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Patrimonio Industrial: 100 elementos en España

fabian | 31 Març, 2011 14:15

En Madrid se está realizando una exposición que será itinerante titulada 100 elementos del Patrimonio Industrial en España. La exposición, a base de paneles con textos y fotografías se realiza, lógicamente, en un espacio especial: la Real Fábrica de Tapices.

cartel

... acercar el patrimonio industrial al conjunto de la sociedad y mostrar su riqueza. Este patrimonio está compuesto por los restos de la cultura industrial que poseen un valor histórico, tecnológico, social, arquitectónico o científico.

La sociedad actual además de disfrutar de la visita a las ruinas arqueológicas y a las grandes catedrales, ha descubierto la existencia de otro tipo de patrimonio: el industrial. Éste ha dejado de ser el gran desconocido para protagonizar acciones de intervención desde las administraciones públicas e integrarse en las rutas turísticas siendo visitado por un número cada día creciente de turistas.

De entre los cien elementos elegidos de todas las partes de España, hay tres de las Baleares; son: Sa Fàbrica Nova de Sóller (nº 71), Bodega cooperativa Es Sindicat de Felanitx (nº 72) y la Central térmica de Alcudia (nº 74). Ver Lista de elementos.

paneles
Paneles de los tres elementos de las Islas Baleares (en grande)

La información me llega a través de Monsacro.net (Revista de Patrimonio y Arqueología industrial. Divulgación Tecnológica) en dos artículos (artículo 1 y artículo 2). Observo sus enlaces y me alegra ver que ya hay varias webs y bitácoras relacionadas con el Patrimonio Industrial, lamentablemente aún ninguna de Mallorca ni de las islas. Y eso que creo que hay bastantes elementos interesantes que no sólo debiéramos cuidar sino también darlos a conocer vía Internet. ¡Cuán necesaria es una web de referencia dedicada al patrimonio!

La exposición tiene un blog: 100 Elementos del Patrimonio Industrial en España.

Encuentro alguna información y buenas fotografías de la Bodega Es Sindicat de Felanitx en cafate.blogspot, y en el que se citan incluso nombres propios. Es un bien declarado BIC - otra falta de información oficial de las instituciones públicas -

De la Fàbrica Nova de Sóller encuentro alguna noticia periodística: El consistorio de Sóller pierde la titularidad de la Fàbrica Nova (DM, 26/03/2011) y Un edificio ruinoso y con usos limitados (DM, 26/03/2011), las cuales son noticias de esta semana.

De la Central térmica de Alcudia está la información - anuncio del Consell de Mallorca Reconversión de la Antigua Central Térmica de Alcúdia (22/10/2008)

Aparte de los anuncios propagandísticos, ¿no les falla a las instituciones de las islas el tema de la información? Quizás los ciudadanos no nos interesemos suficientemente por el patrimonio, pero tampoco hay información válida.

tríptico de 100 Elementos del Patrimonio Industrial en España

Visite documentadamente la Lonja y el Consulado del Mar de Palma

fabian | 30 Març, 2011 19:53

Esta mañana en la biblioteca me he encontrado en la mesa donde se deja propaganda un pequeño libro sobre "El Consolat de Mar". Está fechado en este año, 2011, y en los "créditos" indica que está editado por la "Secretaria de la Presidencia de las Islas Baleares". Los textos son de Júlia Roman Quetgles y las fotografías de varios autores. Sólo había un ejemplar. Yo he supuesto que sería una sobra del último día de la Comunidad autónoma, día en que dejan visitar el edificio del Consulado del Mar. Me lo he traído a casa y lo he digitalizado. Lo he puesto en Scribd, desde donde se puede bajar (en caso que no sea así, que alguien me lo indique y buscaré otra forma. Gracias).

folleto

Una manera de visitar una ciudad o una parte de ella, posiblemente sea con el apoyo de medios tecnológicos. Yo imagino que quiero visitar cualquier parte de la ciudad, ya una iglesia concreta u otro edificio, ya un corto trayecto. Entraría en la web del ayuntamiento, buscaría "patrimonio", y allí me propondrían algunas visitas. Imagino que quiero visitar la iglesia del Socorro y el Temple u otro recorrido cualquiera. Pulso en el enlace y me ofrecen una serie de documentos, ya pdf, ya archivos sonoros o vídeos. Me los cargo en la tableta, ipad, móvil o eReader y, una vez hecho esto, realizo el recorrido elegido. Al tiempo que visito la iglesia del Socorro, voy leyendo (o escuchando) en la tableta la historia del templo, la imaginería que tiene, sus escultores, etc. Es una visita documentada. Una manera de visitar la ciudad.

¿Llegará a poder ser así?

Viajeros científicos en las Baleares en el siglo XIX (conferencia)

fabian | 29 Març, 2011 16:33

La conferencia, impartida por Josep Antoni Alcover, tenía como título "De François Aragó a Dorothea Bate, les Balears i els viatgers científics", se realizó ayer en la CaixaForum de Palma, como parte del ciclo "Les Balears, unes illes molt viatjades" presentado por Carme Riera.

Bueno, estuvo bien, pues me interesaba el tema. Una conferencia es una conferencia: el conferenciante que va contando los científicos que pasaron por las islas a lo largo del siglo XIX ayudado por un archivo de Power Point que se proyectaba en una pantalla. Al final sales muy satisfecho pues la charla ha sido agradable. Pero, si cinco minutos después te preguntas "¿y quiénes eran esos científicos?", se hace difícil nombrar a alguno más de los que aparecen en el título. Máxime cuando el tema resulta desconocido para el oyente. Así que ya fui pertrechado de un bloc de notas, un bolígrafo, un grabador y una cámara. Lo más importante es el bloc de notas y el bolígrafo, instrumentos no digitales y que me obligan a reescribir lo ya escrito, lo cual está en modo telegráfico o de anotación rápida. De la grabación, dejo unos minutos (5) y una fotografía.

conferencia
Carme Riera y el conferenciante, Josep Antoni Alcover

Sólo voy a enumerar los científicos que pasaron por las islas, sin añadir ninguna otra anotación más que el año en que estuvieron en las islas y su nombre, pues el tema es largo. Si tuviera tiempo, buscaría algún enlace (principalmente a Baleópolis) que explicara qué hizo. La palabra oral de una conferencia no puede enlazar con la biblioteca o museo en que se encuentra su obra, el periódico o libro tampoco lo puede hacer. Una página web sí puede, pero ello ya sería una labor importante y larga. Sin embargo, convendría hacerlo.

Archivo sonoro en Goear

  • Jean Baptiste Biot (1807 - 1808): en Formentera: medida del meridiano
  • François Aragó (1808). Medida del meridiano - Baleópolis -
  • François Etienne de la Roche, en Ibiza y Menorca: recogió plantas y peces - Baleópolis -
  • Jacques Cambessèdes (1825) Estudio de la flora
  • Elie de Beaumont: Estudio geológico
  • Albert della Marmora (1833) Observaciones geológicas. - en Baleópolis -
  • Paul Bouvy (desde 1835): Desecación Pla de Sant Jordi de Palma y otros trabajos a lo largo de varias décadas - Baleópolis -
  • Henri Lacaze - Duthiers (1853) - Baleópolis -
  • Jules Haine: estudio de fósiles
  • Alphonse Milne - Edwars (1853): fósiles de aves
  • Paul Marés (1850 - 1855): Catálogo razonado de plantas vasculares
  • Cristóforo Belloti (1857): Recogió minerales en Sineu
  • John Bateman (1861): La albufera de Alcudia - Baleópolis -
  • Alexander Von Homeyer (1861): Ornitología
  • Lord Lilford (1865) ornitólogo
  • Ludwig Vilhelm Schaufuss (1866 y 1872 zoólogo
  • Archiduque Luis Salvador (1867, primera visita) Estudio de coleópteros
  • Howard Saunders (1871): ornitólogo
  • Heinrich Moritz Willkom (1873): botánico - Baleópolis -
  • Carl Samper (1876), en Menorca: sobre gusanos
  • Paul Fraisse (1876)
  • Henri Hermite (1878): tesis doctoral de geología
  • Maximiliam Gustav Cristian Braun (1882) sobre las sargantanas
  • Pietro Porta (1885)
  • Valéry Mayet (1891)
  • Emile Carteilhac (1888): talaiots
  • Edouard Martel (1896, 1901): en cuevas - Baleópolis -
  • Edouard Poulton (1900)
  • Oldfield Thomas
  • Reginald Ignes Pocock: "Balearic insects"
  • Leon Rolland (1903): en Sóller
  • Emile Racovitza (1904): el bichito de los lagos subterráneos - Baleópolis -
  • Herman Knoche (1905 - 1909, 1912): Flora balearica (1921)
  • Dos científicAs rusas antes de Dorothea
  • Dorothea Bate (1909) - Baleópolis -

