aficionados"

Es el título del capítulo VII y, para aparecer en una Tabla de contenidos es excesivamente extenso; por ello es que a continuación yo he añadido "[Museo Balear - José Taronjí - Mateo Obrador - Juan Luís Estelrich - Antonio Frates]", covirtiendo esto último en el título enlazable, mientras permanece el título original en la cabecera con un tipo de letra mayor.

En un texto de este tipo es importante poder localizar la inforamación con presteza. Y pienso que sería conveniente añadir una "tabla de escritores" que enlazara con el fragmento del capítulo donde se trata. Hay libros en los que, tras haber sido leídos, se presta buscar información. ¿Qué decía MS Oliver sobre tal autor? Y a veces la búsqueda se hace costosa. Aparte de resaltar con negritas los nombres de los autores y de añadir los epígrafes a los diversos apartados de cada capítulo, convendría una lista de los autores que cita con sus pertinentes enlaces (aquí no sirven las numeraciones de las páginas pues este concepto ha desaparecido).

Bueno, pues en esta labor estoy. Algún día estarán "al alcance de un clic" las obras de esos autores, si es que esos libros aún existen y se permite su digitalización.

De la digitalización y del Dominio Público

fabian | 26 Juny, 2012 10:48

No sé bien cómo me metí en este lío de los libros digitales. El hecho fue que en Navidad del 2011 me compré un eReader y empecé a husmear en este asunto. Al principio me costó un poco habituarme; fui recogiendo algunos libros y descubriendo sus propiedades. De lo primero que me di cuenta fue de que los archivos pdf no me eran válidos; yo necesito, por problemas de vista, letra grande y los textos en pdf no se ajustaban a la pantalla, resultando totalmente incómodo su manejo. Con otros era peor y son los pdf cuyas páginas son fotografías; con ellos, el cambio del tamaño de letra es un absurdo.

El tipo de archivo Word, no va mal, aunque presenta defectos en aquellas páginas en las que el texto no ocupa toda la página; ya que esos grandes espacios en blanco, el eReader los reduce y un capítulo comienza en la línea siguiente a la que acaba el capítulo anterior. Pese a ello, y a que no presenta "tabla de contenidos", permite una lectura agradable.

Los mejores archivos para la lectura de texto son los tipos epub y fb2, según mi experiencia, siempre que los archivos estén bien formados. Me interesé entonces por el tipo epub. Tal como dice la Wikipedia, es el formato estándar más reconocido para los libros digitales de texto (con pocas imágenes) y es de código abierto, que es lo contrario de ser de "código propietario". Y en esa misma página de la Wikipedia muestra "Herramientas de creación", gratuitas. Indica programas para transformar un archivo Doc (de Word) en epub, y otro para transformar un pdf. Nombra también el programa ABBYY para escanear textos. Pero el programa principal para editar epub es el Sigil.

Un archivo epub es en realidad un "zip", es decir, un contenedor. Y los archivos que guarda de manera ordenada son páginas web, es decir, archivos de códigos HTML. Si se conoce un poco este lenguaje, es perfecto: sus códigos son sencillos e inteligibles, además de ser muy fáciles y, hoy día, muy útiles ya que son los que utiliza la Web. Permiten todo tipo de texto, poner imágenes (y otros tipos de archivos), y poner enlaces.

El programa Sigil presenta para la escritura el uso tradicional de la página en blanco sobre la que se escribe sin preocuparse por el código, pero también, y es lo más importante, la "vista código", en la que se pueden manipular libremente los códigos, lo cual es perfecto - y en ocasiones, imprescindible - para dar forma a los textos. Permite asociar las páginas HTML a archivos CSS u hojas de estilo que dan forma a la presentación. En fin, todo lo que es posible en una página web - que es mucho - es posible en un archivo epub; siempre teniendo en cuenta que éste se adaptará (o se ha de adaptar) a los diferentes tamaños de las pantallas de los eReader y a la selección del tamaño de la letra que puede realizar el lector. Por ello es que, así como para el texto es perfecto, hay que calcular el tamaño de las imágenes. También hay que tener en cuenta las características de los eReader que, por ahora, son de tinta electrónica en blanco y negro, en gama de grises; aunque ya las Tablets permiten el color.

cuadro
'Santa Catalina' de Gaspar Oms (1600) en el Museo de Mallorca (ahora en la calle Concepción)

Como ocurre siempre que los códigos son abiertos, abrir con el Sigil diversos archivos epub permite ver y analizar cómo los han hecho diversas personas y empresas, lo cual permite el aprendizaje por la observación de formas novedosas.

Tras varias pruebas ya estaba en condiciones de realizar mis propios epub y llevar en el eReader mis propios textos.

Descubrí en algún momento el Google Books que digitalizaba libros de las Universidades. La idea era buena: presentar los libros de Dominio Público en formatos pdf y epub. También lo hacían otras iniciativas. Pero Google Books no corrige los textos escaneados, por lo que hay muchas erratas; tampoco reorganiza el texto como situar las Notas a pie de página al final del capítulo, enlazándolas. Con ello, a veces no es fácil leer los epub del Google Books. Es una lástima, pero no lo hace con corrección. Pero, pese a ello, con numerosas erratas, es texto; lo cual no ocurre con algunas grandes bibliotecas cuyos pdf son sólo fotografías del texto.

Con la crisis económica se paralizó la digitalización que realizaban las bibliotecas públicas españolas. Tampoco ninguna empresa había tenido la iniciativa de digitalizar el Dominio Público español y, menos, el mallorquín. Y yo tenía tiempo, algunos conocimientos sobre la digitalización y la edición digital; mala vista, pero sí curiosidad y pensé que podría probarlo. Limitado, con errores, pero podría poner algunos textos en formato digital. Y así empecé.

Convencido que el Dominio Público debiera estar on line de manera gratuita, si no por la Administración o por el patrocinio de alguna empresa, podría ser por algún ciudadano; mejor si fuera por algún grupo, jubilados quizá. Pero el mundo web en Mallorca no muestra trazas de ser muy activo; el "anuncio" es la forma predominante en webs e, incluso, en bitácoras y como temática predomina la polítiquería.

Hay, por otra parte, otra temática importante. No todas las bibliotecas guardan estos libros y,en las que hay, están a cuentagotas; es decir, muy pocos ejemplares que no se prestan, sino que sólo pueden consultarse en la propia biblioteca. No sólo estos libros del siglo XIX, sino incluso libros del siglo XX que son importantes. Así, por ejemplo, el libro que trata sobre Palma de Mario Verdaguer (1885 - 1963) "La ciudad desvanecida" (1953) apenas se encuentra en las bibliotecas ("Si hay un libro que hable del eterno femenino de Palma, ese libro es La ciudad desvanecida, de Mario Verdaguer, una de las sensibilidades más finas y sutiles que haya vivido nunca en la ciudad." José Carlos Llop en Derrotas de Palma DM, 26/07/2009) y menos en las librerías al estar totalmente descatalogado. "La obra original tuvo una corta edición del Círculo Mallorquín" dice José Carlos Llop. Sí se encuentra la versión traducida al Catalán por Nina Moll, pero apenas la versión original. Así ocurre con otros libros interesantes de Verdaguer como "Piedras y viento", novela sobre Menorca publicada póstumamente en 1982.

Quiero decir que la digitalización de esos libros descatalogados de los que las bibliotecas tienen pocos ejemplares sería conveniente. Pero ya para estas obras que no son de Dominio Público, ya sería la Administración quien podría llegar a acuerdos con los poseedores de los Derechos de Autor.

En fin, el Dominio Público, tanto de libros literarios como no literarios, requerería ser conocido, ser digitalizado y puesto libremente en Internet y ser releído y recomentado.

Joan Alcover: Cap al Tard (ebook)

fabian | 25 Juny, 2012 09:36

Hoy subo a la Biblioteca de esta bitácora la obra de Joan Alcover i Maspons (1854 - 1926) Cap al Tard en formato epub, la cual obra también se encuentra en formato pdf.

Esta obra, publicada por vez primera en Barcelona en 1909 por la editorial Gustavo Gili, ha tenido bastantes ediciones en papel. La edición en formato epub presenta las ventajas de que pueda ser corregido, al ser en formato abierto, o que se puedan realizar otras operaciones como añadirle documentos; aparte de ser muy apto para los eReader o lectores digitales.

Biblioteca

Juan Cortada: Viaje a Mallorca en el estío de 1845
Jovellanos: Escritos sobre Mallorca
Pagenstecher: La isla de Mallorca. Reseña de un viaje (1867)
Rubén Darío: La isla de oro, 1907 (epub y pdf)
George Sand: Un invierno en Mallorca (1841)
Costa i Llobera: Líricas (1899)
Joan Alcover: Cap al Tard (1909).
Miguel de los Santos Oliver: Literatura en Mallorca (1903)
Juan Alcover: Meteoros (1901)
Juan Luis Estelrich: Páginas mallorquinas (1912)
Gabriel Maura: Aygo-forts (1892)
Antonio Noguera: Ensayos de Crítica Musical (1908)
Miguel de los Santos Oliver: Hojas del Sábado: De Mallorca (1918)
Costa i Llobera: Poesies (1885)
Santiago Rusiñol: Artículos periodísticos
Azorín: Sobre Mallorca
Diego Zaforteza Musoles: Ciutat (1932)

Confeccionar un ebook (I)
Confeccionar un ebook (II)

Incoación para la modifiación BC Ferretería 'La Central'

fabian | 20 Juny, 2012 19:01

Se llama "Ferretería La Central" a un edificio modernista situado en la calle de San Magín del arrabal de Santa Catalina de Palma. Fue declarado Bien Catalogado en el año 2001.

