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Plano de la cueva del Drach (Mallorca) 1880

fabian | 01 Novembre, 2010 15:27

Sé que en estos días de noviembre varios países, entre ellos España, celebran la llamada "Semana de la Ciencia". No sé bien qué hacen, creo que unas conferencias y unas actividades tipo escolar. La idea - que temo que está aún muy lejos de ser realidad - es "aproximar a los ciudadanos la ciencia". Son meras palabras tipo eslogan que encierran más una supuesta intención que una realidad. Pero, bueno, como creo que en Mallorca esta semana de la ciencia es la actual, pues sirvan estas palabras como deseo de que algún día, utilizando las lenguas de los ciudadanos, sintamos en general los ciudadanos un mejor y mayor acercamiento a los temas científicos y a su historia.

Tengo hoy para poner en esta bitácora un mapa o plano de unas cuevas que encierran dos temas científicos relacionados con Mallorca. El título del documento es Plano de la Cueva del Drach : situada en el predio Son Moro (Manacor, Isla de Mallorca), propiedad del Sr. Dn. José Ygnacio Moragues y su fecha es de 1880. Su escala es de 1:500; desconozco su autor.

Plano
Plano de las cuevas del Drach (en la Biblioteca de Cataluña)

A mí me llama la atención, además de su complejidad, los nombres de las zonas o partes. Así, en la parte superior izquierda está la "Cueva Negra" y, en ella, el "Lago Negro", la "Cueva de los Salchichones", la "Columna de la Linterna" y la "Cascada de los Diamantes". En algunas zonas se utilizan nombres bíblicos como la "Cueva de Bethlem", la "Fuente de Jericó" o "Bajar al Purgatorio". En alguna ocasión hay nombres geográficos, así "Estrecho de Gibraltar" o "Covadonga". Es una lástima que la Biblioteca de Cataluña no haya acertado con el sistema de visualización, puesto que se hace lenta y cansina la carga del plano en fragmentos, perdiéndose un poco la continuidad.

Su recorrido [de Edouard A. Martel] por toda Europa hizo crecer su renombre internacional. Una fama que llevó al Archiduque Luis Salvador a invitarle para investigar las cavidades de Baleares. En septiembre de 1896 llegaba a las Cuevas del Drach, unas de las más famosas de Mallorca con cerca de 2.400 metros de longitud y una profundidad de 25 metros en su cota máxima.

El 9 de septiembre realizó su primera visita. Louis Armand, Fernando Moragues y el nieto del ayudante del Archiduque, Pedro Bonel de los Herreros, completaban la expedición. Hasta entonces se conocían tres cámaras: la Cueva Negra, la Cueva Blanca y la Cueva Luis Salvador. Al final de ésta tercera, un lugar llamado La Ventana donde empezaba lo desconocido. Frente a ella, un lago aún inexpugnado.

Con su equipo y dos barcos hinchables, Martel cruzó el lago hoy bautizado con su nombre. Una balsa de agua de 117 metros de largo, 30 de ancho y hasta 14 de fondo. Uno de los lagos subterráneos más grandes del mundo, ligeramente salado y con una temperatura de 17ºC. Del otro lado del lago, descubrió una nueva parte de la gruta, llamada Cueva de los Franceses en su honor.

Laura Jurado: El lago cavernícola de Martel (Baleópolis, elmundo.es, 19/10/2010)

El señor Martel, quien elevó la espeología a la calidad de ciencia, indica en Exploraciones subterráneas en Baleares y Cataluña, "Por el plano adjunto se verá cuál es la disposición de las tres parles de la caverna exploradas antes de 1896: cueva Negra, cueva Blanca y cueva de Luis Salvador El plano topográfico de estas tres ramas fué hecho y publicado en Palma (en escala de 1 : 1500) por el Sr. F. Will, de Munich, en 1880. Le he encontrado bastante exacto y no he tenido que rectificar más que algunos detalles, como indicaré más adelante, y salvar una omisión muy importante, cual es el no tener marcada la dirección del Norte; detalle éste de entidad que me ha sido preciso determinar para poder relacionarlo, tanto con el levantado por mí de las parles descubiertas, como con el plano de la superficie del terreno; operación que practiqué con la ayuda de una brújula de anteojo y niveles de agua (sic), siendo, para 1896, la declinación de la aguja imanada de 15° 17' 50" Oeste".(pág. 14)

Así que este Plano de las Cuevas puede ser el realizado por el Sr. F. Will de Munich en 1880.