La lista es producto de una anotación muy rápida, posiblemente haya equivocaciones, tomada a lo largo de la conferencia. He querido apuntarla aquí pues puede ser fuente para algunas búsquedas. Si no los apunto, al final de la conferencia sólo puedo recordar unos pocos, generalmente los que me resultan más conocidos. Siempre dudo de la efectividad de las conferencias que, aunque agradables como ésta, requerirían de un complemento escrito pues la memoria es débil.

De algunos de estos científicos viajeros tenemos - afortunadamente - información gracias a los artículos de Baleópolis que publica elmundo.es de Baleares los martes. Claro, esta lista es sólo de extranjeros en el siglo XIX, en los artículos aparecen muchos otros de otros siglos y no sólo extranjeros. Pero, lo que hay es gracias a un periódico ... ¿Y las instituciones: UIB, institutos, colegios profesionales, consell, etc. dónde están? Sólo el GOB en alguna revista trata un poco sobre la historia de la botánica en Mallorca. ¿Y todos los demás?

Bien la conferencia, pero ... ¿Por qué no está en Internet? La Red no debiera sólo anunciar - complejo de web anuncio - un acto. Informar puede ser algo más, mucho más que sólo anunciar. Bueno, seguiré quejándome otro día.

El remolcador J.O.P. 2

fabian | 28 Març, 2011 16:13

Alertado por Alberto, a quien doy las gracias, me entero que en la Última Hora de ayer, edición dominical, hay un artículo de Gabriel Alomar sobre una embarcación del patrimonio naval de las islas. El artículo, titulado "El patrimonio naval en el olvido" no está en la edición on line, por lo que lo he buscado en la edición papel. Yo creo que todos estos artículos hay que guardarlos, tanto los textos como las fotografías - éstas también de Gabriel Alomar -. El artículo se centra en un remolcador "J.O.P.2" que fue construído en 1956:

cabecera
El antiguo remolcador portuario forma parte del patrimonio marítimo mallorquín, al haber sido construído en Palma y operar en su puerto durante cerca de medio siglo

Durante los últimos 14 años la flota de embarcaciones tradicionales en Mallorca se ha reducido cerca de un 43 por ciento, según se desprende de un estudio elaborado por el historiador Bernat Oliver, encargado por la Direcció Insular de Patrimoni.

De seguir esta tendencia, la Associació d'Amics del Museu Marítim prevé que, en apenas diez años más, la situación de la flota de embarcaciones tradicionales puede ser meramente testimonial, a cargo de contados ejemplares. A partir de este inventario el conseller de Cultura i Patrimoni. Joan Font, ha indicado que prevé poner en marcha un estudio a fondo de cada embarcación, para que se puedan aplicar las figuras que contempla la Llei de Patrimoni como BIC o Bien Catalogado.

Superviviente

Además de las embarcaciones tradicionales, como es el caso de los llaüts, pasteres. bots o gussis, existen en la Isla otras que por su interés histórico y particular tipología merecen ser conservadas. Algunas de las cuales pertenecen a la Autoritat Portuaria de Balears. Entre ellas destaca el J.O.P.2, remolcador portuario construido en madera en 1956 por los mestres d'aixa en los desaparecidos Astilleros Palma, en sa Pedrera (1942-1968).

remolcador
El remolcador 'J.O.P. 2' en el puerto de Palma durante la década de los años 50 tirando de una cabria flotante

Esta embarcación es, en la actualidad, el único ejemplar superviviente de aquella época entre los vinculados a aquellas gradas. Se trata de una unidad de unos veinte metros de eslora dotada de motor y puente de mando, además de unas escotillas de ventilación que comunican con la máquina.

En el diseño del casco destaca el notable arrufo que describe de proa a popa, característico de los remolcadores de entonces, así como su clásica chimenea tras el mástil de señales y una típica cachimba.

astilleros
Los astilleros de Palma, en sa Pedrera, funcionaron entre 1942 y 1968, construyendo buques de madera y metálicos.

La proa cuenta con tajamar que se une a la quilla, mientras la popa es de tipo espejo invertido y redondeada, al uso de los remolcadores convencionales.

Se trata de una tipología que por sus dimensiones e interés autóctono forma parte, hoy día, de los principales museos marítimos de Europa. Una asignatura pendiente en Palma desde hace 37 años, cuando cerró el existente.

¡Qué lástima que los artículos de Gabriel Alomar no estén todos on line!

La Carta de Valseca

fabian | 28 Març, 2011 11:13

Voy leyendo, sin prisas, algunos artículos de Miguel de los Santos Oliver en La Vanguardia. El primer artículo fue publicado el 4 de agosto de 1906. Los sábados 1 y 8 de diciembre de 1917 publica, en la página 8, dos artículos correlativos: Una joya náutica: La carta de Valseca (I) y (II). Esta Carta, de 1439, se conserva actualmente en el Museo Marítimo de Barcelona. Sólo he encontrado de ella una imagen de tamaño suficientemente válido en la Wikipédia portuguesa, imagen que está recogida de la página portulanos en butronmaker, en la que hay otras imágenes no sólo de otras obras de Valseca, sino también de otros talleres de cartógrafos mallorquines.

La Carta de Valseca que estuvo muchos años en la casa del Cardenal Despuig de Palma, calle Montenegro, tiene algunas anécdotas que se cuentan con cierta frecuencia, que si la compró Américo Vespucci, que si a George Sand se le cayó un tintero encima. Todo ello lo cuenta Miguel de los Santos Oliver en el primer artículo. En el segundo aparecen otros nombres, precisamente de marinos cartógrafos como Vicente Tofiño o José Gómez Imaz, quienes realizaron el levantamiento de las costas de las islas y cuyas cartas marinas se pueden ver en la sección de cartografía de esta bitácora. Los dos artículos son interesantes, quizás el segundo, desde la exposición de Chicago hasta que la Carta pasa a Cataluña, me ha llamado la atención por serme más desconocida su historia.

Una joya náutica: La Carta de Valseca

I

Estos días acaba de entrar en la Biblioteca de Cataluña, mediante adquisición por compra, una pieza del mayor interés: la célebre carta de navegar trazada por el mallorquín Gabriel de Valseca en 1439. No hay quien desconozca el espíritu náutico que presidió á la expansión catalanoaragonesa ni la hegemonía mediterránea que vino á granjearle. La conquista de Mallorca en 1229, determinada por este influjo ó sentido de la expansión nacional, se convirtió en incremento de ella y muy pronto la isla consiguió emular á la propia metrópoli, si no se constituyó en centro de los estudios y de las grandes empresas marítimas de Cataluña.