Antes de proseguir con esta entrada, he de indicar que la finalidad de esta serie no está en recogir las declaraciones BIC o BC en su integridad sino sólo aquellas partes que aporten algún conocimiento sobre el Bien, dejando los aspectos legales que son consultables en sus fuentes, los BOIB enlazados. Por ello, aquí recojo sólo partes de la declaración como Bien Catalogado y de la actual propuesta o incoación de modificación de la declaración.

El edificio, que actualmente está en obras, mostrando una red en su parte superior, muestra algunos detalles modernistas en su fachada, pero su estructura es tradicional.

edificio

 (Segueix)

Gracias, Ray Bradbury

fabian | 20 Juny, 2012 10:41

Es verdad que a lo largo de la historia se han quemado en la hoguera libros y que se han destruído bibliotecas; sin embargo, no eran ataques contra el libro, sino contra algunos libros; pues quienes alimentaban la pira con el papel, escribían y publicaban libros.

En la segunda mitad del siglo XX adquirieron importancia los medios audiovisuales; primero la radio y después la televisión. Llegaban a casi la totalidad de la población y con ellos, parecía que podía conformarse la mentalidad de la gente mediante mensajes repetitivos y técnicas de simulación, segmentación y sectorización; es decir, de sólo mostrar una parte de la realidad siempre compleja.

La sociedad que Ray Bradbury (1920 - 2012) nos muestra en Fahrenheit 451 (1953) es la de las grandes pantallas, de los media, pero de televisión única, sin pluralidad informativa. En ella los libros están prohibidos ya que la lectura impide ser felices pues origina angustia y los bomberos son los encargados de destruirlos. Uno de estos bomberos, Montag, protagonista de la novela duda sobre si es feliz y empieza a esconder algún libro; su propia esposa lo acusa por lo que sus compañeros queman su casa y Montag se convierte en un fugitivo. Perseguido por la policía, huye al campo.

Es en esta huída cuando Montag halla en un bosque a un grupo de personas, los hombres-libro, de cuyo encuentro quisiera poner una cita. Pero antes también quiero señalar el tema que en la novela aparece como apunte y sobre el que se pasa por encima: la escritura y la lectura aparecen como medio ante la infelicidad humana. Se escribe (y se lee) porque no nos consideramos completos, porque no somos felices, porque necesitamos expresar (y comprender) nuestra angustia. Ahora bien, el grito expresado a través de la escritura es un grito muy elaborado, sofisticado a través de una trama o de una investigación.Pero, en su complejidad, es un grito de insatisfacción, de angustia.

—¡Montag, no te muevas! —gritó una voz desde el cielo.

La cámara cayó sobre la víctima, como había hecho el Sabueso. Ambos le alcanzaron simultáneamente. El hombre fue inmovilizado por el Sabueso y la cámara chilló. Chilló. ¡Chilló!
Oscuridad.
Silencio.
Negrura.
Montag gritó en el silencio y se volvió.
Silencio.

Y, luego, tras una pausa de los hombres sentados alrededor del fuego, con los rostros inexpresivos, en la pantalla oscura un anunciador dijo:
—La persecución ha terminado, Montag ha muerto, Ha sido vengado un crimen contra la sociedad. Ahora, nos trasladamos al Salón Estelar del «Hotel Lux», para un programa de media hora antes del amanecer, emisión que...

Granger apagó el televisor.

—No han enfocado el rostro del hombre. ¿Se ha fijado? Ni su mejor amigo podría decir si se trataba de usted. Lo han presentado lo bastante confuso para que la imaginación hiciera el resto. Diablos —murmuró—. Diablos...

Montag no habló, pero, luego, volviendo la cabeza, permaneció sentado con la mirada fija en la negra pantalla, tembloroso.

Granger tocó a Montag en un brazo.
—Bienvenido de entre los muertos. —Montag inclinó la cabeza. Granger y prosiguió—: Será mejor que nos conozca a todos. Este es Fred Clement, titular de la cátedra Thomas Hardigan, en Cambridge, antes de que se convirtiera en una «Escuela de Ingeniería Atómica». Este otro es el doctor Simmons, de la Universidad de California en Los Ángeles, un especialista en Ortega y Gasset; éste es el profesor West, que se especializó en Ética, disciplina olvidada actualmente, en la Universidad de Columbia. El reverendo Padover, aquí presente, pronunció unas conferencias hace treinta años y perdió su rebaño entre un domingo y el siguiente, debido a sus opiniones. Lleva ya algún tiempo con nosotros. En cuanto a mí, escribí un libro titulado Los dedos en el guante; la relación adecuada entre el individuo y la sociedad y... aquí estoy. ¡Bienvenido, Montag!

—Yo no soy de su clase —dijo Montag, por último, con voz lenta—. Siempre he sido un estúpido.
—Estamos acostumbrados a eso. Todos cometimos algún error, si no, no estaríamos aquí. Cuando éramos individuos aislados, lo único que sentíamos era cólera. Yo golpeé a un bombero cuando, hace años, vino a quemar mi biblioteca. Desde entonces, ando huyendo. ¿Quiere unirse a nosotros, Montag?
—Sí.

—¿Qué puede ofrecemos?
—Nada. Creía tener parte del Eclesiastés, y tal vez un poco del de la Revelación, pero, ahora, ni siquiera me queda eso.
—El Eclesiastés sería magnífico. ¿Dónde lo tenía?
—Aquí.
Montag se tocó la cabeza.

—¡Ah! —exclamó Granger, sonriendo y asintiendo con la cabeza.
—¿Qué tiene de malo? ¿No está bien? —preguntó Montag.
—Mejor que bien; ¡perfecto! —Granger se volvió hacia el reverendo—. ¿Tenemos un Eclesiastés?
—Uno. Un hombre llamado Harris, de Youngtown.
—Montag —Granger apretó con fuerza un hombro de Montag—. Tenga cuidado. Cuide su salud. Si algo le ocurriera a Harris, usted sería el Eclesiastés. ¡Vea lo importante que se ha vuelto de repente!
—¡Pero si lo he olvidado!

—No, nada queda perdido para siempre. Tenemos sistemas de refrescar la memoria.
—¡Pero si ya he tratado de recordar!
—No lo intente. Vendrá cuando lo necesitemos. Todos nosotros tenemos memorias fotográficas, pero pasamos la vida entera aprendiendo a olvidar cosas que en realidad están dentro. Simmons, aquí presente, ha trabajado en ello durante veinte años, y ahora hemos perfeccionado el método de modo que podemos recordar cualquier cosa que hayamos leído una vez. ¿Le gustaría algún día, Montag, leer La República de Platón?
—¡Claro!

—Yo soy La República de Platón. ¿Desea leer Marco Aurelio? Mr. Simmons es Marco.
—¿Cómo está usted? —dijo Mr. Simmons.
—Hola —contestó Montag.
—Quiero presentarle a Jonathan Swift, el autor de ese malicioso libro político, Los viajes de Gulliver. Este otro sujeto es Charles Darwin, y aquél es Schopenhauer, y aquél, Einstein, y el que está junto a mí es Mr. Albert Schweitzer, un filósofo muy agradable, desde luego. Aquí estamos todos, Montag: Aristófanes, Mahatma Gandhi, Gautama Buda, Confucio, Thomas Love Peacock, Thomas Jefferson y Mr. Lincoln. Y también somos Mateo, Marco, Lucas y Juan.
—No es posible —dijo Montag.

—Sí lo es —replicó Granger, sonriendo—. También nosotros quemamos libros. Los leemos y los quemamos, por miedo a que los encuentren. Registrarlos en microfilm no hubiese resultado. Siempre estamos viajando, y no queremos enterrar la película y regresar después por ella. Siempre existe el riesgo de ser descubiertos. Mejor es guardarlo todo en la cabeza, donde nadie pueda verlo ni sospechar su existencia. Todos somos fragmentos de Historia, de Literatura y de Ley Internacional, Byron, Tom Paine, Maquiavelo o Cristo, todo está aquí. Y ya va siendo tarde. Y la guerra ha empezado. Y estamos aquí, y la ciudad está allí, envuelta en su abrigo de un millar de colores. ¿En qué piensa, Montag?

—Pienso que estaba ciego tratando de hacer las cosas mi manera, dejando libros en las casas de los bomberos y enviando denuncias.
—Ha hecho lo que debía. Llevado a escala nacional hubiese podido dar espléndidos resultados. Pero nuestro sistema es más sencillo y creemos que mejor. Lo que deseamos es conservar los conocimientos que, creemos, habremos de necesitar, intactos y a salvo. No nos proponemos hostigar ni molestar a nadie. Aún no, porque si se destruyen, los conocimientos habrán muerto, quizá para siempre. Somos ciudadanos modélicos, a nuestra manera especial. Seguimos las viejas vías, dormimos en las colinas, por la noche, y la gente de las ciudades nos dejan tranquilos. De cuando en cuando, nos detienen y nos registran, pero en nuestras personas no hay nada que pueda comprometernos. La organización es flexible, muy ágil y fragmentada. Algunos de nosotros hemos sido sometidos a cirugía plástica en el rostro y en los dedos. En este momento, nos espera una misión horrible. Esperamos a que empiece la guerra y, con idéntica rapidez, a que termine. No es agradable, pero es que nadie nos controla. Constituimos una extravagante minoría que clama en el desierto. Cuando la guerra haya terminado, quizá podamos ser de alguna utilidad al mundo.

