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Fumar entre las nubes

fabian | 13 Gener, 2010 17:40

No por mi voluntad ha quedado (y posiblemente quedará) esta bitácora sin actualizar durante unos pocos días. Quizás nuestra voluntad nos pertenezca pese a que yo lo dude cada día más. No ha sido el frío, aunque haya nevado en las montañas en estos días. En las islas la palabra frío remite más que a la medición numérica de la temperatura, a una sensación húmeda que se siente en los huesos que no en la piel. No ha sido el frío ni tampoco la falta de tiempo, cuya medición en horas dejaba transcurrir lentamente escuchando música. El motivo que puedo aducir como excusa podría mal llamarse pereza, aunque sería más propio utilizar expresiones como "no estar en situ", no tener los hados a favor; pero también son válidas expresiones como "no tener nada que decir" o "no tener ideas", claro que dichas sin haber sacado el papel del cajón - que no sé cómo se podría traducir al tema del ordenador -. Bueno, el silencio es también un tiempo valioso que conviene utilizar y revindicar.

Casa Chacón

Por las mañanas una obligación familiar me dirigía al hospital de Son Dureta - mañana y en próximos días he de volver - para acompañar a un familiar (tío) ingresado. Salíamos ambos al inhóspito exterior para fumar unos cigarrillos acompañados de otros enfermos, algunos sólo arropados con la liviana camisa del hospital y portando, además del tabaco, los sueros inyectados. Mi tío se quejaba de que los cigarrillos los consumía más el gélido viento que no él y, nada más cruzar la puerta exterior del hospital realizaba unas inspiraciones profundas y farfullaba unas palabras sobre la libertad. Tres noches se escapó del hospital al que regresaba tras fumar unos cigarrillos y tomarse plácidamente un café con leche en alguna cafetería cercana. El atuendo - el camisón del hospital - lo delataba. Su mal, un tumor cerebral muy desarrollado, es indoloro. La última vez que se escapó, el camarero del bar llamó a la policía. Desde entonces, en el hospital lo ataban pese a reclamar él no sé qué acuerdo referente a los derechos de los prisioneros de guerra, desconocidos por enfermeros y demás personal del hospital.

Así que estos días, entre el humo de los cigarrillos observábamos las grises nubes y, al levantarse las brumas, las montañas nevadas de la sierra cercana mientras el viento frío nos renovaba la vida y la voluntad de enfrentarse a las contrariedades, pese a que, al regresar, el cálido aire de la calefacción del hospital nos tornaba a la realidad de la vida aburguesada y falta de aventura.

Algo entristecido por la situación actual, y también obligado por el apagón analógico, por la tarde instalaba el decodificador de la TDT y, lo que no hacía desde años, encendía el televisor, veía cómo funcionaba la cosa y, a los pocos minutos y aún más entristecido, lo apagaba y me recluía en el silencio.

 
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