Baste recordar el auge de su comercio con Levante, su Consulado de mar, sus trescientas naves de altura, sus poderosos mercaderes, con filiales y factorías que se aventuraban hasta el último confín del mundo conocido, y, sobre todo, su escuela, - científica, podemos decir, - de mareantes, brujoleros, constructores de cuartiers y astrolabios, delineadores de cartas, portulanos y demás instrumentos ó documentos aplicables á la navegación. No bien cumplido un siglo desde la incorporación de Mallorca á los dominios de la casa de Aragón, empieza esa actividad á dar muestras ostensibles de sí misma; y, por las que quedan y ha respetado el tiempo, puede deducirse toda su importancia, su caudal de origen y el valor de lo perdido ó ignorado á estas horas.

Sólo dos ó tres ejemplares ofrece la arqueología naval anteriores á la carta mallorquina de autor desconocido, fechada en 1323, que mencionó y describió M. Jomard. Diez y seis años más tarde, con la fecha de 1339, aparece la de Ángel ó Angelí Dolcet, acabada en incierto día de mense augusto in civitate Majoricarum. En 1375 queda terminado el famoso atlas ó mapamundi de Jaime Ribes, - judío converso que antes de llamó Jaffuda Cresques, - existente ahora en la Biblioteca Nacional de París, por haberlo regalado al de Francia el Rey de Aragón. Dos cartas de Guillermo Soler, civis Majoricarum, coetáneas poco más ó menos de la anterior, se conservan: una en París y otra (1385) en el Archivo de Florencia. Por este mismo tiempo un explorador misterioso, Jaime Ferrer, salía con su uxer ó uxar en dirección al Río de Oro, según nota que consigna Jaime Ribes en el citado mapamundi del mismo año del viaje, 1375, y que repitió Matías de Viladestes, otro de los cartógrafos de la escuela de Mallorca en el suyo de 1413, omitiéndola Valseca en su obra de 1439. Y todavía, cosa de un siglo y medio después, ya descubierto y conquistado el Nuevo Mundo, desviadas las antiguas rutas de la civilización y el comercio, aquella tradición insular continúa con los portulanos de Mateo Prunes, uno de los cuales se conserva firmado in civitate Majoricarum anno 1586.

Por estos vestigios salvados del naufragio del tiempo y por otros de menos cuantía que aparecen de tarde en tarde puede colegirse la intensidad de aquel movimiento marítimo y la perfección de dicha escuela, cuyas producciones hallamos casi siempre en poder de los extranjeros. Habent sua fata libelli; las cartas de navegar también, y la que trazó Gabriel de Valseca en grado sumo. Cuarenta o cincuenta años después de concluida y de andar en manos de ignotos poseedores, cayó un día bajo los ojos de Américo Vespucio, uno de los pilotos de Colón y el que dio su nombre, más por casualidad que por intento, al continente descubierto por el gran genovés. ¿Dónde, en qué arsenal, en qué castillo o cámara de galera, vio Vespucio la codiciada joya? Lo ignoramos también: sólo sabemos que la adquirió y que dio por ella una suma considerable, al tenor de la nota que puso al dorso: Questa ampia pelle di geographia fu pagata da Amerigo Vespucci cxxx ducati di oro di marco.

¿En qué viajes le acompañó? ¿Para qué derroteros pudo servirle? Lo desconocemos igualmente. Con esta nota, con el precio de ciento treinta escudos de oro que pagó por el pergamino y con la vanidad de coleccionista que parece desprenderse de dicho recuerdo, quedan agotadas todas las referencias o conexiones con el preclaro comprador. Pasaron muchos años, pasaron tres siglos, y la carta, que había ido a parar, no sabemos por qué vías de herencia o de adquisición, a una biblioteca florentina, perdió poco o poco su valor científico y actual, para adquirir el de antigüedad gloriosa. La biblioteca de Florencia en que estuvo custodiado el mapa de Valseca. vino a liquidación por reveses de fortuna; hiciéronse lotes para la venta; acudieron infinidad de bibliófilos y anticuarios, italianos o extranjeros, de los que andaban a caza de preciosidades, y quiso la suerte quo allí se hallase un ilustre prelado mallorquín, don Antonio Despuig y Dameto, quien se apresuró a adquirir la pelle di geographia con el noble propósito de restituirla a su patria de origen, no sin encargar a los PP Lampillas y Andrés, ilustres jesuitas de los expulsados de España, que procurasen identificar el autógrafo de Vespucio.

Obispo de Orihuela, sucesivamente arzobispo de Tarragona y de Sevilla, el futuro cardenal Despuig pertenecía a una de las grandes familias nobiliarias de Mallorca, donde nació en 1745. Con decidida vocación de coleccionista y con medios de satisfacerla, aficionado también a la topografía, acompañó el brigadier Tofíño, en el levantamiento hidrográfico del archipiélago que realizó por orden del ministerio de Marina. Luego y por cuenta propia publicó Despuig la carta geográfica en que trabajaron el geodesta Ballester y el grabador Montaner. Y en Roma, donde se convirtió en el amigo íntimo y en el compañero de cautividad de Pío VI durante el ciclón de las campañas napoleónicas, pudo dar rienda suelta a sus gustos de arqueólogo, de patriota y de magnate, favoreciendo las excavaciones de Ariccio, enriqueciendo con sus hallazgos las colecciones de Raixa, convertida en preciosa villa al estilo italiano: nutriendo, en fin, su monetario, su biblioteca y su archivo, al cual fue a parar la carta de Valseca.

El cardenal Despuig, patriarca de Antioquia, murió en Lucca el año 1814. Y de toda aquella fortuna quedó heredero su sobrino el conde de Montenegro, más tarde capitán general de Mallorca. Allá por 1837, Jorge Sand y Chopin realizaron el viaje que todo el mundo conoce. Fueron un dia al palacio de Montenegro, en Palma. Atravesaron el zaguán, tenebroso y majestuoso a la vez, con sus columnas ventrudas, sus abultados blasones, sus arcadas macizas, su escalera regia. Una vez en el archivo, fueron enseñadas a los visitantes las preciosidades de más consideración, dejando el mapa para lo último: había que sacarle del gran tubo de hoja de lata en que se guardaba en aquella fecha y dentro del cual probablemente había venido de Italia. Y entonces ocurrió el percance que la misma baronesa de Dudevand nos cuenta en Un hiver à Majorque, después de unos datos que acerca de dicha obra le facilitó M. Tastu.

«Al transcribir esta nota -dice- los cabellos se me erizan todavía, porque una escena horrorosa acude a mi pensamiento. Estábamos en esa misma biblioteca de Montenegro; el capellán desarrollaba delante de nosotros la misma carta náutica, ese monumento tan precioso y tan raro, adquirido por Américo Vespucio en 130 ducados de oro y sabe Dios en cuántos por el cardenal Despuig... cuando a uno de los cuarenta o cincuenta criados de la casa se le ocurrió poner, a modo de pisapapeles, un tintero de corcho sobre una de las puntas del pergamino a fin de mantenerlo extendido y plano sobre la mesa. El tintero estaba lleno, ¡lleno hasta los bordes! Y la piel, hecha a permanecer arrollada, movida esta vez de algún mal espíritu, se contrajo con violencia, crujió, dio un salto y, por último, se replegó sobre si misma, arrastrando al tintero que desapareció dentro del rollo, libre de todo obstáculo. - Un grito general resonó, y el sacerdote quedó más pálido que el pergamino. - Lentamente volvieron a desenrollar la carta, todavía con la ilusión de una vana esperanza; pero ¡ah! el tintero estaba vacío, la carta inundada y los preciosos reyes de las miniaturas nadaban literalmente sobre un mar más negro que el del Ponto Euxino.»