—¿De veras cree que entonces escucharán?
—Si no lo hacen, no tendremos más que esperar. Transmitiremos los libros a nuestros hijos, oralmente, y dejaremos que nuestros hijos esperen, a su vez. De este modo, se perderá mucho, desde luego, pero no se puede obligar a la gente a que escuche. A su debido tiempo, deberá acudir, preguntándose qué ha ocurrido y por qué el mundo ha estallado bajo ellos. Esto no puede durar.

—¿Cuántos son ustedes?
—Miles, que van por los caminos, las vías férreas abandonadas, vagabundos por el exterior, bibliotecas por el interior. Al principio, no se trató de un plan. Cada hombre tenía un libro que quería recordar, y así lo hizo. Luego, durante un período de unos veinte años, fuimos entrando en contacto, viajando, estableciendo esta organización y forzando un plan. Lo más importante que debíamos meternos en la cabeza es que no somos importantes, que no debemos de ser pedantes. No debemos sentirnos superiores a nadie en el mundo. Sólo somos sobrecubiertas para libros, sin valor intrínseco. Algunos de nosotros viven en pequeñas ciudades. El Capítulo 1 del Walden, de Thoreau, habita en Green River, el Capítulo II, en Millow Farm, Maine. Pero si hay un poblado en Maryland, con sólo veintisiete habitantes, ninguna bomba caerá nunca sobre esa localidad, que alberga los ensayos completos de un hombre llamado Bertrand Russell. Coge ese poblado y casi divida las páginas, tantas por persona. Y cuando la guerra haya terminado, algún día, los libros podrán ser escritos de nuevo. La gente será convocada una por una, para que recite lo que sabe, y lo imprimiremos hasta que llegue otra Era de Oscuridad, en la que, quizá, debamos repetir toda la operación. Pero esto es lo maravilloso del hombre: nunca se desalienta o disgusta lo suficiente para abandonar algo que debe hacer, porque sabe que es importante y que merece la pena serlo.

—¿Qué hacemos esta noche? —preguntó Montag.
—Esperar —repuso Granger—. Y desplazarnos un poco río abajo, por si acaso.
Empezó a arrojar polvo y tierra a la hoguera. [...]

En estos últimos días han muerto varios escritores. Emili Teixidor ayer, Carlos Fuentes, Ray Bradbury el pasado día 5. La prensa pone titulares: Ray Bradbury: De la ciencia ficción a la condición humana; Ray Bradbury, la poesía de la ciencia-ficción; Los últimos fuegos artificiales de Ray Bradbury.

He tenido la suerte de poder leer algunas de sus obras. "Crónicas marcianas" fue un canto lleno de poesía e imaginación; luego "El hombre ilustrado" y "Fahrenheit 451". Gracias, Ray Bradbury.

Alcover visto por MS. Oliver

fabian | 19 Juny, 2012 14:43

Fue con Google Books cuando empecé a interesarme por los libros que sobre Mallorca hubiere; no por los que sólo mostraban sus portadas, sino por los que mostraban los contenidos. Fue entonces cuando abrí la categoría de Biblioteca digital. Cada libro merece un enlace. Luego, viendo que muchos libros que ya debieran estar a "vista abierta" por ser legalmente de Dominio Público, no lo estaban, pensé que yo podría hacer algo siguiendo algo las líneas iniciadas por el Proyecto Gutenberg y otros como la Open Library o como los que indica la Wikipedia en Recursos libres.

Ahora bien, yo no tengo conocimientos sobre la literatura en Mallorca y no me resulta fácil encontrar una guía que me resulte fiable. Yo no sé si los filólogos, por aquello de que son estudios distintos las filologías catalana e hispánica o hacen estudios parciales o soy yo quien no encuentra un estudio que englobe el panorama literario de la isla. Por otra parte, tampoco encuentro suficiente información bibliográfica de Mallorca en el siglo XX,

Así que me pregunto qué podría hacer sobre este tema en esta bitácora. Y la salida que se me ha ocurrido es recoger la estela que algunos libros han producido.

Miguel de los Santos Oliver (1864 - 1920) y Joan Alcover fueron coetáneos. En su libro "Literatura en Mallorca" (1903) trata la obra de Joan Alcover y de Costa y Llobera en dos capítulos pues, este libro es la reunión de los artículos que publicó en La Almudaina más un apéndice. Bien, tengo ya recogidos los textos del libro de Oliver y en las próximas semanas lo subiré a Internet.

Pero hoy, tal como hice con Costa (La alondra de Costa y el elogio de M.S. Oliver), recojo un artículo posterior, publicado en La Vanguardia (09/12/1916) que trata la figura de Alcover ya en sus años finales de vida. Este artículo fue parte del libro "Hojas del Sábado" sobre temas de Mallorca.

libro
El libro "Poesías" de Juan Alcover (1892) (En la biblioteca con Joan Alcover i Maspons)

Figuras que pasan

Orador y poeta

El próximo martes, día 12, tendrá efecto en la Sala Mozart la primera de las conferencias que la Junta de Damas de Barcelona ha dispuesto para el presente año, visto el buen éxito que tuvieron las conferencias del año anterior. Algunas de estas damas, en las cuales la caridad efusiva corre parejas con la cultura y delicadeza de espíritu, me instan benévolamente para que, desde el periódico, coadyuve á su obra divulgándola, ó hablando de las prestigiosas figuras que ocuparán la tribuna muy en breve. El primero en hacerlo será Juan Alcover quien no necesita, ciertamente, de presentación, ni fuera yo el llamado á proporcionársela. Pero como tantas veces he escrito acerca de mi ilustre amigo y compatriota, la actualidad periodística viene á justificar que resuma ó reproduzca aquí, por vía de recuerdo, algo de su semblanza.


Juan Alcover ha representado toda su vida el concepto literario opuesto á lo vulgar, a lo ramplón, á lo ordinario. Sin caer en afectaciones de exquisitismo ó delicuescencia, mantuvo constantemente una distinción innata, como de gentleman de la poesía y arbitro de las elegancias espirituales. Este escritor mallorquín es el equilibrio hecho sangre y nervios: y no por representar una tendencia ecléctica ó una solución de «justo medio», sino porque su temperamento es esencialmente harmónico, aun dentro de las prolongaciones del romanticismo á que correspondió su juventud y en que se formó y nutrió su espíritu.

No se crea, por esto, hallar en sus producciones las «blancas» frialdades de un Delavigne ó de un Martínez de la Rosa, ni tampoco los furores de estilo y de fantasía que predominaron en el período hugoniano puro. Alcover ha sido romántico, neoromántico, como pudiera serlo un ateniense redivivo, y de la misma manera que otro de mis paisanos ilustres: Costa y Llobera. Ellos dos, principalmente, han conseguido incorporar á las letras catalanas esa punta de aticismo, elemento esencial de la que, benévolamente, ha sido llamada escuela mallorquína. Semejante aticismo es templanza, canon y salto lírico en Costa; en Alcover tersura, gracia y cierta sobria ironía, más bien alejandrina que ateniense. Tales condiciones resplandecen en su colección de Cap al tard, á la cual han seguido otras inspiraciones basadas en asuntos bíblicos, de una fuerza de emoción tanto más poderosa cuanto más refrenada.

Hablando Fígaro de su ánimo disipado y negligente, decía que, por pereza había dejado de ser feliz é inmortal. A Alcover le alcanza no poco de esta filiación y bien podemos incluirle en la categoría de las existencias frustradas, unas veces por caso fortuito ó por imperio de un deber superior, otras veces por desidia, morosidad ó desconfianza en las propias fuerzas. Se ha hablado mucho, con incredulidad, de los pretendidos genios desconocidos. Y no obstante, hay que rendirse alguna vez á la exactitud de la paradoja. Quien haya conocido en su retiro de Palma á Gabriel Maura, por ejemplo, hace treinta años, ó a Juan Alcover, no necesitará de más indicaciones. Cierto que este último tiene en Cataluña, y en grandes zonas de España, la reputación más intensa que es dable conseguir, que su nombre evoca un inconfundible prestigio; pero no lo es menos que con ser su obra tan pura y excelente, la potencia es todavía superior á la obra

Yo creo en los malogrados insignes, porque algunos llevo conocidos. Yo he asistido al espectáculo de algunas de esas vidas contrariadas ó desviadas de su alta vocación, por deberes de familia, por apego al terruño natal, por irresolución ó poder de la costumbre. Y no hay que confundir a tales víctimas con el tropel de los otros genios desconocidos que pululan en las grandes ciudades, con los vencidos ó ratés de profesión, pudiéramos decir, que adoptan la postura de declararse incomprendidos cuando á veces no son más que incomprensibles.

Existe una elegancia del alma que, como al personaje de Shakespeare, nos enseña á llevar con soltura y descuido nuestros dolores, lo mismo que llevan sus galas el magnate y la gran señora; y claro es que Alcover pertenece á esa estirpe de espíritus aristocráticos. Claro es, también, que ha producido una obra admirable en sí misma y que pudiera contentar á más de cuatro ambiciosos de renombre. Pero yo, que tengo el honor de conocerle y tratarle asiduamente, hace más de treinta años, comparo esa producción impecable con su potencia real, con la superioridad de su temperamento, con su tesoro do observación, de gusto y de magia poética; y he de deplorar que de tan pingüe filón queden grandes porciones intactas, que el minero no ha podido extraer por tiranía del tiempo ó por incompatibilidad de funciones y cometidos.