Martel y sus compañeros describen tres lagos subterráneos, uno de los cuales lo descubren. "Si estos tres lagos están en comunicación, tanto entre si como con el lago Miramar, deberá ser por medio de sifones (puesto que el barómetro acusa que todos están al nivel del mar)". "El gran río hipotético figurado en el plano del Sr. Will, no existe" Y también indican que el agua de los lagos es salada, pero no es agua del mar.

grabado

El jueves. 10 de Septiembre, á las nueve de la mañana, dos esquifes de lona, uno de Osgood y otro de Berlhon, turbaban por vez primera el tranquilo espejo del lago de la Gran Duquesa. Los Sres. Bonel y Moragues, Armand y yo, tuvimos el placer de realizar el sueño imaginado por el Sr. Champsaur: «¡Con qué delicia el viajero bogaría sobre estas aguas transparentes en un barquito por entre tan delicadas cristalizaciones, ninguna emoción sería comparable á la suya; ningún recuerdo podría igualarse á éste; ningún paraje le encantaría después tanto como esta oculta maravilla envuelta en el silencio y la obscuridad de las profundidades terrestres!» [...]

No conozco mayor estanque subterráneo que este «Lago de Miramar» (nombre que le pusimos), prolongación meridional de la cueva del Archiduque Luis Salvador: su longitud, medida con el decámetro, es de 177 metros desde el pie de La Ventana hasta la extremidad del codo que forma hacia el Oeste; su amplitud media es de 50 metros, y la profundidad, que oscila entre 5 y 13 metros, alcanza sólo 9 metros en el punto más bajo; á través de su agua clara y salada, fenómeno que describiré después, se ven grandes losas amontonadas en desorden, procedentes de los estratos desprendidos de la bóveda, en la que se observan los huecos que dejaron al caer. El lecho tiene relativamente escasa altura sobre el nivel de las aguas (6 á 8 metros), permitiendo por esto apreciar de manera completa la hermosa perspectiva de millares (ó quizá millones) de finas estalactitas que penden de la bóveda, y que, llegando hasta tocar casi la superficie de las aguas, al reflejarse en ellas hacen que la embarcación parezca que boga por entre dos bosques de agujas de hielo. De cuando en cuando se ofrece á la vista una isla de carbonato de cal, cual si fuese un arrecife de blanco coral, y algunas de ellas, creciendo siempre menos á prisa que las madréporas, pero sí elevándose más, se han unido con las estalactitas del techo y formado gruesas columnas acanaladas, en las que ninguna luz antes que la nuestra había hecho brillar los cambiantes de sus facetas; los aspectos más variados se presentan á la vista: ya se asemejan los pilares á las gruesas columnatas de los templos indios, ya á capiteles egipcios, á pirámides de flores de loto, ya por su conjunto á grandes cortinones de delicado encaje.

D. E. A. Martel: "La Cueva del Drach" en Exploraciones subterráneas en Baleares y Cataluña, págs 15 - 16

Pero las Cuevas del Drach contienen también otra historia científica. De nuevo podemos encontrarla en las páginas de Baleópolis del diario elmundo.es:

monumento
Monumento a Emil Racovitza

«En aquella época los laboratorios oceanográficos de Europa estaban en contacto. El de Baleares invitó a Racovitza a hacer una visita a Mallorca en julio de 1904», explica el profesor asociado de Ciencias de la Tierra de la UIB y colaborador del Museo Balear de Ciencias Naturales, Ángel Ginés. Fue el propio Odón de Buen –responsable del laboratorio balear– quien llevó a Racovitza a las Cuevas del Drach en una de sus excursiones. La trayectoria del científico rumano era ya abrumadora: doctorado en Ciencias en París había participado en la expedición oceanográfica Bélgica al Antártico.

Desafiando las historias sobre los dragones y lo desconocido, se adentró en las cuevas en compañía de Fernando Moragues, hijo del propietario del lugar. «Por su experiencia como biólogo marino le interesaban fundamentalmente los lagos, y lo primero que se le ocurrió fue poner trampas en las que picaron algunos crustáceos», afirma Ginés. Se trataba del primer animal encontrado en una cueva. Una nueva especie a la que Racovitza bautizó como Typhlocirolana moraguesi, en honor a su colaborador.

«Aquel hallazgo fue tan importante que cambió radicalmente su carrera. Dejó a un lado la oceanografía y se centró en el estudio de las cuevas», afirma el profesor. La publicación de su obra Essai sûr les problèmes bioespéleologiques en 1907 sentó las bases de la bioespeleología moderna.

Laura Jurado: El primer viaje a la cueva del dragón ciego y transparente (Baleópolis, elmundo.es, 13/04/2009)

Otra Semana de la Ciencia. En las islas hay historias relacionadas con las ciencias. Elena Soto y Laura Jurado, cada martes nos cuentan alguna en las páginas de Baleópolis, pero bien iría que las instituciones de las islas, siempre en las lenguas de los ciudadanos, nos invitaran - no sólo a los escolares - a conocer más el mundo de las ciencias.

 
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