Así, y dentro de este tono, dictado más por el sarcasmo que por el arrepentimiento la ilustre escritora continúa su relato de la escena. - «Entonces - añade - todos perdimos la cabeza: el capellán creo que se desmayó. Los criados acudieron con cubos de agua corno si se tratase de apagar un incendio y á escobazos y golpes de esponja se pusieron á limpiar la carta arrastrando confundidos reyes, mares, islas y continentes, antes de que hubiéramos podido oponernos á ese acto fatal. La carta quedó estropeada pero no sin remedio. M. Tastu había sacado un calco exacto de ella y se podrá así, gracias á él, reparar en parte el daño... Estábamos á seis pasos de la mesa en el momento de ocurrir la catástrofe, pero estoy bien segura de que toda la culpa será nuestra y que este hecho, atribuido á unos franceses, no contribuirá á granjearles en Mallorca buena opinión.» El estropicio, sin embargo, no fue tan grande como suponía la interesada, como tal vez importaba al efecto dramático, literario, de su narración. Lo veremos en otro artículo.

carta

II

En efecto, el estropicio no fue tan grande como Jorge Sand pretendió para animar el relato y añadir un nuevo aliciente a los de su estilo, siempre cautivador y rico en sorpresas. Sólo a una décima parte de la carta alcanzaron las consecuencias del percance; no desapareció ninguna figura de rey; sus miniaturas campean ahora con la misma nitidez y viveza de antes y no se produjo sin duda la confusión que la ilustre extranjera supone, antes bien parece claro la precaución de levantar rápidamente el pergamino para que la tinta no se esparramase hacia el centro. No hubo, pues, necesidad de apelar al calco obtenido por M. Tastu ni medió retoque alguno en el documento después de lavado y enjugado, perdiendo sólo los detalles, ahora borrosos y confusos, que corresponden a las islas del Océano, a la costa occidental de España y a una parte de África.

La autora de Valentina volvió a París; aleccionados por el accidente los servidores del conde de Montenegro sacaron del tubo de hoja de lata la preciosa pelle y la escuadraron en un marco con cristal por el anverso; añadiéronle más tarde otro por el reverso a fin de que pudiese ser vista y examinada cómodamente la inscripción de Américo Vespucio, y la joya quedó en paz largos años en su noble escondrijo, visitada con frecuencia por viajeros y simples curiosos, molestada de tarde en tarde por hombres de estudio y especialistas. Pero vino el centenario del descubrimiento de América, vino la Exposición de Chicago, vino en España, en Italia, en todo el mundo, la requisa de trofeos, preseas, reliquias y vestigios de aquella memorable proeza y del gran navegante que la propuso y realizó. Y se acordaron al mismo tiempo de la carta de Valseca en los Estados Unidos, resueltos a decir la última palabra en materia de rumbo internacional, y en nuestro propio país, obligado por razón de primacía histórica a sacar fuerzas de flaqueza.

Baste decir que de la gran República americana se dirigieron las más tentadoras proposiciones al poseedor del preciado monumento. Propusiéronle la cesión mediante una suma cuantiosa, de muchos miles de dólares que no me atrevo a puntualizar porque ahora parecería exagerada y aun inverosímil, y, para el caso de que no quisiera desprenderse de la carta, se le pidió que la dejase para figurar en la sección colombina del certamen de Chicago, previa la constitución del seguro que exigiese y el envío de un buque destinado especialmente a recogerla y restituirla. Por razones de patriotismo, por temor a un riesgo que ninguna indemnización pecuniaria era capaz de resarcir en caso desgraciado, esas ofertas no hallaron acogida favorable. El poseedor las declinó cortésmente, y la obra de Valseca no salió de Mallorca, aunque aumentó su prestigio de un modo considerable y en proporción con las codicias que había despertado.

Por lo que incumbe a España, se dio la feliz casualidad de hallarse en Mallorca por tales días la Comisión Hidrográfica, encargada del nuevo levantamiento de aquellas costas, como un siglo antes lo estuvo la que dirigió el brigadier Tofiño y que valió a Mallorca estudios tan provechosos como el conocido libro de Vargas Ponce. Jefe de la Comisión actual era el ilustre Capitán de Navío y después contralmirante y ministro de Marina don José Gómez Imaz, de familia sevillana en la cual el señorío quiere decir al mismo tiempo cultura, trato exquisito, pasión por las empresas elevadas y nobles. Su apellido brilla en la pléyade de los beneméritos Bibliófilos andaluces con la aportación considerable de su hermano sobreviviente don Manuel, el gran coleccionista y organizador de la Bibliografía de la guerra de la Independencia; y no le fue en zaga el difunto en ilustración, en finura de alma y de entendimiento.

Testimonio de ellas es la acabada y minuciosa «Monografía» que dedicó a la bella obra del cartógrafo mallorquín, como contribución al centenario del descubrimiento de América, y que apareció en el número especial de la Revista de Marina, no menos que la esmeradísima reproducción de la carta famosa, realizada por los muy hábiles delineadores de la Comisión Hidrográfica don Ildefonso González y don Arturo Melero, quienes, con el señor Palmarola, actual ingeniero cartógrafo de la mayor competencia y brillantez, trabajaban a las órdenes del señor Gómez Imaz. La copia antedicha, después de haber figurado en la Exposición del Centenario celebrado en Madrid, pasó al Museo Naval, donde actualmente se conserva, no sin haberse hecho corta tirada de una reducción en colores que acompañó a la monografía. En esta monografía se estudian, primero, todos los antecedentes del movimiento náutico en Mallorca; se pasa revista, después, a sus antiguos cartógrafos; se describen luego la historia y vicisitudes del pergamino de Valseca, entrando por último en su valoración científica, dilucidando la legua probable adoptada por el autor, investigando la escala y el método de construcción que siguiera y acabando por compararla con los trabajos hidrográficos modernos, en una disquisición técnica irreprochable.

El estudio del señor Gómez Imaz continúa siendo el texto más importante de cuanto se ha escrito y publicado acerca de la joya cartográfica de Valseca, la cual quedó en Mallorca, todavía por espacio de bastantes años, después de ésta que pudiéramos llamar su consagración. Mudanzas, complicaciones y estados de litigio que surgieron después, pusieron en peligro su permanencia en España, de donde salió eventualmente en dos ocasiones. La primera, hace como tres lustros, estuvo depositada en París durante algún tiempo, consiguiéndose no obstante su repatriación y rescate. Últimamente estuvo en Italia y la prensa de Roma habló con extensión de la preciosa antigüedad, abogando para que se quedara allí. Los periódicos españoles terciaron también en el asunto: la atención de las personas ilustradas fijóse por unos días en la nueva desmembración de nuestro patrimonio artístico que nos amenazaba; mudó el viento de la actualidad y nadie volvió a acordarse de la carta de Valseca, de su paradero ni de su rastro.

Felizmente la carta había vuelto a Mallorca, después de esta nueva peregrinación, y ha sido posible conseguir que ya no salga de los testimonios de nuestra cultura en lo sucesivo, puesto que era muy difícil inmovilizarla en su ciudad nativa, con destino a la cual la compró el cardenal Despuig El Instituto de Estudios Catalanes la ha adquirido para la Biblioteca de Cataluña y allí nos será posible contemplar el precioso pergamino de más de un metro de largo por setenta y cinco centímetros de ancho, con sus leyendas en lengua catalana, con su orla azul y amarilla de vivo color, con sus banderas policromadas y minuciosas, con su profusión de rosas de los vientos, con la blancura a trechos insuperable de la piel avitelada finamente, con la gloriosa inscripción, en suma, puesta como para decir a la posteridad el nombre, la patria, el idioma y el genio nacional del geógrafo que la trazó; Gabriel de Valsequa la feta en Malorcha lany 1439.

He aquí, pues, una adquisición que corre parejas con la del cancionero Gil y que ha de constituir por mucho tiempo el número preeminente en la gran colección que se forma. Ella hará sin duda las delicias de los visitantes, de los estudiosos de los artistas de lo pasado. Pero hay alguien para quien esa joya tiene, además, un prestigio indecible y sui generis, un aroma de patria v de juventud, una sugestión de horas inefables pasadas en el silencio de la biblioteca donde esa carta estuvo por tantos años. Sobre sus perfiles, sobre sus miniaturas, sobre sus acotaciones puestas al lado de las islas del mar grande. Ibernia y la última Thule o junto a los dominios del fabuloso preste Juan, que son todavía un eco de Marco Polo, divagué largamente y sentí alguna vez alzarse en tumulto dentro de mi imaginación el mundo ya disuelto de aquella fiebre náutica y mercantil a que respondían los Valsecas, los exploradores audaces, los constructores y maestros del astrolabio, los precursores de Vasco de Gama y de Cristóbal Colón, a quienes traté algún día de personificar y reducir a expresión poética. La Llegenda de Jaume el Navegant surgió de esos ocios inolvidables, como una flor de humildad y de silencio en la grieta de una gran ruina.