Lo que yo le oí en horas innumerables de tertulia nocturna, en excursiones y paseos, en paliques de redacción y palco de teatro; lo que ha desperdiciado, lo que ha dejado evaporar en estériles pero luminosas confidencias; las limaduras de oro que ese inagotable artista iba sacudiéndose de encima por dondequiera que pasó; de todo ese conjunto de sobras y migajas pudiera alimentarse una larga existencia profesional, produciendo docenas de libros substanciosos. Bécquer hablaba de ciertas imaginaciones de poeta, fecundas como el lecho de amor de la miseria, que engendra más hijos de los que puede mantener. A un secretario de sala de una Audiencia territorial, con el agobio de sus tareas profesionales, con la divergencia entre su labor y el trato de las musas, no pueden quedarle el tiempo ni la frescura de espíritu indispensables para vestir todas esas creaciones de su mente. Así debió desperdiciar más todavía que lo que aprovechó: estatuas de nieve modeladas una mañana en la conversación, para que las derritiera el sol de la tarde, sin espacio de trasladarlas á la piedra ó al bronce.

Durante muchos años escribió habitualmente en castellano. Castellanas son sus Poesías, sus Nuevas poesías, sus Poemas, sus Meteoros. Durante aquel tiempo fue también diputado á Cortes en varias legislaturas. No llegó la ocasión de que hablara en el Congreso. ¿Por qué? ¿No hubo, en aquel período tema que lograse conmoverlo y apoderarse de su sinceridad y entusiasmo? ¿Se sintió por ventura fuera del espíritu, del ambiente general en la política de hace veinte años? Puede ser. Y, sin embargo, si Alcover hubiese hablado una vez sola en la Cámara, sobre un asunto que valiese la pena, me atrevo á decir que el rumbo de su vida hubiera cambiado radicalmente, totalmente. Por el parlamento español, pasó sin abrir la boca uno de los más grandes oradores que he conocido. Cuando tantas mediocridades se afanan por conseguir allí un triunfo de circunstancias, para que se les tolere, para que su nombre sea citado de vez en cuando en una reseña de la sesión, Alcover, consciente de su potencia oratoria y de la eficacia de su palabra, no hizo más que rozar la vida pública y darse el gusto aristocrático de entrar por una puerta del palacio de la representación nacional y salir por otra, guardando el incógnito de su alta elocuencia.

Porque hay que incluirle en el catálogo de los más legítimos y poderosos oradores que pueden oirse, no ya entre nosotros, sino en todos lados, en absoluto. Para mí su más culminante excelencia es ésta: la de ser un orador en el recto sentido de la palabra. Por encima de sus dotes de escritor y poeta, con ser tan valiosas y eminentes, descuelía su don de elocuencia en el concepto moderno, vigoroso, real. No en vanos atavíos ni en floridas parrafadas se desata esa elocuencia. Nada tiene de ampulosidad resonante ó de sentimentalismo melifluo. Precisión, intensidad, elegancia, fuego comunicativo, vibración de todo el ser que atestigua y corrobora la sinceridad de las palabras: tal es la impresión que dejaron siempre sus notables peroraciones políticas, sociales ó simplemente académicas. Parece que la frase brota de sus labios con cierta violencia propia del esfuerzo mental que la precede y la guía, Alcover piensa para hablar y su palabra conserva el temblor del pensamiento, así como una llama que prende en leña verde, penosamente al principio, pero después crepitante y furiosa.

En sus discursos conserva la misma personalidad que en sus prosas y en sus versos: aquel poder aperitivo, deliciosamente acidulado y estimulante, que separa á los autores despiertos y que dicen «cosas», de los papaveráceos, de los que escriben con opio sobre plomo. Ahora en el crepúsculo glorioso de su vida, purificada por las más crueles mutilaciones que pueda sufrir el amor paterno, ya no es diputado á Cortes, y entrega al idioma nativo la porción rnás profunda de sus emociones y añoranzas. Una lengua fue su Lía; otra es su Raquel, compañera de la amargura, de la senectud, de la sinceridad perfecta y sin velos.

En las posesiones de Miramar, pertenecientes al difunto archiduque Luis Salvador, existía no hace mucho un enorme buitre enjaulado. Este hermoso ejemplar del ave mitológica que atormentó á Prometeo, consiguió reunir como aquellas hermosas que también atormentaron, su pequeña antología poética: yo la inauguré con un soneto; la continuaron Alomar y algún otro; Alcover le dio remate con la magnífica confidencia que, precisamente. se titula El voltor de Miramar. Se dirige el poeta á quienes le aconsejan dejar su vida provincial y su profesión de togado para seguir la vocación y las aventuras de arte; y el ave prisionera le sirve de símbolo. Le abren la puerta de su cárcel, intenta recobrar la libertad, y sus pasos son desgarbados y grotescos, sus alas se han entumecido; los años de cautiverio y servidumbre han acabado por doblegarle á la domesticidad. No sirve para la presa y el combate. Prefiere que, á hora fija, venga el halconero archiducal á ofrecerle su sangrienta ración cuotidiana. El emperador de los aires no intenta ya volar desde su isla de Elba á las amplitudes del éter, en un rapto final de heroísmo. Así también, quisiera el poeta emanciparse de un oficio que le absorbe, y volar por los espacios del ideal y de la gloria. Pero es tarde para él, lo mismo que para el buitre de su fábula... ¿Comprendes, lector, la posición interesante de esas selectas personalidades abnegadas que, de vez en cuando, esmaltan y embellecen la vida de las provincias, de las viejas ciudades históricas y señoriales, perfumándolas con el holocausto de su abnegación, de su talento suave, de su alto y generoso magisterio?

MIGUEL S. OLIVER

Miguel de los Santos Oliver: Orador y poeta (La Vanguardia, sábado 09/12/1916)

De Joan Alcover, Cap al tard (1909)

fabian | 18 Juny, 2012 14:54

En los años 90, el Consell de Mallorca, vía Editorial Moll, publicó unos libros en edición de bolsillo y con una buena distribución a través de los kioscos de prensa, que llamaba "Biblioteca Bàsica de Mallorca". Estaba bien, pese a que era muy parcial en el sentido que sólo publicaba - creo - obras de Catalán, dando pie a que sólo se considerase a la Literatura Catalana como la existente en Mallorca.

Y es que es difícil encontrar algún libro que trate la cultura del libro en las islas en su plena amplitud. Libros escritos sobre Mallorca los hay en muchas lenguas, son bastantes los viajeros que han visitado la isla y escrito sobre ella. También hay que han permanecido unos años o décadas en Mallorca. Y de los escritores de las islas, tal como ocurre actualmente, se han utilizado las dos lenguas mayoritarias actualmente. Ceñir la producción cultural o literaria a una sola lengua es una parcialidad que no da idea de la realidad. Pero temo que no hay un estudio que recoja en la amplitud de lenguas la Literatura del siglo XX en Mallorca

Joan Alcover (1854 - 1926) tiene dos poemarios en lengua catalana: "Cap al tard" (1909) y "Poemes bíblics" y también tiene otros con poemas en Castellano y en Catalán. De todos ellos, "Cap al tard" es el que ha adquirido más renombre y divulgación.

libro
Cap al tard.

Hay varias ediciones de esta obra. En 1909 la publicó Gustavo Gili de Barcelona; en el año 1941 ya fue publicada por Moll en la colección "Les Illes d'Or"; reeditada en 1955 y en 1980. En 1987, pasa a formar parte de la colección "Biblioteca bàsica de Mallorca", ahora con un Pròleg de Josep M. Llompart; que se reedita varias veces - en 2008 está en la quinta edición -. En el año 2007, la edita Edicions 62 con un estudio preliminar de Maria Antònia Perelló Femenia. Es, pues, una obra muy publicada y usada escolarmente, ya que no es difícil encontrar en Internet ejercicios de análisis escolar de esta obra.

Si las cuentas no me engañan, han pasado ochenta años desde la muerte de Joan Alcover (1926), por lo que sus obras son de Dominio Público. Así que recojo sólo los poemas, los digitalizo a formato texto (que se puedan "copiar y pegar") y los pongo en un pdf que subo a Internet: Joan Alcover: Cap al tard. Allí están sus poemas más famosos: La Balenguera, La Serra, y otras agrupadas como "Cançons de la serra"; sus "Elegies" entre las que se encuentra "Desolació" o "La Reliquia" que lee Porcel; sus "Endreces" o poemas dedicados y cuatro clasificados como "Vària"

Ahora será cuestión de montarlo en formato epub y encontrar en Internet algún estudio sobre esta obra. (ver: Joan Alcover: Cap al Tard (ebook))

Líricas de Costa y Llobera, ebook

fabian | 15 Juny, 2012 10:00

Añado a la Biblioteca el poemario de Miguel Costa y Llobera Líricas en formato epub, obra publicada en 1899 que recoge los poemas en lengua castellana de este poeta mallorquín.

Desde hace diez años su obra es legalmente de Dominio Público, pero esta categoría legal es prácticamente nominal. La posibilidad que ofrece actualmente la tecnología de poder digitalizar los libros y poder distribuirlos a coste muy bajo gracias a Internet, permite que estas obras estén al alcance de la mayoría de la población de forma gratuíta; lo cual puede ser factible gracias a pequeños esfuerzos individuales.

Esta obra, Líricas también se encuentra en formato pdf en Scribd.

Hay actualmente otra obra de Costa y Llobera en Internet, es Poesies, su primer poemario, publicado en 1885; sin embargo, no está totalmente digitalizado sino que son fotografías de las páginas, lo que han llamado "edición facsímil".

En el 2022, dentro de diez años, se cumplirá el centenario de la muerte de Costa y Llobera. Yo desearía que su obra completa estuviera al "alcance de un clic".

Pero, a mi juicio, no es suficiente que una obra se halle digitalizada (en formato texto digital, que no sólo fotografía) y en Internet. Es conveniente e incluso necesario que se hable de ella, lo que los ingleses llaman "actualizar", para que no pase al olvido. Yo lo he intentado con algunas entradas en esta bitácora (ver: Costa y Llobera en Alta mar).

Por otra parte, creo que también es conveniente citar y enlazar aquellos artículos de periódicos y revistas que a lo largo del tiempo han tratado este tema. Estos libros de Dominio Público los llamo "libros con estela" ya que sobre ellos, estudiosos, especialistas e interesados, han escrito y publicado. Esa "estela" también es conveniente recogerla y enlazarla.

Bien, pues aquí está Líricas de Costa y Llobera. Un hermoso libro.

 (Segueix)

Horacio, Carducci y Costa

fabian | 14 Juny, 2012 09:59

Quinto Horacio Flaco (65 - 8 a.C.) fue un gran poeta lírico en lengua latina.Costa y Llobera escribió un poema titulado "Oda a Horaci" y un poemario titulado "Horacianes". No he encontrado ninguna de estas obras en Internet.

Hablar de una obra literaria a la que no se puede acceder de inmediato es normal cuando esa obra está sujeta a intereses comerciales; pero en mi parecer, debiera considerarse anormal cuando ya es de Dominio Público y se está en un medio que posibilita el alcance inmediato. Así que siento la frustración de citar una obra cuyo acceso no está al alcance.

Horacio trata temas como el elogio a una vida retirada (beatus ille), el gozo de la juventud y del vivir el momento con plenitud (carpe diem), temas que retomaron poetas posteriores.

Cuantos hemos tenido, por inclinación propia, aficiones al mundo clásico, griego y latino, sentimos cspecial admiración por Horacio, por su múltiple y variada obra, por su vida sencilla y dulce, por sus consejos a la corrompida sociedad romana y sus estimables servicios a la amistad.

Cuando, llevados por igual afición, penetramos en la vida y obras de Costa y Llobera observamos un paralelismo entre ambos poetas, en su vida y en sus obras, pese a haber transcurrido casi dos milenios de uno a otro.

En los primeros años de mi juventud, antes de iniciar mis estudios universitarios, tuve ocasión de coincidir con Don Miguel Costa en casa de sus familiares. Confieso que su manera de ser, de hahlar, su porte, su vensrable figura calaron en mí una simpatía hacia su persona que ha perdurado hasta hoy. En la Universidad de Barcelona fue mi Profesor D. Antonio Rubió y Lluch. ya septuagenario, que aprovechaba siempre todas las oportunidades para hablarme de su gran amigo Costa y Llobera, fallecido unos años antes. Terminada la licenciatura inicié este breve comentario sobre el paralelismo de Horacio y Costa, que, relegado por otros quehaceres, no he terminado hasta ahora con ocasión del cincuentenario de la muerte de nuestro vate en prueba de mi sincero afecto. Mi propósito es, pues, exponer las observaciones sobre este paralelismo a través de los datos que de sus vidas nos han llegado, y especialmente cuanto ellos mismos en sus obras nos muestran.

Bernardo Suau Caldés: En el cincuentenario de la muerte de Costa y Llobera (en Mayurqa, 1972, vol. 8)

Y el delicioso texto de Bernardo Suau nos va mostrando el amor al campo de ambos poetas, sus cantos a la belleza de la naturaleza; las "dos épocas" en la vida de ambos, una en la ciudad y otra en poblaciones pequeñas; la moderación como forma de vida; la calma del espíritu; el acercamiento tanto al mundo literario de sus tiempos de vida como al mundo clásico - Horacio introduce en Roma la métrica griega y Costa la introduce en Mallorca -; la moral epicúrea de Horacio y la moral cristiana de Costa.

Desde muy joven, ya en el primer poema dedicado a Horacio (1879), Costa pide tolerancia por su atrevimiento a introducir la métrica latina que él, Horacio, trajo de Grecia:

Princep afable de la docta lira,
mestre i custodi de la forma bella,
tu qui cenyires de llorer i murta
doble corona,
ara tolera que una má atrevida
passi a mon poble la que amb tal fortuna
tu transportares al solar de Roma
cítara grega.
Aspra i ferrenya sonará en ses cordes
fines la llengua de ma pátria dura;
mes, també noble hi sonará: ma pátria
filla és de Roma.

(¡Qué lástima que aquí no pueda poner el enlace a estos poemas horacianos de Costa y Llobera! Algún día, la obra de Dominio Público estará al alcance de todos)

Durante los cinco años vividos en Roma (1885 - 90) con motivo de su preparación sacerdotal, se colma Costa de Clasicismo. y corrrepondió a la satisfacción recibida cantando los lugares predilectos de Horacio y los restos evocadores de la cultura romana. Sus mejores composiciones que figuran en la edición de Líricas, colección de poesías en castellano (1898), se refieren a esta época: Ruinas, En las catacumbas, Adiós a Italia. “Distinto ambiente y predilecciones estéticas nuevas marcan una ruta de superación y plenitud” M. Batllori).

Costa al enviar a Rubió y Lluch la Oda a Horaci le anticipa su propósito de publicar “una coleccioncita de lírica imitada y traducida del latín”. Ya le hace observar su cuidado de que los sáficos sean verdaderamente tales, acentuando las sílabas primera, cuarta y octava, de manera que las cinco primeras sílabas de cada sáfico formen un adónico perfecto. Sin duda conoce Costa la “Odi barbare” de Carducci recién publicadas, y como él habrá observado que en el empleo de los pies latinos (sílabas breves y largas) coincide el acento tónico de determinadas sílabas de cada verso con el de una palabra, por lo que la armonía puede buscarse en la distribución de estos acentos tal como hace la poesía neolatina.

Bernardo Suau Caldés: En el cincuentenario de la muerte de Costa y Llobera (en Mayurqa, 1972, vol. 8)

Bueno. La poesía permite distintos niveles de acercamiento. El primero es leerla (u escucharla) interesándose por su contenido y belleza; ya posteriomente llegarán otros acercamientos interesándose por sus propiedades formales, como la métrica, rima, acentos, estrofas, etc. El hecho es que en este último fragmento he podido enlazar con los poemas que se citan, los cual debiera ser habitual cuando se trata de obras de Dominio Público.

Bernardo Suau cita a Giosuè Carducci (1835 - 1907), Premio Nobel de Literatura del año 1906, "primer poeta que adaptó con éxito los metros clásicos latinos a la poesía italiana moderna", pero contrario al papado, a la iglesia, a la monarquía y al sentimentalismo. Fue Estelrich quien le dió a Costa un libro de poemas de Carducci, y a éste le sedujo la forma de los versos, no así su contenido antirreligioso. Las formas clásicas, tan apreciadas por Costa, aparecían novedosas en los versos carduccianos. La historia la cuenta Assumpta Camps en La recepción literaria como instrumentalización. El caso de Giosuè Carducci en Cataluña, artículo interesante del que sólo copiaré el Resumen:

RESUMEN: En este ensayo nos proponemos estudiar la recepción literaria de G. Carducci en Cataluña, en ocasión del centenario de su muerte. Partiendo de la convicción que toda recepción conlleva, en mayor o menor grado, la instrumentalización de un autor y su obra en el contexto de acogida, analizaremos las alusiones al escritor italiano que aparecen en dos autores que entre el siglo XIX y el XX se refieren frecuentemente a él en ámbito catalán: Diego Ruiz Rodríguez y Miquel Costa i Llobera. De la comparación entre ambos se podrá apreciar la diferente significación que adquiere Carducci entre nosotros en esos años, y la imagen que se construye de él por entonces.

Tras analizar la influencia de Carducci en Diego Ruiz, sobrino de Picasso, Assumpta Camps analiza la obra de Costa y parte de una carta que éste envía a su amigo Rubió en marzo de 1879. Con ella finalizaré este ya largo artículo sobre el clasicismo del poeta mallorquín.

Últimament he llegit un llibre italià que m’ha produït gran efecte, les Odi barbare del novíssim poeta Carducci, notabilíssimes com a execució poètica, si bé detestables per son esperit filosòficament pagà i contrari al cristianisme. La bellesa d’aquestes poesies és tanta que, a pesar del paganisme que respiren, un no pot menys d’admirar-les i aprendre-les de memòria, com s’admiren i s’aprenen les obres dels antics. Jo no he vist mai en la vida cosa més clàssica i al mateix temps més inspirada. Carducci ha restaurat els metres d’Horaci amb mà de mestre (...) L’exemple m’ha induït a escriure una poesia en estrofes sense rima, com les de Cabanyes: és possible que no agradi ningú.

El poema es la Oda a Horaci.

Estelrich y las 'Líricas' de Costa

fabian | 13 Juny, 2012 15:31

La digitalización de los libros que ya están incluídos en la categoría de "Dominio Público" no parece que sea una labor inminente por parte de la Administración ni por los organismos relacionados con la cultura o la educación. Cuando se decidan ya veremos cómo lo hacen.