Quiero acabar con unas palabras que Gabriel Verd publica en "yo escribo", en el capítulo 35, titulado Los judíos y la cartografía mallorquina. Es siempre un lamento:

Es una verdadera ironía de la historia que, de todas las principales cartas náuticas realizadas en Mallorca, ninguna haya quedado aquí, en la isla.

Gracias al celo y precaución de algunos estudiosos mallorquines, actualmente se conservan algunos ejemplares en la Biblioteca Bartolomé March, de Palma. Las obras de la cartografía mallorquina están repartidas en museos, universidades, bibliotecas públicas y privadas de París, Londres, Viena, Oxford, Cambridge, Roma, Florencia, Génova, Milán, Estocolmo, Laussanne, Nueva York, Chicago, Washington, Helsinki, Le Havre, Dijón, Birmingham, Greenwich, Constantinopla (Estambul) etc. Resulta difícil explicar el hecho de que las cartas náuticas que hicieron los cartógrafos mallorquines, ahora se encuentran repartidas por tantos lugares diferentes y que prácticamente ninguna de ellas haya quedado en la isla donde fueran redactadas.

El Nuralagus Rex, conejo gigante de Menorca

fabian | 23 Març, 2011 15:37

El enlace me lo pasa Laura Jurado, periodista que realiza el suplemento Baleópolis sobre la ciencia en las Baleares, lo que me hace suponer que es importante. La página que se me abre está en Noticias de RTVE y lleva por título El rey de los conejos gigantes vivía en Menorca, artículo escrito por América Valenzuela y publicado ayer. Habla de un joven menorquín, llamado Josep Quintana, quien, en 1989 halló un raro fósil en Punta Nati de Menorca. Entonces Josep estudiaba Geología y tenía 19 años. Mostró los huesos a la paleontóloga Meike Köhle y al antropólogo Salvador Moyá, quienes dedujeron que eran de un animal desconocido para la ciencia. Años después, en 1994, encontraron un nuevo yacimiento, del que no era fácil extraer los fragmentados fósiles pues además de estar en un lugar de difícil acceso, la roca era muy dura por lo que tenían que cortarla con el fósil en su interior. Tardaron cuatro años en conseguir muestras suficientes para su estudio. Luego vino el trabajo de laboratorio.

El artículo de América Valenzuela enlaza con la revista "SVP Society of Vertebrate Paleontology" que publica el artículo de Josep Quintana; Meike Khlerb y Salvador Moyà-Solà: Nuralagus rex, gen. et sp. nov., an endemic insular giant rabbit from the Neogene of Minorca (Balearic Islands, Spain). Paso por el Traductor de Google el "Abstract" del artículo y me dice lo siguiente:

RESUMEN- Se describe una [nueva especie de] lagomorfo endémica insular de la tarde [los últimos] depósitos neógenos kársticos de Menorca (Baleares islas, España). Rex Nuralagus, gen. et sp. nov., se caracteriza por una serie de rasgos extraños desconocidos de los lagomorfos. Más destacados son el tamaño gigantesco (promedio de 12 kg), el esqueleto postcraneal robusto con características morfológicas únicas (manus corta y pie con falanges abiertos, cortos y rígidos columna vertebral con extensión reducida capacidades de flexión), y el relativamente pequeño tamaño de las áreas relacionadas con los sentidos del cráneo (bullas timpánicas, órbitas, cráneo, y coanas). Estos morfológicas rasgos denotan una disminución importante en la locomotora y las actividades neurológicas y, por tanto, una disminución de los gastos de energía inmetabolic, que es concordante con las condiciones ecológicas del medio ambiente insular se caracteriza por la ausencia de depredadores y los bajos niveles de la oferta de recursos. Nuestro descubrimiento refuerza la importancia del registro de fósiles frecuentemente desatendidos por nuestros comprender la evolución en las islas, ya que proporciona la perspectiva del tiempo y añade datos valiosos fósiles de la insularidad

imagen
Nuralagus rex, gen. et sp. nov.

Con un pequeño esfuerzo se puede entender. Ya en el artículo hay una interesante introducción que habla de Dorothea Bate que encontró en 1909 el "Myotragus balearicus" y, en 1914, la "Testudo gymnesica" (tortuga gigante) en Menorca. Cita a Pons-Moyà que en 1981 encontraron otros fósiles de animales relacionados con la tortuga gigante: "This fauna included a bat (Rhinolophus cf. R. grivensis; Depéret, 1892), a rodent (Muscardinus cyclopeus; Agustí et al., 1982) and a lagomorph (described as cf. Alilepus sp.; Pons-Moyà et al., 1981)".

A ellos, se añade este Nuralagus rex, el "conejo gigante de Menorca"

Laura: muchísimas gracias por el enlace, que sí es muy interesante. Gracias por tus artículos y, ¡cómo no! mi mayor felicitación a Josep Quintana y demás científicos autores de este descubrimiento.

Paradoja

fabian | 23 Març, 2011 09:21

Durante años no participábamos en guerras. Actualmente, con partidos y Parlamentos democráticos, nos apuntamos a todas. No lo entiendo. No me cuadra.

Declaración BIC torre de Can Rieró de Santa Eulària des Riu, Ibiza

fabian | 22 Març, 2011 18:36

Declaración como Bien de Interés Cultural, con la categoría de monumento, la torre de can Rieró, TM de Santa Eulària des Riu

Fuente: BOIB núm. 041 (pdf)
Fecha publicación: 21/03/2011

 (Segueix)

Declaración BIC torre de Can Montserrat en Santa Eulària del Riu, Ibiza

fabian | 22 Març, 2011 14:42

Declaración como Bien de Interés Cultural (BIC), tipología de monumento, la torre de can Montserrat, TM de Santa Eulària des Riu.

Fuente: BOIB núm. 041 (pdf)
Fecha publicación: 21/03/2011

torre
Fotografía recogida en Panoramio

 (Segueix)

De poemas en el Día de la Primavera y de la Poesía

fabian | 21 Març, 2011 16:45

Dejemos por unos momentos las penosas políticas lingüísticas originarias de privilegios económicos para alguna orgación de inicio de alfabeto trastocado y que desatienden a los creadores literarios de las islas.

Comienzo de la Primavera en estas latitudes y Día oficial de la Poesía. Buenos poetas hay en las islas, independientemente de sus lenguas. Por celebrarlo de alguna manera, recojo unos pocos poemas.

Tras el último espejo,
oculto
y temeroso de la oscuridad,
el hombre que soy
y vengo siendo,
palabras quizá piedras,
volubles pero rígidas,
pronuncio.

Vacío en el vacío.
No hay principio. No hay fin.
Sólo un atento
observar
la oscuridad.

Juan Planas Bennásar: "Eclipse" (en La Telaraña)

Hacía tiempo que quería poner algún poema de Juan Planas a quien me gusta seguir tanto en sus escritos periodísticos como en sus poemarios.

No sé quién elige al "Escritor del año" oficial, elección que no nos deja nada en Internet y que, por ello, no sé para qué existe. Pese a haber sido elegido, el menorquín Ponç Pons es un buen poeta. De él el siguiente poema:

No ho dubtis:
Viure és més que existir.
Damunt la sorra
agraesc a la nit els seus misteris
i encenc un foc humit de llenya morta.
El fum sembla una ofrena,
el vent canvia...
M'invent l'eternitat.
Fa trons.