He hojeado el libro de Costa y Llobera, "Líricas" en la "Edición crítica" de Maria del Carme Bosch publicada recientemente (2004). Hay un gran trabajo de investigación sobre los escritos epistolares que Costa tenía con sus amigos, así como sobre las publicaciones en las que el poeta participaba. Pienso que una "edición crítica" va más dirigida a un público especializado que al general, a los "peatones", entre los cuales estoy yo. Al final del libro, la investigadora añade las "críticas" (no sé si pueden llamarse así) que se publicaron en la prensa cuando el libro se publicó. Son nueve y algunas están firmadas por los amigos del poeta con los que mantenía una correspondencia frecuente. Son las siguientes:

  • Antonio Rubió i Lluch: "Un poeta mallorquín" La Almudaina, 10 y 11 de julio de 1889.
  • Gonzalo de Castro, "Líricas por Miguel Costa, presbítero" - Palma de Mallorca, 1899 - En 8º XXIV - 144 páginas. "Boletín Bibliográfico", "Revista Contemporánea", núm. 559 (Madrid, 15 de marzo de 1899), 553 - 556.
  • Rafael Ballester: "Líricas (Poesías por M. Costa y Llobera)" en "La Última Hora", de 28 de marzo de 1899.
  • Rafael de Valenzuela: "Influencias del arte. Un poeta mallorquín" en "La Última Hora", 5 abril de 1899.
  • Espinilla [Joan Lluis Estelrich]: "Las Líricas de Costa" en "La Última Hora", 11 de abril de 1899.
  • Federico Balart: "Acuses de recibo III", en "El lunes de El Imparcial", 8 de mayo de 1899.
  • Juan Luis Estelrich: "Líricas", en El Heraldo de Madrid, 19 de junio de 1899 (reproducido en La Almudaina el 27 de junio de 1899)
  • Don Gil de las Calzas Verdes [Pelayo Vizuete] "Verduguillo": "El Arte" en "Revista hebdomadaria", núm. 27 (9 julio de 1899), año I
  • Emilio A. Villelga Rodríguez: "El año intelectual. Cartas bibliográficas. Los libros" en "Revista Eclesiástica", año III, vol. 5 (diciembre de 1899), 466 - 467.

Tanto Rubió como Estelrich eran amigos de Costa, con los que mantenía estrecha correspondencia.

Juan Luis Estelrich (1856 - 1923), de Artá (Mallorca), fue escritor, poeta, catedrático de Literatura en varios institutos, correspondiente de la Real Academia de la Lengua y Premio Fastenrath y miembro de varias Academias, como la de Buenas Letras de Barcelona, la de Bellas Artes de San Fernando o de la Hispanoamericana de Cádiz. Entre los literatos con los que mantenía correspondencia epistolar, la entrada de la Wikipedia no cita a Costa y Llobera, pero sí a Antonio Rubió, a Milá i Fontanals, a Juan Valera y a Menéndez Pelayo. La Biblioteca Nacional de España guarda su Archivo personal con 450 cartas y 50 textos originales. Juan Luis Estelrich i Perelló y Miguel Costa i Llobera fueron amigos desde sus años de Bachillerato al haberlo estudiado juntos en el Instituto Balear de Palma. Tiene en Palma una calle con su nombre, situada entre la Plaza de los Patines y los juzgados de la Vía Alemania.

Juan Luis Estelrich

Como el artículo titulado "Líricas. Poesías de D. Miguel Costa", publicado en El Heraldo de Madrid el lunes, 19 de Junio de 1899 sí está on line, lo "copio y pego" a continuación:

Líricas. Poesías de D. Miguel Costa

No estamos actualmente tan sobrados de poesía lírica que podamos desdeñar libros de selecto contenido, como las Líricas de Miguel Costa; ni aunque tuviéramos una producción exuberante podría prescindírse de quien se cierne en tales alturas de inspiración y domina tan faustosamente la técnica artística como el poeta de la isla dorada,

El nombre de Costa, divulgadísímo en las comarcas levantinas donde se habla la lengua catalana (no lomosina, como suele llamarse á veces), es bien conocido de unos pocos literatos de aquí; pero el publico de tierra adentro no pudo apreciar hasta ahora lo que este nombre significa. Sus colecciones de versos líricos y narrativos estaban escritas en catatán, y no podía exigirse á los castellanos que gustasen y saboreasen aquellas producciones. Hoy, después de la impresión de las Líricas en versos castellanos, eí desvío ó el olvido del nombre de Costa constituirán una verdadera ingratitud en Castilla y en toda Espafia.

Pero ¿quién es ese poeta?, preguntarán muchos de los lectores; y como yo soy quien lo presento sólo por méritos de mi residencia en la corte, voy a hacer de! mismo, en pocas palabras, una presentación biográfica.

Quien visite el archipiélago semigriego de Baleares, aquel grupo de islas verdes para el cual parece haber escrito Goethe el verso

Kent du das Land wo die Citronen bluhn,

encontrará en el pueblo de Pollensa, con sus diferencias dialectales dentro del mismo mallorquín, espléndidos paisajes y costumbres muy características, y allí la antigua casa de los Costa con grandes dejos señoriales, entre el respeto y veneración de dicho pueblo. Y era allá costumbre, que se perpetuó hasta 1855, la de adornar con laurel y palmas el portal de la casa donde había nacido el primogénito de la familla, adornos que no ostentaron, rompiendo con la tradición, los umbrales de la casa de los Costa en el nacimiento de este poeta.

Le estaba reservado alcanzarlas por deracbo de conquista.

Aunque primogénito y presunto hereu de una familia riquísima de Mallorca, tuvo su padre el buen acierto, rompiendo con otra tradición más dañina que la antes indicada, de dedicarle al estudio. Tras de un bachillerato aprovechadísimo, empezó Miguel la carrera de Derecho en Barcelona y aquí en Madrid la abandonó, disgustado de tales estudios, cuando sólo le faltaban dos asignaturas para acabarla. Recluyóse en Pollensa, al lado de su padre, viudo, cuando sus dos hermanos menores quisieron dedicarse á la Armada; pero bien pronto manifestó su decisión firmísima de abrazar la carrera eclesiástica. Después de cinco años de permanecer en Roma, volvió á Mallorca por el 1890 con loa hábitos talares, y allí le encontraréis consagrado á su padre, a la predicación, á la practica de todas las virtudes y haciendo versos, entre el respeto de sus paisaos, aun los más indoctos y descreídos.

Vivo está Costa, por fortuna, y no quiero qne trasciendan estas líneas a glorificación prematura; por esto contengo mí pluma y os remito al testimonio de todos loa mallorquines.

Sus versos de niñez, porque Costa los hizo desde niño, fueron casi todos castellanos. Al ir a Barcelona y tratar á loa vates de aquel florido renacimiento, escribió en catalán.

Modesto, y más tímido que modesto, los versos de Costa no se hubieran publicado en mucho tiempo sin una perdigüela escolar que le jugamos dos compañeros suyos, para avivar sus ánimos y romper la oscuridad de sus manuscritos.

Le recogimos unos pocos, y sin encomendarnos más que á la bondad de sus versos, los enviamos á la Revista Balear, que publicaban en Palma, Cuadrado, D. Tomás Aguiló, Rosselló, Frates, Gabriel Maura y demás dioses mayores y menores del Parnaso Mallorquín. Tendríamos entonces alrededor de quince años. La poesía La Vall, una de las enviadas, contenía el sumario de la producción de Costa. Sentimiento de la Naturaleza envuelto en clásica, sobria y reposada forma.

Dos años más tarde había de producir Costa El Pi de Fomentor, soberbio arranque lírico que es para los de la tierra algo así como para los catalanes la oda de Aríbau, conocida por A la patria,

El pi de Formentor colocó á Costa, de un salto, á la altura en que brillaba la imaginación, iluminada como un fanal de colores, de D. Mariano Aguiló, y donde se ungía en dulzuras celestiales la efusión mística de Verdaguer.

No hay que negarlo. La gloria más legítima de Costa eatá en su tomo juvenil de Poesías líricas catalanas. Allí, por antonomasia, Costa es el poeta lírico de Mallorca. Hermosas son, sin duda, las colecciones narrativas del Cansoneret de la Verge del Puig y Del agre de la terra; pero á unas y á otras superan muchas de sus Líricas, porque Costa es y será siempre, ante todo y sobre todo, encarnación viviente de la poesía lírica y verbo de su producción. Su gran cultura clásica se convierte en sentimiento viril y hondamente arraigado en el momento de la producción, como lo estaba en el alma de Fray Luís de León, y uno y otro, solo por los ojos de este sentimiento, han visto y se han compenetrado dol mundo real. Apenas hay en Costa una poesía de tema mallorquín y, no obstante, Costa ha sentido más que nadie la naturaleza de Mallorca y mejor que nadíe la ha expresado en sus versos mallorquines.

En sus Líricas domina otro tema: la inagotable fuente del arte. Las mismas Catacumbas de Roma, sobre estar escritas por un sacerdote tan piadoso como Costa, están sentidas artísticamente. Por esto resultan tan gran poesía; la mejor del tomo indudablemente. Y para que todo sean aciertos en ella, está justamente adivinada ó buscada la estrofa manzoniana de a cinque maggio, á la que el esdrújulo, á veces arcaico, perfuma la descripción arqueológica del sagrado recinto.

Poesías como ésta entran pocas en libra y acreditan la perspicacia del crítico, maestro de todos, D. Marcelino Menéndez y Pelayo, que, muchos años ha, decía de Costa ser uno de los poetas más verdaderamente líricos de la actual generación española.