Plou terra.

No lo dudes:
Vivir es más que existir.
Sobre la arena
agradezco a la noche sus misterios
y enciendo un fuego húmedo de leña muerta.
El humo parece una ofrenda,
el viento cambia ...
Me invento la eternidad.
Truena.

Llueve tierra

Ponç Pons: Antologia poètica

Tiempos llegarán en que las ayudas oficiales sean a los creadores, independientemente de su lengua, y en que en la lista de poetas de las islas estén todos incluídos sin que, como pasa actualmente, sólo estén los de lengua catalana.

La primavera ha venido,
nadie sabe cómo ha sido.

Hojas del sábado: Palma

fabian | 20 Març, 2011 09:56

Miguel de los Santos Oliver (1864 - 1920) dejó Palma pasados los cuarenta años (1904). Ya en Barcelona trabajó en el "Diario de Barcelona" hasta 1906 y luego en "La Vanguardia". Cada sábado publicaba un artículo, sin tener título la serie. Posteriormente seleccionó parte de estos artículos sabatinos de La Vanguardia y los publicó, con modificaciones, en una obra en seis tomos bajo el título "Hojas del sábado". En el primer tomo recoge varios artículos (y también alguna conferencia) relacionados con Mallorca.

La Vanguardia digitalizó su hemeroteca hace unos pocos años, por lo que podemos encontrar en ella los artículos de Miguel S. Oliver, ya que era así como los firmaba. En su mayoría no eran artículos que trataran la actualidad del momento; sus temas son más bien la literatura y la historia. Con todo, los artículos que llevan como antetítulo "De mi tierra" presentan en la prosa preciosista habitual en este escritor, un lirismo lleno de sentimiento.

Recojo hoy aquí del artículo publicado el sábado 2 de octubre de 1909 en la página 6 de La Vanguardia, titulado "La sensación de Palma", la versión publicada en las "Hojas del sábado (De Mallorca)". La Semana Trágica de Barcelona le produjo una importante impresión que modificó su actitud hacia la vida en Mallorca, a la que consideraba provinciana y sin pulso. Este artículo está escrito pocas semanas después de aquella vivencia y su actitud ya ha cambiado.

De mi tierra

La sensación de Palma

¡Qué grata, sedante impresión después de tantos años de ausencia, después de los ardores de la lucha en la gran capital, después del incendio y el tumulto, después de una «semana trágica»; qué impresión la de sumergirse en la paz serena de aquel ambiente, en la paz de Mallorca!... Es bastante común entre los mallorquines negar todo interés a la capital de la isla, si se descuentan dos o tres edificios vistos en una mañana como la catedral o la Lonja; y aun a menudo desaconsejan toda permanencia al viajero, amenazándole con que se «aburrirá». ¡Qué desatino! Claro es que si el viajero aspira a encontrar una ciudad populosa y moderna, como Marsella o Barcelona, sus esperanzas quedarán defraudadas. Pero sí busca impresiones de otro linaje y no se deja llevar por las trivialidades de la vida de exhibición; si viaja como artista, como curioso, y quiere penetrar en aquel sentido o confidencia que todo pueblo ofrece a nuestro estudio, no resultará despreciable el fruto que puede sacar de Palma, ni dejará tampoco de advertir notas de singular hechizo, ni de entrar muy pronto en el encanto misterioso de la población y su ambiente

Para ello es preciso tener la vista adiestrada a separar los elementos puros de los advenedizos y superpuestos. Intérnese el visitante por el barrio de la Almudaina y la Catedral, y si sabe escudriñar los zaguanes de las casas nobiliarias, si le impresiona el eco de sus propias pisadas resonando en una plaza desierta y solemne, en una calle de retablo y farolillo; si despierta en su alma alguna emoción de quietud y aplacamiento aquella soledad entre levítica y señorial, entonces no será para él tiempo perdido el de sumergirse en el silencio casi pitagórico que emana de la vieja ciudad, contra el cual parece que llega a romperse y estrellarse la marea de las inquietudes continentales.

Entonces en uno de esos momentos de grata abstracción que constituyen la verdadera delicia del viajero, llegará a revelársele todo el misterio e intimidad del alma mallorquína, suave, contemplativa y armónica. Admirará los viejos caserones, con sus patios de comedia de capa y espada, con sus fuentes de herraje bizarramente retorcido en hojarasca, con sus balcones salientes y ventrudos que hablan a la imaginación de amantes de Verona y de canto de alondras matinales, con las puertas esculturadas de sus «estudios» o entresuelos, nidos de juristas, eruditos y teólogos de pasadas centurias.

En lo que queda de las viejas murallas, en sus fosos, en el glacis de sus baluartes, en sus rebellines, en los alcaparros que a modo de cimera flotan sobre escudos imperiales de los Austrias y flores de lis borbónicas, oirá susurrar un aire glacial y, en ese aire, la canción de los cesarismos muertos y la vaga tristeza de las arquitecturas castrenses. Observará el área ocupada por las iglesias y antiguos conventos en relación con el área total de la ciudad De la mole de la Catedral; de la imponente masa de la Almudaina; del airoso perfil del castillo de Bellver; de la visión serena de la Lonja, arca de alianza de lo gótico tendiendo a la unidad y euritmia de lo clásico; de las grandes mansiones señoriales que quedan todavía, empotradas en la trivialidad de las construcciones modernas, sacará la impresión de un pasado fastuoso, de una capitalidad potente, de una prosperidad mercantil análoga a la de las viejas ciudades italianas, que se ha resuelto poco a poco en adocenado provincialismo.

Hay que impregnarse de esa quietud deliciosa y sumergirse en ese Leteo de silencio y olvido, como para una purificación del alma, atormentada por el ardor de las grandes ciudades. Hay que oír la vibración de la gran campana de la Seo, a la hora de la elevación, en el oficio diario; hay que advertir las voces y ruidos lejanos que refuerzan la impresión de ese silencio de paz inalterada. Hay que pasar unas horas en alguna de aquellas bibliotecas apañadas, en alguno de aquellos caserones cubiertos de viejos retratos, guarnecidos de amplios sillones y de vastos bufetes que domina un velón monumental, como si esperasen la vuelta del prócer que los construyera en lejanos días... Entonces uno se acerca al centro de aquella poesía y al porqué de aquella dulzura melancólica. Parece que todo suspira vagamente por algo que fue; parece que de todo se escapa un vaho de nostalgia. Y se creyera que la ciudad, sumida en grata absorción de sonambulismo, se contempla en lo pasado como en una inexplicable añoranza de si misma.

Sobre esa ciudad apacible pasan muy de tarde en tarde los vientos de la tempestad moral. Diríase que se presenta llena de rubor a la mirada del mundo. Todo habla en ella de conformidad, de resignación tranquila, de aceptación voluntaria y sincera de la propia suerte. El mismo tonillo pausado y musical del lenguaje, indica ya esa muelle indiferencia de los pueblos que no se sienten perturbados por grandes aspiraciones y prefieren la contemplación, anticipo de eutanasia, a la acción y la lucha con todo su séquito de dolores y tragedias. Cien veces advertí, en mis paseos por los caminos de ronda, sentados en un pretil junto al lienzo grandioso de la muralla de mar un grupo de ancianos tomando el sol, contemplando el monótono y fascinador vaivén de las olas Eran veteranos de la guerra, de la navegación, del trabajo. Eran inválidos del heroísmo que como barcas viejas y agrietadas dormitaban allí, en la misma playa, gratamente sustraídos al pasar del tiempo y al vuelo de las horas. Esperaban la muerte, serenos, tranquilos, evocando recuerdos de una lejana juventud, de unos viajes borrascosos, de unas tempestades del mar y del espíritu para siempre desvanecidas en lo que fue. Ante sus ojos se abría el Mediterráneo, en grandioso abanico. Por la línea del horizonte cruzaban buques de alto bordo, transatlánticos colosales, acorazados, la caravana marítima de los pueblos ambiciosos, atareados y febriles...

Una mirada indiferente de aquellos viejecitos seguía, por un momento, la ignorada ruta Después volvían a su silencio, o a su coloquio lleno de morosas lentitudes, allí, junto al costillaje del laúd abandonado, junto al cañón inservible, junto al ancla rota que suelen ennoblecer, como gloriosos trofeos, la ribera de las poblaciones marítimas.

Basado en Miguel S. Oliver: De mi tierra: La sensación de Palma (La Vanguardia, sábado 2/10/1909)

Biblioteca digital: 'Balears fa Ciència'

fabian | 17 Març, 2011 11:21

Sorpresa la que recibí ayer buscando información sobre la fragata Blanca cuando me di cuenta de que una de las publicaciones on line que enlazaba provenía de la web "Balears fa Ciència" y de que en su apartado "Publicacions" presenta una colección de libros sobre temas científicos relacionados con las islas.

Primero el enlace: Biblioteca digital 'Balears fa Ciència' (Colección: La ciencia en las islas Baleares)

Son dos las colecciones que presenta, una sobre I+D y esta otra "La ciencia en las islas Baleares". En ésta hay - confío que sólo "por ahora" y se vaya incrementando en el próximo futuro - nueve publicaciones:

libro

  • Rafael de Buen y Lozano: "Estudio Batilitológico de la bahía de Palma de Mallorca"
  • Eusebio Estada Sureda: "La ciudad de Palma"
  • Josep Sureda Blanes: "Antologia científica"
  • Mateu Orfila Rotger: "Apèndix al Sistema General de Toxicologia"
  • Pere Oliver Reus (Dir.): "La recerca marina a les Illes Balears"
  • Joan Josep Fornós (Ed.): "Bartomeu Darder Pericàs, geòleg i mestre" [Atención: el enlace a este libro no funciona, da error]
  • Ernest Prats; Joana Maria Pujades (Eds.): "Enric Fajarnés i Tur, entre la historia i la demografia"
  • Victor Navarro Brotons (Ed.): "Vicenç Mut Armengol (1614-1687) i l’astronomia"
  • María Ángeles Delgado Martínez (Ed.): "Margalida Comas Camps (1892-1972) científica i pedagoga"

libro

Lo primero que sentí fue sorpresa, luego admiración y agradecimiento a quien haya tenido esta iniciativa y más tarde, cierta decepción sobre cómo funcionan las cosas: ¿por qué no me había enterado?, ¿hay falta de información?, ¿no convendría una web sobre el libro, la edición en papel y digital en las islas?

Mis mayores felicitaciones a quienes realizan esta biblioteca digital. ¡Ojalá también hicieran alguna los de patrimonio y los de otras actividades!

Hay que tener en cuenta que actualmente, ya biblioteca científica o de los que sea, además de las incorporaciones que se hagan - que bien se podrían plantear quienes tienen responsabilidad en temas de educación y cultura -, hay también otros libros en biblitecas virtuales que conviene enlazar y dar a conocer. Ojalá pronto esta biblioteca tenga más ejemplares y haya de organizarse por temas o ciencias.

Los responsables culturales y educativos deberían plantearse una web de referencia sobre el libro (y revistas) en las islas que no sólo aportara nuevas publicaciones, sino también que enlazara. La Red, Internet es multipuntual, aparecen libros y revistas o artículos en muchos puntos, muchas webs muy diseminadas; es compleja y se necesitan métodos y formas eficaces de información.

Bien, pues me ha alegrado enormemente esta biblioteca científica que desconocía. Gracias por ponerla a nuestro alcance.

De bibliotecas públicas: mapa, noticias ¿y?

fabian | 17 Març, 2011 10:19

El BOIB núm. 038 de 15/03/2011 publica la Aprobación del Mapa Insular de la Lectura Pública de Mallorca (pdf). Es un documento legislativo que indica el número de bibliotecas que debe haber teniendo en cuenta la cantidad de población; señala algunos tipos de biblioteca, como una central y otras de distrito; el número mínimo de documntos que han de tener, así como el personal que las ha de atender.

Me parece un documento básico necesario y conveniente aunque, en mi parecer, presenta el tema de las bibliotecas como punto aislado, aparte, de una política sobre el libro y la lectura. Las bibliotecas son - importante - depósitos de libros que puedan llegar a la población de manera aparentemente gratuíta (o sea, que se paga vía impuestos), pero, creo, han de ser también espacios de animación a la lectura y, punto también importante, de información sobre ella.

No toca este Mapa Insular de la Lectura Pública un tema que puede ser sustancial para el próximo futuro: la biblioteca digital y los eBooks. Hoy día, muchos lectores - especialmente jóvenes - ya no utilizan las bibliotecas para conseguir libros, utilizan Internet. Utilizan las bibliotecas como espacio para el estudio y para el encuentro con compañeros. Es un tema incipiente que ya se verá qué ocurre, pero un eBook es fácilmente prestable, no se estropea por el uso y conviene que muchos libros, especialmente los más delicados, estén digitalizados. Creo que es un tema que debería plantearse y empezar a llegar a acuerdos con editores, autores, etc.

Con todo, quizás por mi ignorancia, lo que más echo a faltar es el tema informativo. Es verdad que actualmente los catálogos de las bibliotecas están on line, lo que ha sido una buena labor. También es de alabar el hecho de que si se solicita un libro concreto que no está en una biblioteca hay un servicio que porta el libro solicitado desde otra biblioteca en que esté. Dos bibliotecas, que yo conozca, tienen ya blogs o algún sistema para indicar las últimas novedades incorporadas, así como para anunciar las actividades que realizan, ya grupos de lectura (que no publican sus comentarios o puntos de vista sobre el libro leído), ya actividades de cuenta cuentos, ya alguna conferencia, etc.

Ignoro si hay algún sistema para poder conocer qué libros se editan en las islas; la información me llega a toro pasado por la prensa con alguna nota sobre la presentación de un nuevo libro; información tipo anuncio. No sé si hay alguna web dedicada a los libros sobre las islas que, además de esas noticias - anuncios, presente alguna mayor información. Luego me quedo sorprendido porque encuentro on line una biblioteca digital sobre libros de ciencias que encontré ayer y de la que hablaré en la próxima entrada.

Muy bien que haya bibliotecas, aunque haya alguna noticia de que a algunas no les llegan nuevos libros ni revistas; pero, creo, hace falta mucha más información sobre el libro y la lectura en Mallorca. En la palabra "libro" incluyo otros tipos de materiales impresos o digitales. Hay colegios profesionales que editan boletines o revistas, algunas on line, de las que apenas hay información. Cada cual va por su cuenta, lo que no es malo, pero convendría que hubiera una web que informara sobre los libros que se editan, sobre las revistas, sobre las presentaciones, sobre proyectos y realidades, e, incluso, sobre bibliografías temáticas. La información es imprescindible y debe ir más allá que algunas noticias sueltas en los periódicos.

Muy bien que haya bibliotecas, elementos básicos; pero que haya información no sólo sobre bibliotecas sino sobre el mundo más amplio que supone el libro, la publicación, etc. Información, mucha información que nos llegue a los ciudadanos.

El viaje de la fragata Blanca

fabian | 16 Març, 2011 21:12

Debería poner algún orden para ordenar varios pdf, aunque temo no saber hacerlo del todo correctamente. Además dispongo de poco tiempo para poder dar unos apuntes sobre esta fragata, llamada Blanca, y un viaje que sólo tocó estas islas en su ida desde Francia hacia Argelia (en cuya travesía notaron un terremoto que no causó desperfectos en la nave), pero que tuvo un efecto - no sé si indirecto - en Mallorca pues de este viaje surgió una rama de la ciencia que fecundó en su momento y que hoy tiene importancia. Empezaré por la fragata.

fragata
Fragatas Blanca y Villa de Madrid durante el combate de Abtao (Wikipedia)

Es bonita la imagen de esta fragata de casco de madera y propulsión mixta a vapor y velas. Su nombre real es "Reina Blanca de Navarra" y fue construída en El Ferrol, junto con sus fragatas hermanas, "Petronila" y "Berenguela" en 1853. Tuvo un amplio historial bélico en Africa, en el Pacífico y, también, en las guerras carlistas. En 1874 pasó a ser buque escuela de la Armada española para la formación de guardamarinas. Fue en 1886 cuando realizó un viaje especial, por el cual hoy llega a estas páginas.