No sé si se achacará á apasionamiento, que tengo y no oculto, por Costa, el aprecio que hago de sus últimas composiciones; pero lo cierto es que no abro el libro sin que tropiece con versos admirables y composicionea lindísimas. Acá un Nocturno que embelesa; allá unas Cascadas del Arno, en que revive el venusino; luego unas estrofas ciclópeas Al Moisés de Miguel Angel; un Adiós á Italia, digno de Carducci, imitado de sus metros, y como es consiguiente, cristianamente concebido; una Resignación, en que la víudez, en la luna de miel de su hermana, recuerda al poeta que el satélite de la tierra,

esa forma nacarada
que, signo de placer, sonríe al suelo,
de cerca por el sabio contemplada,
es, ¡ay!, un mundo de tristeza y duelo.
Su faz, que desde lejos aparenta
fina tersura y deleitoso halago,
resquebrajada y hórrida, presenta
de mültiples volcanes el estrago...

No hablo ya de la docena y media de sonetos que el tomo encierra. Siempre he creído que á la inspiración de Migu«l Costa convenía más la estrofa ceñida que la libertad métrica. Por esto en sus sonetos todo es praciso y acabador- La alondra, A Miguel Angel, A Rafael, En la plaza de la Concordia, Orillas del Tiber, Orillas del Arno, A fray Luís de León, En el Anfiteatro de Roma, Sobre un contraste de Víctor Hugo, Sobre un concepto de Leopardi.

Víctor Hugo, Leopardi, Manzoni, Fray Luís, he aquí los maestros ó los hermanos de Costa. De Víctor Hugo ha traído el poete mallorquín á sus versos catalanes alguna que otra imagen que ha sujetado siempre á la ebúrnea labor de los italianos, y al ne quid nimie del primer lírico español; pero bajo estas reminiscencias más externas se halla siempre, viva y palpitante, la extraordinaria cultura clásica de Costa, recogida de primera mano en la producción latina, así sacra como profana.

Ni alabo ni censuro que el poeta, en varias composiciones, se haya traducido á sí mismo; pero es indudable que el Costa, traducido al castellano, ha desmerecido. Años ha, y con motivo de la publicaoión de un tomo de versos mallorquines de Costa, hablé de la compenetración de este poeta con el medio ambiente de la naturaleza de Mallorca; de la endósmosis establecida; concepto y palabra que me ha hecho e! honor de repetir el P. Restituto del Valle Ruiz en el hermoso prólogo de las Líricas de Costa; pues bien, esta endósmosis queda bastante desvirtuada en las poesías traducidas, tales como El pino de Formentor, Marina, Balada de la fuente, Amor de patria y alguna otra. Lo que sí estimo, aplaudo y celebro, no obstante de haber dicho que conviene más á la inspiración y á la técnica de Costa la estrofa ceñida que la libertad métrica, es que se hayan recogido en su primer volumen de líricas castellanas dos composiciones en versos endecasílabos sueltos.

No puedo transigir con esa votación nominal, por la que resulta desechado el verso suelto, ni con la injusticia de que en España no se ha escrito jamás acertadamente. ¡Qué atrocidad! ¡Y Jáuregui y Jovellanos, y Moratín, y Martínez de la Rosa, y Ventura de la Vega, sin protestar desde el otro mundo; y callados aquí como muertos nada menos que Valera, y Núñez de Arce, y Menéndez Alcover! También acordamos un día que Hermosílla era un retórico, y bajo ese acuerdo no hay ya quien lea su traducción de la Ilíada, que es de lo bueno que en punto á traducciones corre por estos reinos.

Formulo, pues, voto particular sobre el capítulo, y ofrezco en defensa.de mi proposición Ruinas y A un poeta ignorado. A éste.dice Costa:

Tú la gran poesía no has cantado
que amaste con ardor, mas la viviste
. Nunca guirnalda de floridos versos
tú llegaste á tejer; pero las flores
que, deshojadas en lenguaje humilde,
prodigaste á tu paso, formarían
nobles coronas a cualquier poeta.
Artista no te llaman; mas lo bello
modelaste en el bien. Has esculpido
en vivos corazones, derramando
salud, consuelo y dádivas ocultas
sobre el dolor y la miseria humana.
Ha sido tu poema el sacrificio;
y no existe poema en este mundo
más grato a Dios, etc.

Y por no cansar á los lectores, aunque me quedo corto, basta y sobra con lo dicho para recomendación eficacísima de laa Líricas de Costa, á quien envío mi enhorabuena, no menos que á los Sres. Amengua! y Muntaner, editores de Malíorca por haber encerrado en tan lindísimo estuche esas joyas poéticas.

J. L. Estelrich: Líricas. Poesías de D. Miguel Costa (El Heraldo de Madrid, 19/06/1899)

La alondra de Costa y el elogio de M.S. Oliver

fabian | 12 Juny, 2012 10:41

"Feliz quien en la tierra alcanza / los ímpetus del ave de la aurora", son los versos finales del soneto "La alondra", ave que se lanza a la altura como flecha, "ebria de inmensidad y de luz pura". Es una imagen literaria la del ave que vuela alto, que confiere a esa altura valores positivos de nobleza, de sabiduría y de esfuerzo. "Vuela amigo, vuela alto" cantaba una canción. Pero algunos poetas muestran otros planos de esta imagen; ya San Juan de la Cruz indicaba su soledad. Costa y Llobera para el vuelo del ave: "hasta que de pronto, fatigado el vuelo, / al surco vuelve de la gleba obscura" y nos muestra a esta ave ("del color del suelo" la describía en el segundo verso) posada sobre el campo. La comparación es inmediata: "así mi corazón", "desde el árido yermo donde mora / cantando [...] se lanza, / y vuelve a la aridez desoladora. // Aquí, rendido, su miseria llora ...".

Miguel de los Santos Oliver, quien marchó a Barcelona quizás huyendo de esta ciudad de Palma (¿de esta aridez desoladora?), lee los poemas de este sacerdote que vive en Pollença. Ya escribió de él en sus artículos de "La literatura en Mallorca" cuando Costa había publicado sus primeros libros y, según dice, en otros artículos que desconozco. Oliver indica tres períodos en la poesía de Costa. Sus poemas relacionados con la isla le entusiasman. El primer período lo ciñe a sus años estudiantiles; el segundo a los años que pasó en Roma para ser sacerdote y el tercero a sus poemas posteriores. Líricas recoge poemas de su primer período, como este soneto de "La Alondra", y los poemas escritos enItalia.

"No sin íntima melancolía he ido releyendo - indica Oliver -, página por página, las Poesíes de Costa. Con ellas van enlazados recuerdos personales de mi oscura vida literaria y al compás de sus versos he visto desfilar fechas, nombres, impresiones, solemnidades, todo un período de más cuatro lustros para la que con tanta indulgencia ha sido llamada «escuela mallorquína», período que unos han aprovechado en labor paciente, depurada y valiosa y que otros han visto disiparse en la grata pereza de la contemplación y en el estéril imaginar de proyectos y esperanzas no llegadas á término. Como acicate de los disciplicentes y como freno de los impetuosos y atolondrados, levantábase la figura de Costa, siempre igual y placentero. Vuelto de Roma, allá desde 1890, su vena fluía mansa y dulcemente, sin avenidas torrenciales ni súbitos y largos agostamientos." [...]

La figura de Costa, en las palabras de Oliver, se me presenta tranquila, agradable, centrada en la población a la que sirve como sacerdote. Oliver, en el artículo presenta el contraste entre el trajín constante de una ciudad populosa y el sosiego de una población como Pollença. "Mas, ¡ah!, feliz quien en la tierra alcanza / los ímpetus del ave de la aurora" son los versos finales de ese hermoso soneto de Costa. Y el poeta alcanzó las alturas.

 (Segueix)

De M. Costa y Llobera: 'Líricas' en pdf

fabian | 07 Juny, 2012 17:13

Bien, pues ya está. Acabo de subir el pdf de Líricas (1899) de Miguel Costa y Llobera. Contiene 49 poemas en Castellano, su única obra en esta lengua. Dicen los entendidos que es mejor su obra en Catalán, que era su lengua materna. Yo no puedo opinar pues sólo conozco algún poema y, además, yo no soy un entendido. Sólo soy un lector y, seguramente, mis criterios sean otros que los de los críticos. Al ser yo de lengua Castellana, probablemente esté más cercano a estos poemas; aunque también conozco la lengua Catalana, pero, aunque también la considero mía, lo es por acercamiento, que no por materna.

libro
"Líricas" de Costa y Llobera (1899)

Poemario digitalizado, no sólo fotografiado como hacen las instituciones de este país. Digitalizado supone las siguientes acciones: fotografiar las páginas, pasarlas por un escáner, corregir y guardar el texto ya fuera de la fotografía, montarlo en algún o algunos tipos de soporte dándole la forma adecuada. Los libros que presentan como digitales las bibliotecas españolas sólo fotografían y montan las fotografías; en ellas el texto no se puede seleccionar, ni copiar y pegar, por lo que son libros sólo para leer y ello no es del todo suficiente para un mundo de la información, pues si quieres seleccionar un poema o una estrofa y utilizarla de alguna manera, no se puede hacer con facilidad y hay que volver a teclear lo que otra persona ya ha hecho.

Dar forma al texto significa, en este caso, ponerlo como versos y estrofas o, el texto correspondiente, como notas o como título. Y montarlo en un soporte consiste en pegarlo en Word - que luego transformo en pdf - o en epub. Cada soporte le añade códigos propios. El epub es un contenedor de hojas del "Bloc de Notas" en formato HTML, que es la forma con menos código y más limpio. En formato epub, el libro "Líricas" pesa 92 Kb; en Word, 350 Kb y en pdf, 333 Kb.