En ese viaje (que, por cierto, organizó un antepasado mío, Vicente Montojo, aunque no pudo capitanearlo) iba a ir un joven nacido tierra adentro, en tierras aragonesas, en Zuera, que escribiría y publicaría en 1887 el libro "De Kristiania a Tuggurt, impresiones de un viaje" - libro que ya debiera estar en una Biblioteca digital de las Baleares -.

mapa
Mapa del viaje de la fragata Blanca

Pero poco había llegado de toda esta actividad a las Islas Baleares hasta que en 1885, el mismo año que el príncipe Alberto inició en Mónaco su carrera oceanográfica, se organizó la expedición científica de la fragata Blanca bajo dirección científica de Augusto González de Linares. Ignacio Bolívar incorporó al joven biólogo Odón de Buen al grupo de naturalistas de la Sociedad Española de Historia Natural que embarcó e instaló a bordo de la fragata el que fue el primer laboratorio español de biología marina.

La expedición, organizada por el gobierno de Cánovas del Castillo, tal como hacían en aquellos tiempos todos los países avanzados, debía de circunnavegar el planeta, pero solo llegó a Kristiania, en la península escandinava y de allí se dirigió a Argelia. En 1887, Odón de Buen publicó “De Kristiania a Tuggurt, impresiones de viaje” y leyéndolo constatamos la vocación y el compromiso con la investigación del mar del que seria el fundador de la oceanografía española: “Conocí el mar, le contemplé soberbio, en tempestades violentas, moviendo nuestro fragatón de madera, con desprecio a su insignificancia, y arrancándole agudos gemidos...Vi costas sonrientes, rías y fiordos tranquilos, islas maravillosas, o acantilados sombríos, como fantasmas a través de la niebla... Y formé decisión de dedicarme a la oceanografía, que entonces alboreaba”.

Así, las consecuencias de que Odón de Buen participara en aquella expedición, fueron transcendentales para su carrera y, en consecuencia, muy importantes para el devenir de la investigación marina en las Islas Baleares.

Pere Oliver: "Aproximación a la Historia de la investigación marina en las islas Baleares"

De este viaje nació la oceanografía en España. Odón de Buen creó en Portopí el primer laboratorio marino. La historia es conocida y se puede encontrar con facilidad.

Bien, ahora me llega el tema difícil: indicar las fuentes de información, pues varios pdf que recogí hace algún tiempo ya no los encuentro en Internet.

Sobre la Fragata Blanca está en Wikipedia, aunque algunas fechas no coinciden con las que dan algunos escritos.

El texto de Pere Oliver estaba en su web, pero ahora o ya no está o ha cambiado su URL. En su lugar - aunque ahora sólo en Catalán - encuentro La recerca marina a les Illes Balears (103 páginas), en cuya página 67 habla de "El viaje de la Blanca".
Desde Dialnet puede bajarse el pdf de María Dolores Marrodán Serrano, Joaquín Fernández Pérez, Miguel Angel Puig-Samper Mulero titulado "El viaje de la Fragata Blanca (1886)" del que he sacado el mapa del viaje.

fragata

Sobre Odón de Buen pondré dos enlaces. uno al Ayuntamiento de Zuera y otro a Vida Marítima ("El profesor Odón de Buen y el Laboratorio Biológico Marino de Portopí")
No debe faltar un enlace a las Revistas del Instituto Español de Oceanografía, recomendando en este caso la número 2, de enero del 2006, el artículo de Jerónimo Corral, "El Centro Oceanográfico de Baleares cumple cien años".

En Catalán está el pdf de 170 páginas, La recerca marina a les Illes Balears (Els orígens de l'oceanografia espanyola), con artículos de varios autores, dirigida la publicación por Pere Oliver Reus. En las páginas 94 y siguientes está la "fragata Blanca".

Miguel de los Santos Oliver como narrador

fabian | 15 Març, 2011 18:51

Entreveo que Miquel dels Sants Oliver fue una figura compleja. Yo me he interesado por él al caer en mis manos su obra "Mallorca durante la primera revolución" que, al hojearla, vi que hablaba de la historia de la isla, más en cuanto a cultura que no en cuanto a acontecimientos políticos. Así, ya en el primer capítulo, habla sobre la Literatura en la primera mitad del siglo XVIII, a continuación de Vilella y sigue con el grupo que se reunía en casa de Buenaventura Serra. Me interesó y la cogí en préstamo de la Biblioteca. Es decir, me interesó por su faceta de ensayista - historiador, faceta que no es la única pues fue periodista, novelista, poeta, estudioso de la Historia de la Literatura ...

Por las tardes dedico unas horas a husmear qué encuentro en Internet y hoy he encontrado un libro que dedica dos capítulos (los llama "secciones" en el índice) a parte de la obra de Miguel de los Santos Oliver. El libro se titula "La narrativa i la prosa a Mallorca a l'inici del segle XX de Pere Rosselló Bover. El libro, dividido en tres partes, estudia la prosa literaria en Mallorca desde los últimos decenios del siglo XIX hasta la tercera década del siglo XX.

Hem ordenat els articles en tres blocs. El primer reuneix dos treballs complementaris que tracen una visió panorámica de la novel·la rural i de la prosa literaria a Mallorca durant el lapse que va des dels darrers decennis del segle xix fins al tercer decenni del segle xx. El següent bloc forma el nucli central del volum amb cinc estudis sobre cinc dels narradors de l'época: Mossen Antoni M. Alcover, Miquel dels Sants Oliver, Coloma Rosselló i Miralles, Joan Rosselló de Son Forteza i Salvador Galmés. La majoria d'aquests treballs reprodueixen íntegrament articles ja publicats, tot i que han estat revisats i corregits amb motiu de la seva incorporació en aquest volum. Els capítols de la tercera secció del llibre son quatre treballs mes recents. Els dedicats a les Hojas del sábado de Miquel dels Sants Oliver i als inicis periodístics de Gabriel Alomar són els estudis introductoris als volums corresponents de les obres completes d'aquests dos autors. En canvi, els que parlen de la labor assagística de Josep Sureda Blanes i de Joaquim Verdaguer foren escrits per a dues conegudes revistes de carácter cultural.

Pere Rosselló Bover: La narrativa i la prosa a Mallorca a l'inici del segle XX (págs. 6 - 7)

libro
Pere Rosselló Bover: La narrativa i la prosa a Mallorca a l'inici del segle XX

La sección 11 se titula "Miquel dels Sants Oliver i la narrativa", capítulo que aparece íntegro, lo que no ocurre con el dedicado a las "Hojas del sábado". De cualquier manera, me parece que el capítulo sobre la narrativa de Miguel de los Santos Oliver es bastante exhaustivo. Yo he intentado acceder a los textos que va nombrando en la prensa antigua y, aunque he podido acceder a algunos poemas publicados en Museo Balear de Historia y Literatura, Ciencias y Artes de los años 1884 y 1885; o de La Roqueta, sólo lo he hecho a unos pocos textos.

Añado el enlace al libro (no completo) de Pere Rosselló Bover y lo catalogo en Biblioteca Virtual. Sospecho que, aparte de estos enlaces en estas entradas de la bitácora, una biblioteca virtual requeriría otras herramientas para poder gestionarla. No sé cómo debería hacerse, ya veré.

 
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