El epub tiene una gran ventaja, que el archivo no queda sellado; es decir, se puede abrir y añadir más textos o quitarlos. Esto también lo permite el Word, pero éste no presenta un sistema de navegación entre páginas, capítulos o poemas; el pdf deja los archivos sellados, ya no se pueden abrir ni realizar operaciones en el texto, y, además, no utiliza el párrafo como elemento básico, sino la línea, lo cual hace que no sea muy válido en los eReader.

En los poemas, una estrofa es un párrafo con "break" (ruptura de línea) en cada verso. Bueno, es la nomenclatura y códigos de las páginas web, lenguaje HTML, fácil, sencillo y, sobre todo, inteligible.

libro
"Líricas" de Costa y Llobera. Edición crítica (2004)

El libro "Líricas" creo que se ha editado dos veces. En 1899 y la "Edición Crítica", realizada por Maria del Carme Bosch, editada por Lleonard Muntaner, en el 2004, cuando ya la obra era de Dominio Público. Pero los poemas se han publicado varias veces en las Obras Completas de Costa y Llobera.

Ahora me falta acabar el epub, lo cual haré la semana próxima. A mí es el formato que más me convence y gusta.

Bien, pues ya está en la Red el poemario "Líricas" de Costa y Llobera. En Scrib.

Tesis doctoral: La capilla de Barceló en la Catedral de Mallorca

fabian | 06 Juny, 2012 13:08

Dos apuntes para esta entrada:

Joan Riera nos recuerda que hoy hace un siglo que llegó la electricidad a la Catedral con el encendido de bombillas de las llamadas "trobigueres", esas coronas de hierro forjado en las columnas, creo que diseñadas por Joan Rubió. El artículo, en el que además de citar a Gaudí, nombra a Feliciano Fuster, se titula Gaudí encendió las luces de la Seu (DM, 06/06/2012)

capilla
Capilla de Barceló (Foto recogida en El Mundo)

El segundo apunte es indicar una Tesis Doctoral realizada por Carmen Sabalete Gil y dirigida por Sagrario Aznar Almazán, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, facultad de Geografía e Historia, titulada Capilla Barceló : una propuesta para mirar, de fecha 11/05/2011.

 (Segueix)

Entre la mar y la arena

fabian | 05 Juny, 2012 15:47

Un poemario es un libro que requiere técnicas de lectura propias. No es como una novela que se pueda leer de corrido. Tampoco es como un libro de ensayo. La verdad es que no sé muy bien cómo se lee un libro de poemas. Quizás la técnica de lectura que requiera diferente sea la exploración. Un poema no queda definido por el título. Pongo un ejemplo: el título es "En la playa" y su forma es de soneto. ¿Dice algo hasta aquí?. La exploración de un poemario requiere leer unos pocos versos de cada poema; no basta con el título; aunque quizás sí la longitud del poema ya pueda inducir a desecharlo.

Libre al aire y al sol, un rapazuelo
corre descalzo por la abierta playa,
con el empeño de seguir la raya
divisoria del mar y el firme suelo.

Los primeros versos de un poema dan a poder intuir su contenido y el lector puede decidir si lo lee o no. Un poemario no es para leer de corrido; hojeo las páginas, leyendo el título y el comienzo de algunos poemas. No espero encontrar muchos poemas que centren mi atención; un par de poemas serán suficientes para sentirme satisfecho y dar por concluída su lectura. No creo que haya leído ningún poemario al completo, pese a haberlo explorado en un par de ocasiones. No por ello son libros a medio leer: el tipo de lectura que exigen es la exploratoria y, si hay suerte, la lectura de unos pocos poemas. Y aquí conviene hablar un poco sobre la lectura de un poema.

Así como la lectura de textos narrativos, periodísticos, publicitarios y otros es frecuente, cada día y a cualquier hora, la lectura de un poema requiere una actitud especial, distinta. Quizá haya que tener un nivel muy bajo de preocupaciones. No es tema de tener tiempo o no; no suelen exigir mucho tiempo; es cuestión de actitud. Tampoco es cuestión de curiosidad narrativa: el saber cómo acabará o se resolverá la cuestión; podría ser algo como ese indefinido temple o contacto con el sentimiento o emoción con el poeta, entendidas estas últimas palabras al amplio modo.

... Un niño juega en la playa. Intenta seguir una línea, la que inicia el mar.

Libre al aire y al sol, un rapazuelo
corre descalzo por la abierta playa,
con el empeño de seguir la raya
divisoria del mar y el firme suelo.

Mas ve hurtado su infantil anhelo,
pues ya la ola sin llegar desmaya,
o ya parece que a cubrirle vaya
de las espumas el rizado velo.

Quizás en un poemario haya poemas para diferentes edades o para distintos momentos del día o tal vez sea que hay poemas que gustarán más en verano y otros en invierno ... ¿Será que alguno requiera música de fondo?, ¿o, podría ser, un silencio especial?

El hecho está en que un poema desechado ayer, extrañamente gusta hoy.

Tal entre el sí y el no, confusamente,
corre anhelante nuestra humana vida.
sin que nunca deslinde su presente.

Dicha gustada, adversidad sufrida:
¡oh cuánto una de otra es diferente!
Mas, ¿quién línea trazó que las divida?

Miguel Costa y Llobera: "En la playa", de su poemario "Líricas"

Como el niño que juega en la playa, no acierto con la línea que defina el gusto por la poesía; ese "sí" o "no" poco definidos, de límites tan confusos como este "ahora" que separa el antes del después. No puedo adivinar los motivos, pero de repente, unos versos son capaces de acaparar la atención, crear una imagen y darle un sentido y, con ello, sentir al poeta.

Junio en Palma de Costa y Llobera

fabian | 04 Juny, 2012 09:48

Encuentro en Internet un libro (fotografiado, que no digitalizado) de poemas de Miguel Costa y Llobera (1854 - 1922), poeta muy renombrado en estas islas, que cantó con lirismo sus paisajes. El libro es Poesies, su primer poemario, publicado en 1885.

Es una lástima que estas webs institucionales ― ésta "es propiedad" del "Consorci de Biblioteques Universitàries de Catalunya (CBUC)" ― no pongan los textos como textos, sino como imágenes. Bueno pues en ese libro hay un poema (p.6) titulado "Diada de juny". Siento no poder poner ningún fragmento de este poema en Catalán, al no ser copiable y pegable, aparte de indicar la web que no se puede hacer sin permiso escrito de los "propietarios".

La obra de Miguel Costa y Llobera, desde el año 2002 es de Dominio Público en España y convendría recordar un poco la Carta del Dominio Público de Europeana. Temas ― tanto el del Dominio Público como el de que presentar fotografías de las páginas de un libro no es la digitalización ―, recurrentes en esta bitácora y que con frecuencia critico. Un libro está digitalizado cuando su texto se presenta como texto digital, con las características de manejabilidad propias, y no como fotografía. Y el Dominio Público aplicado a los textos es que están al alcance de los ciudadanos, incluso en manejabilidad.

Costa y Llobera publicó en 1899 su tercer poemario, titulado "Líricas", con poemas en Castellano. En este libro hay poemas variados, los que realizó en Italia, versiones en Castellano de algunos poemas suyos, algunas traducciones y otros en los que sigue tratando sus temas de siempre, entre ellos, la naturaleza, tratada ésta de manera predominantemente descriptiva y, alguna vez, añadiendo reflexiones de tipo moral.Entre los poemas descriptivos de la naturaleza se encuentran «Postrimerías de otoño», «Crepúsculo de noviembre», «Crepúsculo de agosto» y «¡Luz! impresión de junio en Palma»

¡Luz! Impresión de junio en Palma

Arde en el cielo límpido
el sol de medio día
que enciende la amapola,
que dora las espigas.
Templando sus ardores,
vuela del mar la brisa,
moviendo levemente
las aguas que se rizan,
y en cabrilleo vivido
centelleando brillan,
más que de mil imperios
mezclada pedrería.
Cual zona de diamantes,
zafiros y amatistas,
se extiende ese reguero
de claridad magnífica,
hasta el azul celeste,
cruzando la bahía.
Es la triunfal carrera
de las velas latinas,
que con perfil de alas
por ella se deslizan.
de eflorescencia rica;
y aun sobre los laureles,
que en grupo allá se empinan,
cimbréase el penacho
de la palmera altiva.

Bandadas de palomas
gallardamente giran:
ya obscuras se destacan
sobre la luz vivísima,
ya blancas sobre el fondo
de vetustez rojiza
del gótico portento
que la ciudad domina.
Allá, por los pináculos
y rotas cresterías,
pululan los vencejos
y raudas golondrinas.
Y desde allí se lanzan
en vuelo sin fatiga;
y ya rozan la tierra
sus alas fugitivas,
ya las supremas gárgolas
que el vértigo esculpía.
Así en inmensa turba
se cruzan, vagan, giran
esas ardientes aves
con gárrula alegría,
gritando al sol y al viento
el triunfo de la vida.

En esta primera entrada del mes de junio, se me ha ocurrido copiar este poema que canta la luz de estos días, la brisa marina y el vuelo y el canto de las aves que gritan "el triunfo de la vida".

 
Accessible and Valid XHTML 1.0 Strict and CSS
Powered by LifeType - Design by BalearWeb - Administrar